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martes, 13 de octubre de 2026

Córdoba y Granada


   Mucho tiempo sin publicar y, una vez más, echo la culpa a la dificultad para subir las fotos. Pero no quiero dejar de contaros, aunque sea de manera muy resumida, el precioso viaje que hemos hecho con mi hijo mayor a Córdoba y a Granada. Yo en Granada había estado hace casi cuarenta años, cosas que pasan cuando tienes sesenta, y me apetecía mucho volver. En cuanto a Córdoba, os podéis imaginar que estaba loca por conocer la Mezquita-catedral y, por fin, ese sueño se ha hecho realidad. 

   No voy a poner muchas fotos, por razones de paciencia... En la primera, podéis ver el interior de la Mezquita, soy yo con mi hijo menor, que se apuntó a pasar un día con nosotros. Otra alegría. La Mezquita, ese bosque umbroso de columnas, nos dejó maravillados. La Catedral gótica en el centro, es un punto de luz que me parece, además muy simbólico. Sin duda es un lugar de España que merece la pena conocer. Pudimos oír misa el domingo en la Capilla del Santísimo. Fue un momento emocionante.



   Hay varias figuras constantes en la ciudad que aparecen con frecuencia. Una es Manolete, torero cordobés  admirado y de trágico final. Otra es Fernando III el Santo, conquistador de la ciudad. Pudimos visitar algunas de las llamadas iglesias fernandinas. Pudimos visitar: Santa Marina de Aguas Santas, San Agustín, San Lorenzo, y la Basílica del Juramento de San Rafael, protector de la ciudad. Es una iglesia que me llegó al corazón. El Arcángel está presente en muchas calles de la ciudad, no podía ser de otra manera. 


   Visitamos la Sinagoga, muy curiosa. No es muy grande pero es un edificio muy bonito de la judería, con su patio y sus yeserías.



   Frente a la Mezquita está el bar Santos. Allí probamos la famosísima tortilla. Fuera de polémicas sobre el punto de cocción, teniendo en cuenta que somos gallegos, la tortilla, de ocho kilos de patatas y treinta huevos, nos gustó mucho, y más aún la simpatía del personal que nos atendió y nos permitió hacer esta foto. Quedan sitios por nombrar donde comimos de maravilla, a destacar la taberna San Miguel, también conocida como Casa el Pisto. La mazamorra me entusiasmó, y la comida en su conjunto. También destacaría el restaurante de la Sociedad de Plateros, cerca de San Lorenzo, un lugar muy auténtico y donde comimos unas carrilleras excelentes.


    El domingo, tras visitar la Mezquita-Catedral, nos acercamos a los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos. Es un vergel maravilloso, con numerosas fuentes y todo tipo de flores y arbolado, una visita que aconsejo especialmente.


Queda mucho por contar acerca de Córdoba, os dejo esta última instantánea del templo romano, pues conviene no olvidar que antes de ser cristiana y musulmana, la ciudad fue también parte del Imperio.


El siguiente punto de nuestro viaje fue la ciudad de Granada. No voy a subir muchas fotos pero queda este maravilloso recuerdo del patio de los Leones en los palacios nazaríes de la Alhambra.



Aquí os dejo una visión del interior del palacio de Carlos V, una maravilla del Renacimiento que no llegó a ser terminado, pero no deja de ser asombroso.


Y para terminar, dos vistas de los jardines del Generalife. La belleza del lugar era algo que recordaba vivamente. ¿Quién no querría vivir en un sitio así?


Habría mucho más que contar de esta bella ciudad, como sus preciosas plazas, las magníficas iglesias renacentistas y barrocas, la portentosa Catedral, la inolvidable Capilla Real, que te deja sin palabras... Sin olvidar la parroquia del Sagrario, la Cartuja, San Juan de Dios... Quedaron cosas por ver, pero la sensación de nuestra visita fue de total plenitud. No sé si volveré, pero nunca olvidaré un viaje tan bonito. Me siento profundamente agradecida. Bicos.

jueves, 2 de julio de 2026

Cumpleaños feliz



 


   Si hay algo que no podemos evitar es cumplir años. Cada vuelta que damos al sol, nos echamos un año más encima. Aunque la foto de arriba es recortada para no sacar en el blog a los invitados, ved qué cantidad de primaveras voy teniendo... Como alguien me dijo una vez: A mayo le llueven flores y a mí años. Es sin duda un motivo para dar gracias a Dios y, este año, hice una pequeña fiesta para festejarlo. Familiar porque somos tanto, el ciento y la madre exactamente, que sólo invité a mis hermanos, hijos y nietos. Bueno, más o menos. Siempre hay alguna persona más.



   Una de las cosas que hicimos fue una tortilla bien grande. La pusimos en una bolla de pan y yo creo que quedó la mar de graciosa. La tortilla más bien la hizo mi marido y si os digo la verdad, con la bulla no llegué a probarla pero estoy segura de que estaba riquísima porque voló.



   Preparé una mesa para servir y tener todo a mano. Puse platos de postre para todo, combinando diferentes vajillas, porque los llanos ocupan mucho espacio en la mesa. Para empezar sólo puse aceitunas y almendras. Me da la sensación de que si se pone mucha cosa, después sobra la comida. Había también un queso del Cebreiro. 


   Siempre que viene mucha gente ponemos una tabla de quesos, con fruta o lo que se nos ocurra. El queso suele gusta y cunde mucho. No pasa nada si a alguien no le gusta tanto y no lo toma.


   Johnny envolvió unas salchichas en obleas de empanadilla y también pusimos algún embutido. Ya sabéis, lo que da más miedo es que alguien se vaya con hambre. Como si fuera a pasar algo por eso. Yo creo que son cosas de antes: Más vale que sobre que que falte...


   Y un chorizo de León, que estaba riquísimo. Es un tipo de chorizo que me encanta. No es del viaje que hicimos porque de ese ya habíamos dado cuenta pero buenísimo.


   Y bueno, yo cociné tres cositas. La primera, un pastel de acelgas. Esta foto es de otro día pero viene siendo lo mismo. Era más grande y tuvo mucho éxito. Les sorprendió mucho a todos. Yo tenía un poco de miedo a que no gustase pero les encantó. A nosotros nos gusta mucho pero nunca sabes.


   Y preparé un pollo oriental  que hago en casa muchísimo. Como nos gusta mucho, insistieron en que lo hiciera. Y sí, tuvieron razón. A esta receta le he dado otra vuelta -de tuerca- y sale mucho mejor. Sólo le puse cebolleta, pimiento y zanahoria, para no arriesgar. Hasta mi madre lo encontró muy rico. Es de esas cosas que sale bien y ya está. Esta foto también es de otro día porque con los invitados ya no hice ni una más. El archivo del móvil es alargado...


   Y, por fin, la tartita. Era un bizcocho de chocolate, relleno de mermelada de frutas del bosque, cubierto de chocolate fundido con un poco de leche y adornado con frambuesas. Lo más sencillo del mundo y de las tartas que prefiero. Las frutas que faltan en la porción se las comió el guardián de las frambuesas, que no del centeno, que es uno de mis nietos. Es una fruta ¡tan rica!

   Y bueno, de beber, os imagináis: cerveza, vino de rioja, godello -que es mi prefe-, y alguna cosa más que no recuerdo ahora. La verdad, es un reto una fiesta para más de veinte personas pero yo creo que resultó bien y fueron todos muy cariñosos. Era una cifra tan redonda que me pareció lo natural. 

   Alguna cosa se me olvida, hice también una pasta, pero bueno, es lo de menos. Quería compartir este evento con todos vosotros que me leéis y me animáis a seguir escribiendo. Mis nietos se portaron bien y creo que todos disfrutamos de una velada muy agradable. Y, claro, la alegría de que viniera mi madre. Por todo ello, me siento bendecida y muy agradecida. En cuanto al verano, pues a ver cómo hago para ir publicando de vez en cuando. "Mi vida entre dos rías" es bastante loca y desordenada, qué le vamos a hacer, pero algún momento encontraré para contaros más cosas. Me despido por hoy. Os agradezco infinito que me sigáis leyendo tantísimo y os mando muchos bicos. Feliz verano. 

jueves, 21 de mayo de 2026

Menestra fácil en sartén


   Lo primero es decir que ésta no es la menestra autentica sino un apaño que hago yo, mucho más fácil, muy rica, y con menos cosas. El espíritu de este plato es hacerse como un revuelto de hortalizas y, por tanto, caber en la sartén. Aunque sea la más grande que tengamos. Así pues, no lleva exactamente las mismas cosas que una menestra tradicional, sino algunas menos, pero se puede variar un poco, según lo que tengamos en casa y las ganas que tengamos de complicarnos; por ejemplo: limpiar o no unas alcachofas frescas. Entonces, os voy a decir lo básico que le suelo poner:

Una cebolleta o un puerro

Una zanahoria

250 gramos de tirabeques (si los hay)

75 gramos de jamón en dados

Guisantes

Champiñones frescos o de lata

Patatas

 


   Una vez dicho esto, en una sartén con un fondo de aceite de oliva virgen, salteamos la zanahoria y el puerro o la cebolleta. En esta época prefiero usar cebolleta, que me encanta. No la corto muy pequeña, sino en gajos. 


   Según se va dorando, incorporo los tirabeques. Es una hortaliza que tomamos en Galicia, supongo que en más sitios, y es muy rica. Se cortan con la mano las puntas y se quitan los hilos. Tiene un sabor delicado que para mí es un punto importante en este plato pero... si no hay, no se ponen.


   Aquí he añadido una lata de champiñones bien escurrida. Mucho más ricos frescos. También me gusta con setas de cardo o shiitake. Eso sería un verso libre pero también así me encanta.


   Y ya podemos añadir los guisantes y el jamón. En dados más o menos grandes según el gusto. Bien de jamón... Los guisantes, si son congelados, lo más normal, los descongelamos y les quitamos el agua de congelación con un colador. 

   Con las patatas hay varias opciones. La más rica, freír unas patatitas nuevas bien lavadas. Otra, hacerlas en el micro o cocerlas y añadirlas a la sartén para que se doren un poco. Y esto es, básicamente, mi menestrita de sartén. Es muy rica y me la piden mucho en casa. 


   Ese día, en vez de poner huevos duros, me apeteció hacer huevos a la plancha y tomar las hortalizas con la yema. La verdad es que estaba buenísima. 


   Y para que veáis que no exagero con lo de que les encanta, una fuente similar que hice en Navidad como guarnición, que llevaba chalotas en vez de cebolleta. Y unos espárragos trigueros. A veces también los pongo, que no se me olvide. 

   En otras ocasiones, Johnny, con mucha paciencia hace la menestra tradicional, dorando todo y poniéndolo en una tartera, sin que falten alcachofas ni lechuga. Mucho más largo y también exquisito, pero la opción de hoy es muy rica y bastante sencilla de hacer. Os lo aseguro. Y la sensación es de menestra aunque no lleve todo todo. Sin dudar, os animo a hacerla. Con huevos duros, con pan frito, o como más os guste. Y, claro, si sois  vegetarianos, la podéis hacer sin jamón. Va el blog muy bien, con muchas visitas y yo parece que le hago, por esa misma razón, más caso. Es que estoy anonadada de que tanta gente me lea. Os deseo un feliz fin de semana. Bicos.

miércoles, 29 de abril de 2026

Un millón de visitas


      Han pasado trece años largos desde que empecé con esta aventura del blog y este mismo mes ha llegado la cifra de visitas a un millón. Lo voy a decir gritando: UN MILLÓN DE VISITAS. De verdad que no sé ni cómo expresar lo agradecida que estoy por este éxito tan asombroso. Asombroso porque, a fin de cuentas, aunque es verdad que he trabajado mucho en él, hoy en día lo llevo de manera muy relajada. Pero sigue creciendo, sigue habiendo personas interesadas en leerme, en cómo elaboro mis comidas. Pues es lo que realmente hago, no tengo un negocio, simplemente cocino para mi familia lo mejor que sé y poniendo el mayor cariño posible. Esto ha pasado también con el blog, he procurado editarlo siempre con mimo y cuidado. Intentando que las fotografías sean decentes, que los textos estén bien escritos, dentro de lo posible, que sean cercanos y amenos. Es verdad que, con los años me he ido soltando un poco más en cuanto a expresarme más abiertamente pero, en todo caso, no es más que mi blog, el blog de un ama de casa que cocina prácticamente a diario. Y eso es lo que humildemente he compartido. 



   Y, claro, me voy haciendo mayor y voy repitiendo muchos menús que ya no puedo compartir aquí para no aburriros, pero siempre hay algún viaje, alguna nueva propuesta, algún detalle que contar o incluso mejorar. Sea una comida de domingo o de Navidad, me acuerdo de que hay personas que me leen desde España o de los lugares más remotos que pudiera imaginar. 



   Algunas veces me asombra el éxito de alguna receta, como las humildes habas lobas o un pescado rebozado y frito. Una puede pensar: esto va a gustar mucho. No os hacéis a la idea de cuántas veces me sorprende que algo que a mí me ha encantado pase sin pena ni gloria, y que una receta sencilla y práctica tenga miles de lecturas. 



   También mis hijos me ayudan, me siguen avisando de que falta alguna receta de casa. De que no encuentran esto o aquello. Yo misma miro algunas veces el blog para recordar cómo había hecho aquello que había encontrado tan rico. Improviso mucho pero también consulto a veces porque no puedo remediar olvidar cosas que creo sabía de memoria. No sé si por el tiempo o por la ingente cantidad de recetas que he subido. Quiero deciros que para nosotros, mi familia, también el blog es una riqueza. 



   Y me gustaría haber hecho más cosas que no he hecho, como poner mesas bonitas o hablar más de libros, viajar más,... Bueno, lo he hecho como mejor he podido o sabido, de verdad, con mucho cariño.



   También ha evolucionado un poco mi cocina. Quién me iba a decir que iba a hacer ensaladas con burrata. Ni sabía que existía hace unos años. El mundo se ha hecho más pequeño para todos y lo vamos conociendo mejor. Cuántas cosas he aprendido en Instagram que nunca soñé. 

   Por poneros algunos ejemplos, este último mes he tenido más de trece mil visitas desde Estados Unidos, más de cuatro mil desde Alemania, dos mil desde Singapur, más de mil desde España y Vietnam... Así de asombroso es. 



   He subido algunas fotos del blog, un poco de aquella manera, para acompañar esta entrada porque, realmente, no sé si es cuestión de entradas populares o de qué... Sólo puedo decir que estoy enormemente agradecida y emocionada. Que mis propios hijos también lo están y me han dicho: Mamá, tienes que hacer una entrada en el blog sobre el millón de visitas. Pues aquí está la entrada. No podría ser de otra manera. ¿Qué me queda por decir ante este millón de visitas? Pues UN MILLÓN DE GRACIAS (otro grito).



 

   Yo seguiré con mis tortillas, mis arrocitos, mis pizzas, mis sopas de ajo, mis tartitas de cumpleaños y... Mi cariño hacia todas las personas que me leen. De verdad, esta experiencia bloguera ha sido para mí, en cierto modo, un viaje inesperado, que diría Tolkien, y una gran aventura en la que he encontrado un tesoro.  

   Aquí queda esta entrada de puro agradecimiento y asombro. No dejéis, por favor, de leerme. Yo seguiré escribiendo siempre que me sea posible y encuentre algo que contar. Os mando UN MILLÓN DE BICOS.



miércoles, 22 de abril de 2026

Visita a León


   Llevaba tiempo pidiendo una visita a León. He podido visitar Zamora y Salamanca recientemente pero León,... ¡Más de veinticinco años sin ir! Por fin, el fin de semana pasado, llegó la ocasión. Os voy a contar un poco las cosas que vimos, que no fueron pocas. Algunas no se pueden fotografiar pero vale la pena hablar de ellas. 

   Nos alojábamos cerca de la Catedral, que es maravillosa, y para nosotros era como el Panteón de Roma, nuestro punto de referencia. Es fácil ver sus torres desde cualquier calle del centro. 
 


   El primer día fuimos a ver el museo catedralicio y visitamos la Capilla del Santísimo. Esta portada policromada, de la Virgen del Dado, está junto al Claustro. Es una preciosidad.


   Una imagen del Claustro. Es muy bonito y en él se pueden ver imágenes que estaban en la fachada principal y que se sacaron para protegerlas del lógico desgaste que sufrían. Esta parte, no los museos, es gratuita y se puede entrar a verla con tranquilidad. Vale la pena.


   Al salir de la Catedral, por la calle ancha, nos dirigimos a la Iglesia de San Marcelo, muy bonita también. Es un santo importante porque es el patrón de León. Lo que vemos en la foto de arriba es el comienzo del ensanche, la zona nueva. En la calle Ordoño II encontramos mucho comercio y también edificios de principios del siglo XX muy bonitos. Impresionantes. Hay alguno más moderno y menos estético por en medio pero es una calle preciosa para pasear y hacer compras. Desemboca en la Glorieta de Guzmán el Bueno. Es famoso en Tarifa pero también en León puesto que era leonés de nacimiento. ¡Cuánto se aprende viajando! Ya lo decía Cervantes.


   Al día siguiente fuimos a San Marcos. Yo tenía muchas ganas de ir. Para ver un poco el Parador, nos tomamos un café. La cafetería es muy moderna y curiosa. Después vimos la iglesia y el museo. También el claustro, que podéis ver en la foto inferior. Es todo muy bonito. Antes de ser parador estuvo muy abandonado y fue hasta cárcel. Allí estuvo encerrado Quevedo. La iglesia es muy bonita, yo no suelo hacer fotos en las iglesias pero vale la pena verla. El hostal fue un refugio para los peregrinos del Santiago. Muy antiguo en su origen, siglo XII, está un poco apartado del centro, a orillas del río Bernesga. Se reedificó en tiempos de Fernando el Católico. La fachada plateresca es un ejemplo del Renacimiento español. Esto, claro, es fácil de consultar. Se llega dando un paseo, corto, por la Gran Vía de San Marcos. Pero vamos, son unos minutos.


      Ese día tomamos lechazo. Os digo que lo hacen riquísimo. Después ya no cené pero bueno, un día es un día. 



   Y llegó el momento de visitar la Catedral. Es famosa por sus vidrieras que son bellísimas. Es de estilo gótico francés y se conocía como "pulchra leonina", la bella leonesa. No es para menos. Está consagrada bajo la advocación de Santa María de Regla y así mismo se llama la plaza que está delante, plaza de Regla. Como suele pasar, había una previa catedral románica. En 1205 se inician las obras. Yo creo que no vale la pena que me líe con esto porque es una información que podéis mirar fácilmente y que yo misma tendría que comprobar para no meter la pata.  Las muchas vidrieras dan una sensación de ligereza y también ¿por qué no decirlo?, de elevación y eternidad. No dejéis de verla si vais a León. 




   Al día siguiente, dando un paseo errático llegamos a la Puerta de del Castillo y a la casona del mismo nombre. Allí podemos ver la muralla romana, quedan numerosos tramos en toda la ciudad, y es hoy en día un Centro de Interpretación del León romano muy interesante. Os lo aconsejo también, si tenéis tiempo. 


   Y, por fin, fuimos ver, volver a ver, San Isidoro. La Basílica románica, la Torre del Gallo y el Claustro, la foto de abajo. La zona del museo no se puede fotografiar pero hay cosas magníficas como el Cáliz de Doña Urraca, Los ropajes antiguos que se conservan, el Mausoleo,... Son famosísimas las pinturas románicas de este último. Yo había estado ya pero no recordaba su ubicación, junto al claustro. Es curiosa la memoria, que retiene cosas sí, cosas no... El Mausoleo fue destrozado en gran parte durante la Guerra de la Independencia por las tropas francesas. Se perdieron muchas cosas valiosas e interesantes. En fin, una pena que no se puede remediar pero, aún así es muy muy bonito e impresionante. He visitado otros como el de Oña o el de las Huelgas. Todos ellos son una mirada curiosa a nuestra historia y muy bellos. 


   A la mañana siguiente fuimos al mercado de la ciudad a por vituallas. Qué cosas tan ricas tienen, no puede faltar en León la cecina, los chorizos, algunos vinos muy ricos... Visitamos el Palacio de los Luna que está en la zona antigua. Hay una exposición, no sé si permanente, sobre los Reyes de León. Es interesante esto porque, cuando la corte pasa de Oviedo a León en 910, nos encontramos ante una parte importante e interesantísima de la historia de España, quizás un poco desconocida. De lo más antiguo queda poco, Palat de Rey, de la época de Ramiro II es la iglesia más antigua. Allí estaba el palacio donde vivía su hija Elvira Ramírez. Qué maravilloso sería que quedase parte del antiguo complejo. 


       
   Paseando por la ciudad, que es amable y encantadora, encontramos este convento, creo que de clarisas. Es, de verdad, un lugar de preciosas calles y plazuelas, con tramos de muralla romana, bellas iglesias. No se puede pedir más.


   Yo quería visitar San Francisco para ver el retablo barroco que estuvo en su día en la catedral. Es curioso porque tapaba las vidrieras y volvieron a poner el retablo gótico. Gracias a Dios. Bueno, pues San Francisco, que ahora es de los capuchinos, tiene un parque en frente que, quizás en su día perteneció al convento. La iglesia está muy tocada pero es interesante. A un lado está este claustro, acristalado que me dejó maravillada por su vegetación. Los cristales impidieron que gozáramos del aroma del boj, el arbolado y las flores pero, que encantador me pareció. Ojalá lo conserven tan bonito siempre. 

   Volviendo desde San Francisco, encontramos Santa María del Mercado. Bueno, no tengo foto porque no hubo manera de que no hubiera gente delante. Es otra joya románica, muy hermosa, con retablos barrocos. podemos ver la maqueta de un barco a la entrada, un galeón de la batalla de Lepanto, ofrecida por don Jerónimo de Rebolledo que tuvo la fortuna de volver sano y salvo. Cosas curiosas que uno se encuentra. Esto está junto a la plaza del Grano. Tiene ésta unos pórticos bonitos donde pararse a tomar una cerveza o un vino. Hay mucho ambiente y con cada consumición hay pincho. Es maravilloso León. 


   A la vuelta nos adentramos en la Tebaida Berciana para conocer el Valle del Silencio y Santiago de Peñalba. Un pueblo maravillosamente conservado. Imagino cómo serán los inviernos...


   Tuvimos la fortuna de encontrar la iglesia de Santiago abierta. Una preciosidad mozárabe del siglo X. Allí también se puede visitar la Cueva de San Genadio, benedictino eremita que hizo callar al agua del río Oza. De ahí el nombre del valle. Se respira una paz que da gloria.


   De vuelta, pude fotografiar el Castillo templario de Ponferrada. Nos quedó verlo por dentro pero no había tiempo y dudo que estuviera abierto. Os digo que hay tanto que ver, que un fin de semana no es suficiente. No puse foto de la Casa Botines, que sólo vimos por fuera, porque no la tengo en el móvil. También falta por mencionar el Palacio de los Guzmanes. No estaba abierto para visitas pero pasamos delante varias veces. Precioso. Y bueno, habría mucho más que contar de León pero es imposible seguir describiendo tantas cosas que ni siquiera conozco tan bien. Me gustaría decir que volveré ¡Quién lo sabe! Todavía no conozco las Médulas así que, todo es posible.


   He vuelto entusiasmada de lo bonito que fue todo y lo acogedora que me resultó la ciudad. Fácil, sin apenas cuestas, todo el centro es paseable y cómodo. No hay grandes distancias. Si os queda por conocer León, no dudéis en visitarlo. Es un viaje precioso. No quiero compararlo con Zamora y Salamanca porque las tres ciudades son muy bonitas, cada una tiene su encanto y creo que son imperdibles. Os animo a visitarlas. Bicos.