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martes, 8 de febrero de 2022

Crêpes como canelones


   Es un poco complicado poner título a esta entrada para que nos entendamos bien al buscarla -y encontrarla-. Es una receta de casa que había olvidado. Quizás la hacía una de mis tías de Madrid. Grandes cocineras todas ellas y ferrolanas de origen. Yo misma, con el tema de los panes ácimos, llevaba sin hacer crêpes normales mucho tiempo. Os digo que es mucho más sencillo esto que amasar, estirar,... Y, acordándome, me puse a ello. 

   ¿Cómo hacemos los crêpes? sí, ya sé que en francés son en femenino pero qué queréis que os diga, yo en español los nombro así. Para hacer la masa necesitamos:


Un huevo

Una taza de harina

Una taza de leche

Una cucharada de aceite

Sal


   Esto es facilísimo. Batimos con la batidora de mano. El otro día oí llamarla batidora de inmersión. Me quedé pampa. Una vez batido, si lo encontramos muy espeso, añadimos un poco de agua, un chorrito y removemos. Pueden ser más o menos finos, acordaos de los freixós y las filloas, pero no es necesario que sean taaaan finos si ello nos complica la existencia. Quiero decir con esto que si no son tan finos les podremos dar la vuelta con una espumadera, en vez de utilizar los dedos, y que serán más fáciles de manejar. Sin agobios.



   Se deja reposar la masa un ratito y se hacen los crêpes en una sartén ligeramente engrasada por los dos lados. Fuego medio-alto. Según sean los huevos -el huevo- quedarán más o menos bonitos y amarillos. 

   Se pueden hacer varios rellenos. El primero que hice yo fue un pisto con: 

Una cebolla

Un pimiento de freír

Un tomate pelado

Un calabacín

Romero y tomillo, 

Una hoja de laurel

Procedemos como con cualquier pisto, doramos las hortalizas y espolvoreamos con una pizca de finas hierbas para darle un toque Ratatouille... Una vez listo el pisto, añadimos dos latitas de bonito o una, si es grande. Me refiero a grandecita. Es un relleno muy rico para cualquier cosa: empanadillas, lasagna,... Ya hemos hecho cosas muy parecidas. 

   Vamos rellenando los crêpes con una cucharada de la mezcla y los colocamos en una fuente de horno ligeramente engrasada. Con esta cantidad salen unos 10 o 12. 



   Hacemos un poco de béchamel. No hace falta que estén muy cubiertos porque son muy ricos y si se doran se ponen ligeramente crujientes. Yo pongo a dorar una cucharada de harina en aceite de oliva. Después añado la leche, puede ser un vaso pero lo hago totalmente a ojímetro. Salpimentamos, ponemos una pizca de nuez moscada y dejamos hervir y espesar a fuego suave unos 10-12 minutos. ¡Cómo agradezco haber aprendido mecanografía en mi juventud! Seguimos... Cubrimos los crêpes  -les crêpes- espolvoreamos con queso rallado y llevamos al horno hasta que se doren. Quedan riquísimos, no es por nada.



   Hoy mismo los repetí con algunas variaciones. En primer lugar, la béchamel llevaba espinacas. Cuando casi está lista, incorporo dos o tres medallones de espinacas congeladas. Las compro en Mercadona y ya vienen listas. Quiero decir que son espinacas picaditas. 



   Mirad que aspecto tan rico. Como os dije, los crêpes se doran donde no ha llegado la béchamel y quedan muy agradables. Delicados.



 

   El relleno de hoy, carne picada y carne de cocido... Restos que había en mi nevera de cocinera tacaña. Las hortalizas, en este caso eran: cebolla, pimiento y berenjena. Un poco distinto, sin llegar a querer ser pisto. En este caso era queso en polvo que, definitivamente, me gusta mucho menos. Pero estaba también muy rico el conjunto. 

   Os cuento las dos opciones porque es lo clásico que, si dejo los segundos para otro día, pasarán seguramente al baúl de los recuerdos y, ¿qué queréis que os diga? Me gusta contaros cosas que os puedan agradar, ser útiles, ser económicas. Es mi vida así y la comparto sin rubor. Hay que saber aprovechar al máximo, dándose el caso de que nos encontramos con platos sabrosos, caseros y sanos, dentro que lo que puedan engordar, eso ya es aparte... ¡Qué desgracia!

   Este es pues el sentido de este blog, ayudar con ideas y explicaciones en la ardua tarea de alimentar a la familia. A mí es lo que más me gusta de las tareas de casa. Supongo que se nota. Si se varía, cocinar puede ser muy entretenido y un reto diario. 

   Y este blog mío, que no va mal, va más lento que antes cuando le dedicaba tantísimas horas. Pienso que gran parte del trabajo ya está hecho y está bien poder llevarlo con más calma y relajo. Me gusta pero no me agobio. Pocas veces hay comentarios, así que no me siento obligada a estar demasiado pendiente de él, salvo cuando publico. Sí, son muchas visitas pero son también muchos años. Nueve años de blog va a hacer estos días y tengo que reconocer que a mí misma me parecen muchos. Muchísimos. 

   Entre los países que más me visitan, mirando los últimos seis meses, que hay otras opciones, están España, Estados Unidos, Irlanda, Alemania, Japón, Argentina,... Y tantos otros que me llevan siguiendo muchos años con fidelidad. Os doy las gracias de todo corazón. Por aquí seguiré mientras pueda. Tengo varias recetas pendientes de subir y espero ir haciéndolo poco a poco. Gracias por vuestra paciencia y cariño. Esta es una de las aventuras de mi vida que ha salido realmente bien y me hace sentir feliz. Bicos.

martes, 25 de enero de 2022

Tortilla con béchamel


   Os había adelantado que os iba a contar esta receta. De contar es poco. En casa de mis padres se cubrían las tortillas de pisos con béchamel y jamoncito, como veis arriba. ¿Qué pasó entonces? Pues una tontada, que en casa, a los míos, no les gustan mucho las tortillas de pisos -conste que andan por el blog-. Prefieren una tortilla normal o una paisana. 

   A mí hacer la béchamel, está mal decirlo, lo sé, se me da bastante bien, muy bien. Me sale rica y no me lleva mucho tiempo. Entonces, me apetecía lo de la tortilla con béchamel. Se me ocurrió un buen día cubrir la tortilla paisana con la susodicha salsa para probar a ver qué tal. El qué tal fue fenomenal. Nos chifló a todos. Simplemente vamos a hacer una tortilla paisana o de patatas, o de patatas con cebolla,... Y preparamos una béchamel ligera con un chorrete de aceite, una cucharadita de harina y un vaso de leche. La cantidad de leche puede variar un poco. 

   Bueno, doramos la harina a fuego medio, añadimos la leche sin dejar de remover, yo lo hago fuera del fuego, volvemos al fuego y dejamos que espese añadiendo más o menos leche -de ese vaso aproximado- según no parezca que nos guste. Espesa pero de cobertura. Una vez listas ambas cosas, cubrimos la tortilla paisana con la béchamel y espolvoreamos con daditos de jamón. Se podrían poner daditos de chorizo, que también los venden en los supermercados y son cómodos de utilizar. O los cortamos. Yo con chorizo no he probado pero pienso que puede estar también muy rico.



   Como la tortilla la expliqué hace poco, tortilla paisana, pienso que no hace falta que la cuente otra vez. Es de lo más sencilla de hacer y yo aconsejo que las patatas tengan más protagonismo que el resto de las hortalizas para que quede bien rica. Esto es mi gusto personal, claro está. Ya veis en la siguiente foto la pinta tan rica que tiene. Queda bonita la presentación para, por ejemplo, un buffet informal, y os aseguro que está deliciosa. Es una combinación que no falla, no puede fallar.



   No dejéis de probarla, creo que os encantará. Para despedirme os dejo esta foto de la bellísima playa de Doniños este domingo. Tenemos un tiempo soleado y muy fresquito pero los días no pueden ser más bonitos. Comimos allí en familia y era un paraíso. 



 

   Nos vemos pronto por aquí. Gracias por leerme a todos. Ánimo que ya va quedando menos invierno. A ver si todo se va enderazando poco a poco. Bicos.

martes, 11 de enero de 2022

Navidad 2021-2022


   Aquí estamos... De verdad que ha sido una Navidad tan intensa que pensé que no iba a volver a escribir más en el blog. ¡Qué disparate! No os voy a decir que no lo haya pasado bien, que sí, pero me he sentido cansada, llena, ahíta,... No cabe duda de que los años pasan. 

   Os voy a contar un poco, por encima, cómo pasamos nuestras fiestas cocineriles. La Nochebuena fue homérica y al día siguiente, Navidad, no quisimos más que consomé, vieiras y gambones. Teníamos unas carnes que dejamos para otros días. 



      Puse la mesa sencilla, sin mucho ánimo de complicarme, y eso fue lo que tomamos. El consomé lo hizo Johnny y quedó riquísimo. Las vieiras creo que estaban espectaculares, seguramente mérito de ellas. Es verdad que eran frescas y que utilicé un vino de Albariño delicioso. Esta vez no doré el jamón, lo añadí directamente sobre la vieira, con sofrito de cebollita, pan rallado y vino, con un poquito de perejil fresco, un hilo de aceite de oliva y unas escamas de sal. Unos minutos de horno y nos chiflaron. Los gambones también estaban buenísimos. Son cosas que es raro que fallen. 



   Un primer plano de las vieiras que, ya digo, nos encantaron.



   Por en medio de estas cosas, mis hijos me pidieron algún bizcocho. Eran de yogur aromatizados con ralladura de limón, cubiertos de pepitas de chocolate y almendras,... Esas cosas que ya sabéis que hago y me gusta hacer. 



   Una novedad de este año fue que preparamos el consomé con pechugas de pollo. Al no haber huesos casi, fue muy limpio todo. Y, por supuesto, no pudo faltar el pastel de pollo estilo moruno, que ahora no estoy segura si fue el día 26 o el 27. Estaba riquísimo pero yo creo que llevaba pollo de más. Siempre pasan estas cosas.



   Aquí lo veis por dentro. Que yo pienso que con menos relleno está mejor pero así quedó.



   Todavía me quedaban carnes del caldo y preparé unas croquetas. No me gusta que se vayan de vuelta sin haber tomado croquetas caseras. Ya veis qué rico el punto de la béchamel, aunque a mí estas croquetas de carne cocida no son las que más me gustan,... me siguen gustando. Croquetera number one.



   Una novedad, no novedad, fue que me acordé del pastel de brie con masa de pan y lo preparé varias veces. Quedó muy rico y es tan fácil de hacer como cualquier otra cosa que lleve masa casera. Yo pensaba: ¿Por qué me había olvidado de esto? Con lo queseros que somos. También tomamos ensalada de ahumados en varias ocasiones.




   Llegó Año Nuevo y, otra vez, un poco empachados del Año Viejo. Bueno, pues Johnny preparó el salpicón, que se me desmoronó un poco al presentarlo, y quedó exquisito. Otra vez tomamos vieiras y, por fin, la pularda de Navidad, que fue pularda de Año Nuevo. Para que pudiéramos tomarla todos. Yo creo que quedó muy bien pero, después de los dos entrantes, me encontré sin apetito. Me he dado cuenta de que ya no puedo cenar y comer tanto dos días seguidos. Lo que os decía de la edad. Abuelísima.



   De la pularda no tengo foto mejor, aquí está ella con su guarnición, que es casi más rica. Era muy grande y, pienso, que no hace falta tan grande. La receta es la de siempre estos últimos años.



   Y volví a repetir el brie con una tortilla con béchamel que os tengo que contar porque fue la novedad que se me ocurrió últimamente y nos ha chiflado a todos. Por si la tortilla no fuese bastante suculenta. Queda deliciosa. 



   En la foto de la ración se percibe que era paisana. La voy a subir un día porque, aunque bien se ve lo que es, puede que alguien se despiste. Además, la presentación queda muy vistosa con el jamoncito. 



   Y llegamos al final. La culminación de estas fiestas es hacer un roscon de Reyes. Pues este año no lo hice el día 6, sino el domingo. Pasé un día de Epifanía descansado y magnífico. Soy muy afortunada. Pero el domingo, me dio pena no haberlo hecho y preparé la masa después del desayuno. Todo lo que lleva el roscón es fácil y suelo tenerlo así que sólo fue decidirlo. No es porque lo hiciera yo pero quedó muy rico, tierno, aromático y no demasiado dulce. Le puse menos azúcar de lo normal. Es lo bueno de cocinar en casa. Haces lo que quieres y te da la gana.



 

   Aunque la foto está borrosa, me estoy especializando en este tipo de fotos, veis que la miga quedó muy bien. Si me quedará siempre así me daba con un canto en los dientes. Bueno, no. Quiero decir que fue de las veces que el roscón se portó de maravilla en todos los aspectos. Y lo hice de memoria. 

   Hasta aquí llego con este resumen de una Navidad que tuvo muchos momentos de incertidumbre, de tests, de ausencias, de encuentros. Yo creo que fue buena, aunque no como aquellas de antes. Sólo puedo deciros que espero que las cosas vuelvan a ser como fueron y que yo, de momento, no me puedo quejar de lo mío. Doy gracias a Dios por tantas bendiciones. Os mando un saludo cariñoso con los deseos de un 2022 muy dichoso. Bicos.

lunes, 13 de diciembre de 2021

Puré de nabos


   Ya era hora de volver por estos lares... Me ha pasado un poco de todo, incluidos dos resfriados, y me ha costado volver a hacer alguna receta que pudiera considerarse novedosa para subirla al blog. Así estamos... 

   Yo ya pensaba: esto del blog se me va a pasar... Entonces, mi marido compró una bandeja de nabos. Casualidad llaman los bobos al destino. Yo lo nabos los cocino poco. Son de esas cosas que ni te acuerdas. Bueno, pues se me ocurrió hacer un puré y nos encantó. Con esto de puré, quiero decir que es de diario, sin adornos, ni nata, ni queso,... Os voy a contar primero qué necesitamos:

Una cebolla grande

Dos nabos

Dos patatas

Aceite y sal

Un litro de caldo de verduras o de pollo

   ¿Y el tamaño de los nabos y las patatas? Entre medianos y grandes está bien. Quiero decir con esto que no los pesé. Comenzamos como siempre. Pelamos la cebolla, la cortamos al gusto y la ponemos a dorar en aceite a fuego medio. Lo mismo con los nabos, todo junto. Salamos y dejamos que se sofrían sin cambiar de color. Queremos un puré blanco. Va oliendo muy bien, entonces, pelamos y cortamos las patatas, las incorporamos y damos unas vueltas. La impresión ya es rica. 

   Lo siguiente, os imagináis, es añadir el caldo. Podría ser de brick ¿ladrillo? O incluso un litro de agua y una pastilla de caldo vegetal si estamos apurados. En cualquier caso, dejamos hervir a fuego suave unos 12 minutos. Retiramos y batimos con la batidora de mano hasta que esté perfectamente homogéneo. La de vaso me gusta menos, en este caso porque el almidón de la patata hace que quede un poco... Me gusta menos.

   Podríamos poner un poco de nata. Creo que sí. Hace años que desterré la nata de mis cremas y purés pero podría ser. En todo caso, también podríamos añadir unos quesitos ligeros y no pecaríamos de calorías... Porque a todo esto, sigo intentando comer ligero. Es mi vida así.

   Yo he adornado y aderezado el puré con un hilo de aceite de guindilla y laurel y me ha encantado. Estas cosas siempre son un poco al gusto de cada cual. 



   Y aquí veis el segundo plato. Un pudin de merluza, lo habéis visto en el blog muchas veces, que me gusta hacer por rico, fácil y barato. La verdad, me sale estupendo. No tengo abuelas. 

   ¿Y qué decir del nabo? He buscado en Internet sus propiedades y no son pocas: Su nombre científico es brassica napus. Es poco calórico, tiene vitamina C, acido fólico, betacarotenos, Calcio, antioxidantes, fibra,... Y también aporta glucosinolatos, unos compuestos de actividad antitumoral. Me parece impresionante.

   Los nabos son un alimento muy antiguo que fueron desplazados por las patatas cuando estas llegaron de América en el siglo XVIII. Sin embargo aportan muchas más vitaminas y minerales. Aquí me estoy refiriendo a la raíz pero su hojas son las nabizas o grelos. Grelar en gallego es florecer. 

   Pues ya veis que alimento tan interesante. También se pueden tomar crudos en ensalada; habrá que probarlos. Tiene que gustar el sabor, a mí sí me gusta y este puré está, de verdad, muy rico.  Yo suelo utilizarlos para hacer un revuelto que pongo con el cordero asado y para ciertos guisos intensos, como por ejemplo el rabo de ternera. Está en el blog y lo hago con cebolla y zanahoria en cuadraditos, sal y pimienta, finas hierbas y... más nada. En la foto siguiente en la esquinita de arriba, no tengo ahora otra foto mejor. De verdad que es muy rico. Viene como Sartén de cebolla, nabo y zanahoria. Y el guiso: Un trasatlántico, un rabo de ternera estofado y otras cosas. Por si a alguno le interesa mirarlas.



   Y entre estas cosas y comer ligero ha habido un cocido delicioso que preparó Johnny para los hijos. Quedó espectacular.



   A mí me pidieron una lasagna de carne y, por fin, me dejé llevar y la preparé. ¡Qué pereza me daba! Me ayudó mi hijo mayor y fue coser y cantar,... guisar y comer.



   También les hice a los fillos alguna pizza. Con masa integral para sentirme menos culpable. 



 

   Y así van las cosas, esperando la Navidad con ilusión,  aprendiendo nuevas cosas, que siempre vienen bien, y procurando hacer un poco de ejercicio. No queda mucho por decir. Ya estamos preparando la casa para las fiestas, cambiando muebles de sitio para que quepan el Belén y el árbol... y los invitados. Es una época del año preciosa, sobre todo ahora que tenemos nietos. Ánimo con todo, es cansado pero se puede. Besos y abrazos.


martes, 9 de noviembre de 2021

Pollo con brécol estilo oriental


   Aquí estamos... Con una receta sana y ligera. Es lo que toca estos días. Esta forma de hacer el pollo nos gusta mucho a todos y es sencillísima. Necesitamos:

Una bandeja de solomillos de pollo

Una cebolla

Una zanahoria

Un pimiento

Salsa de soja

Una cucharadita de maizena y unos 75-100 ml de agua

Una bolsa de brécol de las que se hacen en el micro




   El modus operandi es bien sencillo. Cortamos los solomillitos de pollo en trozos. Pelamos las hortalizas y las cortamos estilo chino, en tiras, o normal y corriente. En una sartén o tartera mediana vamos salteando el pollo en aceite hasta que empieza a dorarse, añadimos las hortalizas y dejamos hacer unos minutos, hasta que estas también se van medio haciendo. Incorporamos salsa de soja al gusto y dejamos hacer un poco más. Para salsear, diluimos una cucharadita de maizena en una media taza de té de agua, esto es un poco al gusto, según queráis. En cuanto ponemos la mezcla de agua y maizena, empieza a espesar la salsita, bajamos el fuego y dejamos unos minutos. Probamos por si queremos añadir sal. Recordad que la salsa de soja es salada. Si os gusta que pique, podéis añadir una guindilla. Yo, en esta ocasión no lo he hecho. 

   La bolsa de brécol la cocinamos en el microondas, según las instrucciones y la ponemos con el resto del revuelto unos minutos. Simplemente así, ya está riquísimo. Tiene que gustar el brécol, claro.



   Y ya tenemos este plato, bastante sano y ligero, al que hemos añadido unos fideos de arroz cocidos para llenar un poco más a "los delgados". De todas maneras, no son muchos fideos. También estaría muy rico con un arroz jazmín o, siendo más locos, con unas patatas fritas. Esto según quien lo vaya a tomar. 

   Os digo que en casa hemos descubierto que nos encanta el brécol o brócoli y, en estas bolsas de micro, se prepara en unos minutos sin manchar nada. Algunas veces lo preparo simplemente, una vez cocido, añadiéndole un hilo de aceite de oliva, sal y pimienta y me chifla. Es que queda poco cocinado, ligeramente "al dente". 

   En cuanto a estos fideos de arroz, tienen el inconveniente de que tienden a pegarse pero son muy ricos y ligeros. Si no, tallarines de toda la vida de harina de trigo duro.




   Y en este día día de evitar los platos demasiado contundentes, hay un poco de todo. Hamburguesa de ternera con guarnición de manzana y ensalada de tomates...



   Los famosos callos veganos que alternan a las sempiternas lentejas alguna que otra semana y entran muy bien...



   O alguna carne dorada, como este pavo al romero, que está muy rico, con una ensalada de pepino, yogur y hierbabuena. El aspecto de la ensalada es muy feo porque se me ocurrió hacerla con yogur desnatado. Yo creo que no vale la pena. Es aguachirle.



 

   También hay lugar para cosas ricas. Especialmente los fines de semana preparo cosas más apetecibles como este salmón marinado... o unas vieiras o algún marisco cocido que se puede tomar para alegrarse un poco. 

   Esto contado un poco así por encima. Las dietas lo que tienen es que aburren y producen hambre. De eso se trata, de que las calorías sean menos. 

   Hace tiempo que no os hablo de libros, que sigo leyendo. Últimamente he leído Norte y Sur, el de la serie de la Guerra de Secesión. El autor es John Jakes y, la verdad, es muy entretenido. Lo he terminado pero es una trilogía y me quedan otros dos. Me va a dar para mucho. Ahora mismo estoy leyendo Ángeles Asesinos de Michael Shaara, sobre la batalla de Gettysburg y me parece que me va a gustar. Había visto la película Dioses y Generales y me encantó. Yo soy mucho de este tema. Ya sabéis, cada loco...

   No sé si me queda algo más que contaros. Las vidas van cambiando y el tiempo pasa a gran velocidad a partir de cierta edad. De pronto te asombras de ser abuela, de que te duelan las rodillas o de que incluso tus gustos cambien en ciertas cosas que creías imposibles. Es lo bonito de vivir: siempre sorprende.  

   Nos vemos por aquí en unos días. Perdonad que algunas veces tarde en sentarme a escribir. Es que me parece que ya os lo he contado todo. Bicos.

martes, 19 de octubre de 2021

Ensalada de lombarda y zanahoria


   Esta es una ensalada que hago de vez en cuando, si me acuerdo, y en casa nos gusta bastante. Esta bien para una comida tipo alemán pero también combina con otros platos perfectamente. Es muy fácil de hacer ya que viene siendo como la de zanahoria, queso y manzana, añadiendo lombarda al gusto cortada en juliana.



   Aquí tendríamos la base, rallada con el "helicóptero", que decía Carmen. Una manzana, dos zanahorias y un buen trozo de queso emmental -u otro que sea sabroso-.  Esto así, ya aliñado, es riquísimo. Es muy de casa y me encanta. Pero algunas veces compro una lombarda chiquita y la añado. Puede ser que ponga media lombarda y, en ese caso, envuelvo lo que queda en filme de cocina y la reservo para otro día y otra ensalada, que puede ser la misma. La lombarda la corto con cuchillo sobre una tabla procurando que quede finita.



   Aliñamos con aceite, vinagre y sal al gusto. Podría ser vinagre de manzana pero no es necesario complicarse. Un aliño de toda la vida. Removemos como locos y ya tenemos nuestra ensalada que es riquísima y tiene el don de aguantar muy bien en la nevera. Se puede tomar de un día para otro perfectamente. 



 

   Me encanta con este tipo de menús, al que podemos añadir unas buenas salchichas... Pero también la pongo a veces con el pudin de pescado, que ya sabéis que hago bastante por socorrido y fácil. Pena que no tengo foto pero juraría que hay una en mi Instagram. En la imagen podéis ver que también pusimos cerveza negra, quizás de Lidl. 

   Aquí queda esta receta sencilla. Yo estoy procurando comer ligero, ligeramente harta. Tengo todavía pendiente la excursión a Salamanca por contaros. Por el momento sí que voy a estar en Ferrol sin más viajes. Un otoño tranquilo con algunos días preciosos. Nos vemos por aquí en unos días. Bicos.

miércoles, 6 de octubre de 2021

Excursión a La Puebla de Sanabria




      Me quedan varias cosas por contar de mi maravilloso fin de verano. Hoy os voy a hablar de la excursión a Sanabria y me temo que dejaré para otro día otras visitas que hicimos para no saturaros. Yo misma encuentro difícil contarlo todo. Esta excursión de principios de septiembre tuvo lugar un sábado. Mucho me había hablado mi anfitrión de la belleza de la villa pero me sorprendió desde el principio. Al llegar te encuentras con una pequeña ciudad amurallada, con su castillo y sus iglesias antiguas. Ya esta primera vista me dejó boquiabierta. 



   Una vez dentro del recinto, te sorprenden estas callejuelas de hermosas casas de piedra adornadas con abundantes flores. Es una zona de Zamora muy cercana a Galicia, la esquinita. Los tejados, como en el Bierzo, son de pizarra. No me digáis que no es precioso.


 

  Es verdad que puede resultar un poco turístico, como sucede a todos estos pueblos tan bonitos, hay tiendas de recuerdos,... pero es precioso como están adornadas las fachadas de las casas que son de cantería y con grandes aleros. 

 


   En lo alto del pueblo están la Iglesia de Santa María del Azogue y la Ermita de San Cayetano. Tuvimos la suerte de poder visitar las dos. Como casi todas las iglesias, hay una mezcla de estilos pero son preciosas. Arriba está también el castillo, que fue de los Condes de Benavente. Está restaurado y se puede visitar. Tiene una torre central, el macho, y también se puede subir al paseo de ronda y a las torres. En la foto siguiente podéis ver el río Tera y la parte del pueblo que está "allende", como decían en Miranda de Ebro. 



   Mi anfitrión quiso llevarme a comer rico y nos recomendaron el Mesón Abelardo. Allí comimos de maravilla en el Balcón del Tera. Era un día precioso, con una temperatura estupenda. No podéis imaginaros lo bien que estuvo. 



   El pulpo a la sanabresa queríamos probarlo sí o sí. Es algo parecido al nuestro pero lleva ajo crudo picado por encima. Estaba en su punto de sabor y ternura. Espectacular.



   Yo quería probar los callos, dudábamos... Y entonces nos dijeron que llevaban patatas fritas. Eso nos dio tanta curiosidad que nos decidimos. Qué cosa más rica. Tiernísimos, de esas cosas que te quedas feliz. Si sois de callos... Hay que tomarlos. Yo sí soy.



   Y, ¿cómo no?, teníamos que catar la ternera sanabresa. Un chuletón de morirte. Lo compartimos todo y lamentamos no tener estómago para probar las famosas albóndigas o los habones de Sanabria. No importa, así tenemos excusa para volver. Os digo que la comida fue perfecta, redonda. Hay que ir.



   Nos quedaba conocer el Lago de Sanabria, que está a unos veinte minutos en coche. Yo siempre he querido ir al lago Tahoe,... Pues esto ha sido un poco así. Es mucho más grande de lo que yo había imaginado, de aguas azules, rodeado de montañas y con pececillos que se acercan a la orilla cuando te metes en sus aguas cristalinas. Qué tarde tan bonita. Deciros que es un lago de origen glaciar y que está a unos mil metros sobre el nivel del mar. En el lago desemboca el río Tera y es un parque natural. Tiene varias playas, no muy grandes y se pueden alquilar embarcaciones. En la foto siguiente se vislumbran las playas que ese día estaban muy animadas.



   Hay también la posibilidad de hacer senderismo en un paraje que, desde luego, es realmente bello. No vimos todo lo que había pero fue suficiente, teniendo en cuenta la comida previa.



      De vuelta paramos a ver la Capilla Sixtina sanabresa. Es curioso esto de las capillas sixtinas. En Otero de Sanabria podemos ver la Iglesia de Santo Tomás apóstol. El techo es una maravilla del siglo XVIII. A mí me entusiasmó el retablo renacentista con imágenes de la vida de Jesús. Me pareció precioso y original en sus detalles. La iglesia tiene mezcla de estilos pues es un templo románico, levantado sobre uno visigótico que ha ido cambiando a lo largo de los siglos. 



   Para terminar el día, ya cerca de Zamora, paramos en el Monasterio de Santa María de Moreruela. Actualmente en ruinas. 



   Perteneció a la Orden Cisterciense. Tuvo su momento de esplendor en el siglo XIII y en el XIX sufrió una desamortización que lo llevó al estado en que se encuentra. Es de esa preciosa piedra que encontramos en Zamora, con todos cálidos y rojizos. El estado es lamentable. Inexplicable que se pueda perder tanta belleza. Fue declarado monumento histórico-artístico en 1931.



   En esta última foto podéis ver el aspecto de la cabecera. Románico del siglo XII. Tuvo que ser una iglesia magnífica. Vale la pena parar un ratito para ver el conjunto.



 

   Pues este es el resumen de mi visita a las tierras sanabresas. Una sorpresa grata pues no podía imaginar que me esperara tanta grandeza. Quedan cosas por contar... Voy poco a poco porque esto del ordenador me va dando cada día más pereza. El otoño ha llegado, los días se acortan y ello siempre me causa cierta melancolía... ¡Qué le vamos a hacer! es el ciclo de la vida y hay que asumirlo. Espero que os gusten estas entradas viajeras. Viajar es un poco como leer, se aprende mucho. 

   Yo estoy agradecida por haber podido disfrutar tanto, aunque no soy demasiado viajera de manera de ser, después traigo recuerdos entrañables y ya estoy pensando en volver a Zamora en primavera. A ver si os subo alguna receta porque estoy cocinando un poco lo de siempre. Gracias por leerme. Bicos.