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lunes, 22 de febrero de 2021

Pastel de manzana con pasta filo


   Ya hacía unos días que quería subir esta receta. Me pasa que si no las subo pronto, termino por olvidarlas. Así pues, no quedaba otro remedio que ponerse a ello. La semana pasada, por haches o por bes, fue muy liosa y no conseguí sentarme a escribir... Hoy ya no lo demoro más. ¿Qué necesitamos?

Tres hojas de pasta filo

Tres manzanas

2 ciruelas pasas y 2 dátiles (opcional)

4 ó 5 cucharadas de azúcar

Canela

Ralladura de limón

Una pizca de jengibre en polvo

Una pizca de pimienta negra

Una cucharada de brandy

Almendras laminadas azúcar y canela para la cobertura



   Os digo que pensaba presentar este pastel como una pastela pero al ser las láminas rectangulares, simplemente las coloqué en una fuente rectangular pintando cada lámina con un pincel de aceite, que también podría ser mantequilla fundida. 



   Pelamos y cortamos las tres manzanas, las espolvoreamos con 4 ó 5 cucharadas de azúcar, canela y las especias que hemos nombrado. También la ralladura de limón o una tira de piel limón para que dé aroma. Las ciruelas y los dátiles en trocitos y la cucharada de brandy. Esto lo llevamos tapado con film de cocina al microondas unos 4-5 minutos para que se cocine la manzana. 



   Como la manzana es todo agua, se hace perfectamente. Si la pusieramos cruda en la pasta filo, no le daría tiempo a cocerse o bien se nos quemaría la pasta que es muy fina. La fruta cocinada la colocamos sobre la pasta que ya aguarda en la fuente de horno.



   Cerramos haciendo dobleces o arrugas... como mejor podáis. Aquí pienso yo que un molde y unas láminas redondas hubieran sido más fáciles de colocar en plan mono. No importa porque adornamos... la arruga es bella... con las almendras laminadas y dos cucharadas de azúcar con una pizca de canela. Lo mismo que el pastelón moruno de pollo.



   

   Llevamos al horno a 180º unos diez minutos o hasta que veamos que la pasta se ha dorado sin carbonizarse. Vamos, que no es una cosa para dejar en el horno e irse a pasar la aspiradora. Mejor vigilancia estrecha. 

   Al salir... no queda feo, aunque olvidé la foto del pastel completo. En la primera imagen podéis ver cómo quedó la porción. La pasta dorada, la manzana tierna y un sabor dulce, sin exagerar, con aromas muy ricos. La pizca de jengibre para mi gusto le da un gusto muy fino. Es de esos postres que se hace en minutos. Yo creo que una bola de helado de vainilla le iría genial.

   Quedan cosas por contar. Estos días llegó el blog a 800.000 visitas. Lo pongo así en números redondos. Es una cifra impresionante. Como además ha cumplido ocho años, toca a cien mil visitas por año, que no está nada mal. Sé que cada vez lo llevo de una forma más tranquila, que publico menos y que las visitas van también más despacito. Creo que esto no tiene importancia, la verdad. El blog es solo una afición que, si bien me llena de orgullo y satisfacción -no tanto orgullo como satisfacción-, es algo que va surgiendo en el día a día,... Y sé que muchas amigas lo usan,... Y me ha traído a su vez nuevas amistades... Y la mayoría de las veces me hace muy feliz. 

   Por supuesto que he cometido errores y hoy no publicaría, probablemente, recetas que subí hace años, lo cual me lleva a pensar que seguramente me he hecho más exigente. 

   Está además el hecho de que es un blog que mucha gente consulta en Navidad, lo cual me parece muy bonito, y también algunas amigas me han contado que ha hecho recetas mías en días importantes para sus familias, ¿cabe mayor honor? Todo esto me parece más que suficiente para seguir poco a poco este camino que algunas veces tengo la tentación de abandonar. También pienso que es un trabajo que no está terminado y que iré haciendo mientras mi salud y mi cabeza lo permitan. Sin obsesionarme, eso sí.

   Así pues, os doy las gracias a todos. Por leerme, por seguirme, por tener confianza en mí. Este viaje que vamos haciendo juntos es realmente bonito y no puedo sino agradecéroslo infinitamente. Nunca en toda mi vida creí que haría algo así. Es sorprendente. Así pues, gracias otra vez a los que me leéis desde tantos rincones de España, Estados Unidos, Suecia, Argentina, Alemania, Irlanda, México, Bélgica, Chile,... Y tanto otros lugares que quedarían por nombrar (he copiado los diez primeros de la lista de este último mes). 

Gracias a todos

miércoles, 10 de febrero de 2021

Comer sin leche


   Esta es una entrada que tenía pendiente escribir desde hace varios meses. Cuando en la familia hay una persona que no puede tomar leche, nos complicamos un poco la vida pensando qué podremos cocinar. Son cosas que pasan y hay que encontrar soluciones. Yo no soy experta en comidas especiales porque, gracias a Dios, no tengo ese problema, pero si me he encontrado con personas en esta situación. Curiosamente en el mercado hay muchos tipos de sustitutos de la leche: bebidas de almendra, de avellanas, de soja, de arroz, de coco,... No son baratas pero hay un amplio surtido. 

   En estos casos, cuando viene a casa una persona que no puede tomar leche, la elimino de la comida. No se me ocurre hacer una béchamel o un arroz con leche de postre. La cosa es que tuve ocasión de probar algunas recetas con estas bebidas. Os voy a contar un poco por si a alguien le interesa, sin meterme en las recetas en sí. 

   Por ejemplo, la primera foto, son unos muffins hechos con la receta que hago siempre sustituyendo la leche por bebida de arroz. Lo demás, exactamente igual. Pues mirad, quedaron francamente ricos. Tienen un toque de color porque el azúcar era moreno, esto siempre se puede variar... Así quedaron, tiernos y ricos.



   Otra propuesta: Unas miniquiches preparadas con huevo batido y esta misma bebida de arroz. Trocitos de bacon, sal, pimienta y nuez moscada. Hay que comprobar que la masa que usamos no tenga leche ni lácteos. Bueno, pues a pesar de que esta bebida tiende a ser un poco dulce, os aseguro que las quiches estaban muy buenas. Nos sorprendieron muy gratamente.



   Alguna vez he preparado estas tortas de pan. Llevan agua y harina, un poco de sal y un chorrito de aceite. Nada de leche. Tengo que contaros cómo se hacen porque no están mal para un apuro panero.



   Yo en los guisos no pongo leche. Más bien vino o cerveza en alguno. Sin embargo, el pollo al curry algunas veces lo acompaño con nata. Pues en esta ocasión, que no podía utilizar nata, preparé la salsa con 100ml de agua y una cucharadita de harina de maíz -maizena-. Es un toque distinto que se usa mucho en comida oriental y queda una salsa gordita y muy fina. Es un básico de la cocina.



   Para terminar os cuento esta tarta de manzana que hice el domingo; ya subiré la receta. Me hubiera encantado hacer una masa quebrada casera con mantequilla. Imposible. Lo que hicimos fue comprar pasta filo y la rellenamos con manzana ya a medio cocinar en el micro. Esto porque si no se nos abrasa la pasta en unos minutos y la manzana sale cruda. Os lo cuento en detalle en unos días. Yo creo que quedó divina y pudimos tomarla todos. Todos y todas... ¡Mi madriña!

   Es verdad que no tomar queso es un dolor, que las pizzas han de convertirse en cocas y que hay mil cosas deliciosas que tenemos que perdonarnos. Con todo... Casi todo se puede si se agudiza el ingenio. Con esto os dejo hoy, autoconfinada... o casi, aburrida y algo impaciente por volver a la vida normal. Os deseo una feliz tarde. Bicos.
 

lunes, 1 de febrero de 2021

Tocinillo de yogurt


Esta es una receta que os había dicho que iba a subir. La vi en el Facebook, de esas cosas que aparecen por ahí sin saber por qué... Y lo hice pues es realmente facilísimo. ¿Qué necesitamos?

2 yogures naturales
2 medidas* y media de harina
1 medida y media de azúcar
3 huevos
4 medidas de leche
2 cucharaditas de levadura
75 gramos de mantequilla
Una cucharilla de canela (opcional)

*La medida es el vasito del yogurt.


   Batimos todos los ingredientes. La mantequilla debe estar blandita. La sacáis antes de la nevera o le dais una "vueltita" en el microondas. Yo añadí un poco de canela y, creo, que no le iría mal tampoco un poco de ralladura de limón. Lo que es un poco para que no destaquen, una pizca de cada. 

   El horno lo vamos calentando antes a 180º. Arrugamos papel de horno con unas gotas de agua y lo ponemos en la fuente que vayamos a usar. Podría ser redonda pero si queréis cortar cuadraditos, mejor utilizáis una rectangular. Llevamos al horno entre 30-40 minutos. Le pasa como a las tartas de queso, se hincha pero una vez que sale del horno pierde ese volumen y queda como en la foto siguiente.  Aunque os tengo que decir que he visto resultados más granulados en la superficie. Quizas exceso de batidora. 



   Lo espolvoreamos con azúcar glass -impalpable- y lo cortamos en trocitos del tamaño de los tocinillos de cielo... o no. Si os preguntáis a qué recuerda, yo creo que puede ser a la quesada pasiega. Hace mucho que no tomo una auténtica quesada así que, a lo mejor me equivoco pero fue lo que me evocó este "tocinillo de yogurt". Pienso que es lo bastante fácil y rico como para darle una oportunidad y ya, valoráis vosotros si os gusta o no. 



    Os dejo, para animar, unas fotos de un paseo que dimos hace varias semanas por San Jorge. Es una de nuestras preciosas playas. Como dice mi hijo, tenemos suerte de estar en un ayuntamiento bonito que tiene salida al mar y preciosos arenales. Porque confinados estamos en Ferrol -terrol- desde hace ya mucho. Paciencia...



   También os digo que estamos, gracias a Dios, bien, que nos cuidamos, que no hacemos locuras y nos aburrimos como todo quisque. Me acuerdo de Dickens y pienso a veces que vivimos "el peor de los tiempos".  Como comienza Historia de dos ciudades:

   "Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; La época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación."

   Es cierto que ha sido un año terrible y que este invierno resulta desesperante por muchos motivos. Pensemos en la esperanza de la próxima primavera, aunque quede un poco cursi. Como dicen los mayores... De todo se sale (me estoy dando cuenta de que yo ya soy abuela y mayor). Cuidaos mucho queridos amigos.


 

sábado, 23 de enero de 2021

Resumen Navidad 2020-2021


Aquí estoy con el prometido resumen de las pasadas Navidades. ¡Qué barbaridad! Me pongo a subir fotos y yo misma me asusto de lo mucho que hemos cocinado y comido. Es verdad que pocas opciones nos quedan en estos tiempos pero es demasiado. 

   Para empezar os voy a contar la Nochebuena un poco por encima. No voy a poner las fotos de todo lo que hice porque olvidé hacerlas. Son cosas que habéis visto muchas veces en el blog. El consomé de entrante, las vieiras al horno y la pularda con su guarnición. A la pularda sí le hice foto pero quedó penosa. Creo que es porque, entre otras cosas, era de noche y no suelo hacer estas fotos con luz artificial. La mesa, que veis debajo, la puse en beige. Es un mantel mono y elegante pero lo veo tristón comparado con otros de colorines más alegres. Y mira que le di vueltas a los manteles... 

 


   Del día de Navidad, comentaros que el éxito más rotundo fue el salpicón de buey de Johnny. Está ya en el blog, así que os animo a hacerlo en cualquier ocasión de fiesta que tengáis. Rico y fácil de hacer.



   Otra cosa que se nos ocurrió para el día 25 fue comprar pan congelado, con ajo y mantequilla, y hacerlo para tomar caliente. Ya sabéis que no hay pan del día. Es una cosa tonta pero a mis hijos les gusta mucho y fue una idea muy apañada. Era de Lidl. 



   De plato principal hicimos unas carnes variadas a la plancha. La idea era rica pero me tuve que levantar a media comida y, con todo, se enfriaron un poco, como el magret que veis debajo. Creo que es una idea apetecible pero no justo para Navidad. Ese día la mesa la vestimos de azul.



   El día 26, con las sobras del pollo cocido del consomé, preparé el pastel estilo moruno. También está en el blog. Yo creo que este año quedó aún más rico. Ya va a quedar de comida oficial del día después de Navidad. Ni siquiera hago la masa, todo a lo cómodo para descansar un poco. Nos chifló a todos.



   Recién hecho o frío por la noche lo encontramos delicioso. Os animo a probarlo.



   La Nochevieja tomamos pinchos variados y fue también estupenda aunque, voy a dar un grito: NO HICE LOS BISTECS EMPANADOS. A mis hijos les dio pena pero yo me sentí liberada de no empanar ni freír por una vez. Cosas que pasan que te sorprenden.



   Llegamos al día 1 de enero... Yo no quería hacer nada lioso. Mirad, el consomé nos dio bastante lata entre cocer, colar, reservar,... Y decidimos que ya estaba. Entonces... preparé salmón marinado al eneldo que descongelé durante la noche para hacer un tartar con langostinos. También lo conocéis. Yo creo que estaba divino pero la foto me salió borrosa. Esto de las fotos es un lío.



   También preparé la víspera una carne fiambre. En vez de trufa le puse pistachos y ciruelas pasas para variar. Mi marido dice si será a la "carloteña". No sé, la cosa es que nos gustó mucho y fue muy sencillo. Sacarla por la mañana, cortarla y acompañar con huevo hilado. Es un clásico y les encanta. Como veis, el día 1 optamos por el rojo. Quedó muy mono todo.



   Y ese mismo día, preparó Johnny los gambones al horno. Les gustan mucho y es otra cosa fácil. Dudamos si hacerlos o no, y al final nos decidimos. Yo hice unas zamburiñas al horno con una salsita amarilla y jamón que podéis ver en la primera foto. 



   Y llegó el día de Reyes. Yo ya estaba exhausta. Hay años que una se cansa más rápido. Mi marido me decía que no hiciera roscón pero a mí me parecía una facha siendo bloguera así que al final me puse con la masa bien entrada la noche. No hay mucha variedad, salvo que no llevaban lácteos. Agua y aceite, con los aromas de siempre y, claro, huevo. Yo creo que quedaron muy ricos, finos y aromáticos. Los hice pequeños para que alguno no llevara frutas, sino nueces y almendras porque tenemos a uno al que no le gustan... Veis que voy adaptando las cosas a los gustos y necesidades de la familia. Todo salió bien y vinieron los Magos de Oriente con muchos regalos para todos. O para casi todos... 



   El brunch tradicional que incluyó: zumo, quesos, salmón marinado, tostadas, bacon y huevos, mango... Y, por supuesto, café con leche. Yo hasta el segundo café no me hablo con nadie. Cuando se terminó esto pensé: Nos queda San Julián... ¡Muero!



   Y no habíamos comprado nada... Coció Johnny un pulpo que estaba en el congelador y salió muy rico.



   Yo preparé una pizza con masa casera y poco queso que quedó bastante imperfecta pero sabrosa, quizas por ser casera o por estar hecha con cariño. Confieso que compré dos tarritos de arroz con leche porque sólo lo tomamos dos, el resto lo odian, y yo ya estaba de cocina más que cansada.



   No todo se había acabado. Los fillos pidieron una lasagna de carne con setas... ¡Y la hice! Creo que quedó francamente rica pero de estas cosas que ya no tienes ganas de volver a cocinar nunca jamás. 



   Pero quedaba un postre de despedida y preparé una tartita "la Viña", que nos gusta mucho y no da, gracias a Dios, nada que hacer.



  

   Creo que no queda mucho por contar. Dos días comimos fuera, uno en el café Vanessa, delicioso, y otro en el Galo, muy rico también. Con todas las precauciones pertinentes, claro. Nuestra Navidad fue pequeñita, legal... pero reconozco que lo pasamos muy bien y disfrutamos de nuestra familia que es el mayor tesoro que tenemos. ¿Ganas de que todo vuelva a ser como antes? Todas las posibles. De momento enero está siendo duro y yo ando muy liada con mis cosas de madre y abuela. Como estamos bien, no me quejo de nada, salvo de las ausencias... Cuidaos mucho todos. Nos vemos pronto. Bicos.


miércoles, 13 de enero de 2021

Pan pita casero


   Después del confinamiento del año pasado, que fue tremendo, he investigado un poco el tema del pan en sartén. Os había dicho que iba a subir unos panes ácimos, sin levadura... pero por en medio he encontrado estas pitas de sartén en internet y me han parecido más divertidas de compartir. No más difíciles, aunque sí tienen tiempos de levado, lógicamente. Más adelante os contaré las otras que son más sencillas pero estas me han parecido más ricas y más completas. Más paneras de textura y sabor. Así pues, os las voy a contar tal y como las he hecho. 

   los ingredientes son:

3/4 de vaso de agua tibia

Un trocito de levadura de pan tamaño dado

Una cucharilla de sal

Un chorrete de aceite de oliva

Unas dos tazas y media de harina (aproximadamente)



En un cuenco ponemos el agua tibia, el trocito de levadura -yo la tengo congelada así que es interesante que el agua esté templada para que se disuelva bien-, la sal y el aceite. Añadimos la harina y vamos removiendo con una cuchara hasta que se empieza a formar una masa que se separa de los bordes. Pasamos a la encimera y trabajamos unos 7 minutos. Lo de la taza no es a boleo. Es una taza -one cup- de medir. Quiero decir que son 150 gramos de agua y de harina 120 x 2,5 aproximadamente -unos 300 gramos o algo más-. Ya sabéis cómo es esto de la harina. Empezamos a trabajar y si está muy pegajosa, añadimos un poquito más. Pero tened en cuenta que el primer amasado siempre es más pegajoso y pesadiño. A la segunda vuelta, la masa se porta mejor. Una vez amasada, formamos una bola

   Mojamos las manos con unas gotas de aceite para untar la bola de masa con ellas para que no se cuartee y la dejamos reposar hasta que doble su tamaño. Como hace un frío que pela... Podemos hacer la masa después de desayunar y dejarla abandonada hasta el mediodía. No necesita compañía ni conversación. La tapamos con un paño o con film de cocina. 


   Quiero deciros que la bolita de masa es más bien pequeña y que la primera foto de la masa es ya levada. Con todo, formamos ocho bolitas que nos van a dar para ocho pitas. Yo las he hecho a ojo pero se pueden pesar si queremos que estén muy iguales. Las volvemos a abrigar y las dejamos reposar unos 45 minutos o hasta que hayan engordado al doble. Esto en verano es más rápido.



   Cada bolita la vamos a estirar con abundante harina con ayuda de un rodillo. Girándola para que quede redondita. De unos 2-3 milímetros de espesor aproximadamente. Se me pasó hacer la foto de las obleas crudas. Siempre pasa algún imponderable...



   Y aquí tenéis la foto de la masa en la sartén, ya hinchada. La sartén caliente sin exagerar. En mi cocina es el 6,5, es decir con calor pero no al máximo (el máximo es el 9). la ponemos de un lado, empieza a coger volumen y en menos de un minuto le damos la vuelta. Otra vez igual y, a la tercera vuelta, se hincha dejando un hueco en medio, lo que es una pita. Le damos una cuarta vuelta para que se dore un poquito más.

   Puede pasar que la primera no se infle, por no tener la temperatura adecuada, pero se forma un bollo chato muy rico. Quiero decir que no lo tiréis si no sube porque está igualmente muy rico. Yo creo que el lío puede ser coger el punto de la temperatura que va a depender de la cocina y de la sartén que usemos. Es tener un poquito de paciencia.




   ¿El resultado? Muy rico, muy casero, tremendamente panero en cuanto al sabor. Ya sabéis que las pitas que venden, lo mismo pasa con las tortitas, siempre tienen un toque de no sé qué que no es como lo de casa. Esto es mucho más sano y natural. Si sois agitadores de masa como yo, os animo a hacerlas porque son realmente agradables para sustituir el pan si no tenemos oportunidad de comprarlo. O si nos apetece. No digo yo que nos vayan a encerrar otra vez ¿quién lo sabe? Pero me hubiera gustado tener esta receta en marzo para hacerla muchos de aquellos días que estábamos a pan de molde o haciendo bollitos al horno. Total, todo es un poco parecido pero la luz... la nuestra es la mejor de Europa y del mundo mundial. Lo digo por el precio.

   Las fotos sé que no están muy bien. Me doy cuenta de que voy a tener que ponerme las gafas de cerca para hacer fotos y bueno... es una cosa más en este mundo de pequeñas dificultades en el que una vive. ¿El resumen de Navidad? Queda pendiente. A ver si lo pongo la semana que viene. Me da pereza porque tengo que subir muchas fotos e ir comentando todo, que me lleva bastante rato pero... peu à peu, las cosas irán saliendo.

   Las Fiestas fueron muy diferentes, más chiquitas y recoletas, pero no puedo decir que no lo pasáramos bien. Desde luego fueron más íntimas pero esto os lo comentaré en el resumen, si Dios quiere, la semana que viene. 

   En cuanto al pan de pita, pues como todo, os animo a intentarlo. Yo lo he hecho un par de veces y me parece una cosa rica y barata de hacer. Para la hamburguesa de arriba, que era regordeta, quizás resultó un poco fina la textura del pan pero de sabor ya os digo que muy rico. Y muy tierno. Por aquí seguiremos, a ver qué nos trae don enero que da miedito. De momento, los gallegos a las diez en casa. Estoy recordando que de joven, salía a veces a las diez de casa. Pues así estamos... Cuidaros mucho queridos amigos. Bicos.

sábado, 26 de diciembre de 2020

Salpicón de buey de Johnny


   Ya hay en este blog un salpicón fácil de Johnny que hace con una pandereta de maruca de las de la Pureza. Muy rico. Este año, que celebrábamos todo en casa por causa mayor, pensamos en preparar algo distinto de los gambones. ¿Por qué? Bueno, entre otras cosas a alguno le da pereza limpiar marisco. Así pues decidimos probar con el buey de mar que venden limpio y congelado. ¿Inconvenientes? Ninguno. No es barato pero cunde bastante y es de muy buena calidad. Este lo compramos en el Mercado Central de Ferrol, el de la Magdalena. Lo encargamos con unos días de antelación y lo pusimos a descongelar el 23 en la nevera porque era para el día de Navidad. Vamos que le lleva su tiempo. ¿Qué más llevaba el salpicón? Vamos allá:

Medio kilo de buey de mar limpio

Una cebolleta

Un cuarto de pimiento verde

Un cuarto de pimiento rojo

Tres-cuatro huevos duros

18 langostinos cocidos y pelados

Aceite y vinagre

   No tengo más foto que la de esta ración, tenéis que disculparme pero estos días han sido de acción trepidante y me ha faltado cabeza. Para hacer el salpicón necesitamos cocer los huevos, eso sí, y picarlos. También vamos a pelar los langostinos. Johnny me dijo que añadió el jugo de las cabezas aplastándolas entre los dedos. Los langostinos, las colas peladas, las cortamos en tres o cuatro trozos. No muy grandes pero que luzcan.

   Cortamos también la cebolleta y los pimientos. Johnny hizo tiritas finas de unos dos centímetros, pero podéis picar a vuestro gusto. Sólo queda mezclar todo. No le añadió nada de sal porque tanto el buey como los langostinos son saladitos.  Vinagre puso poco, de jerez. Y aceite de oliva virgen con cierta generosidad pero sin pasarse a lo loco. Removemos bien y probamos por si que remos poner algo más de vinagre o... salar una pizca. Pienso que no es necesario.

   Tuvimos un acierto, creo yo, que fue llevarlo a la mesa ya servido, puesto con aro en platos de postre sobre el plato llano. Espolvoreamos con perejil y un hilo de aceite. Se podría adornar con un langostino pelado pero se nos pasó y se cortaron todos. No importa. Creo que quedó muy mono, más que llevarlo en una fuente, que hubiera sido un estorbo más en la mesa, y resultó muy cómodo. De sabor, ya os digo que todos se quedaron felices. Encantadísimos. Resultó un entrante realmente exquisito. Os animo a hacerlo porque no tiene dificultad y puede ser uno de los platos de Fin de Año o cualquier otra celebración.


 

   He terminado por hoy pero os adelanto que preparé con los restos de pollo cocido del consomé el, ya tradicional en casa, pastelón de pollo al estilo moruno. Está mal decirlo pero quedó espectacular. La masa comprada, que estoy ya agotadita de cocinar. Creo que cuando pase todo el jolgorio escribiré un resumen de estas fiestas y os contaré todas estas menudencias. 

   Aunque las fiestas han sido distintas y poco concurridas, en casa lo hemos pasado muy bien. Nos hemos hecho regalitos muy divertidos, hemos cantado algo y los nietos nos han hecho reír, que es lo que apetece. Ya os iré contando más cosa. Siento no haber escrito antes, como otros años, pero últimamente no me da la vida para tantas cosas. Espero que lo hayáis pasado razonablemente bien y que hayáis podido celebrar lo que de verdad importa: El Nacimiento del Señor. Nos vemos pronto. Bicos.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Zamburiñas a la plancha


   Esta es una receta que ponen, con pequeñas variaciones, en muchos locales de Ferrol. Os digo que en casi todos están buenísimas. Yo tenía ganas de probar a hacerlas en casa porque hoy en día comprar zamburiñas limpias y congeladas es de lo más fácil. Quiero decir que las hay en muchos sitios. Ya sé que son de importación, que no serán lo mismo que las frescas,... Todo lo que queráis, pero están muy ricas y no son nada caras. 

   Como ahora somos tres gatos, que digo yo, no da pereza ni es mucho gasto hacer prueba. El sábado compré en Carrefour unas pocas, siete para ser exactos, y probé con lo de la plancha. ¿Qué hice? Pues pinté la plancha que uso para estas cosas con aceite. Previamente había preparado un ajito picado con perejil y aceite, lo que es un poquito de cada para esta cantidad. Pues bien, puse las zamburiñas en la plancha caliente boca abajo unos ¿dos minutos?... Aproximadamente. Después les di la vuelta, les puse una cucharilla de esta mezcla y una pizca de sal a cada una. Allí en la plancha, las dejé otro par de minutos, boca arriba, y se levantó un hervor... Curioso. Entonces ya las retiré a la fuente con unas pinzas de servir. Fácil no, lo siguiente.


  

   No tengo foto de las zamburiñas boca abajo, que no creo que tenga mucho interés, pero en esta foto de arriba podéis ver la plancha. La temperatura debe ser alta, en cuanto a los tiempos, pues pueden variar un poco, ¿cómo no? También pienso que se podrían hacer en una sartén grande de fondo plano. Fácil es facilísimo. Quizás no muy recomendable si hay mucha gente pero como este año no parece que vaya a haber mucha gente en ninguna reunión, esta es una propuesta muy adecuada para cualquier bolsillo y realmente rica. Al menos en casa les encantaron.

   Aquí queda esto. Es curioso porque la receta de Zamburiñas a la marinera es la más leída algunas Navidades, no sé qué pasará esta. También os recuerdo que se pueden preparar como las vieiras y quedan realmente ricas. En casa solemos poner vieiras por ser un día tan especial pero os digo que yo me quedo tan contenta con unas zamburiñas. 

   Sé que tengo pendientes varias publicaciones pero me ha parecido que este plato podía ser interesante. Nosotros, por fin, hemos decidido el menú de cada celebración o casi... ¡Qué lío ha sido! Ya os iré contando. Paciencia, ánimo y bicos para todos.

   Y, que no se me olvide: Las zamburiñas descongeladas y bien escurridas, incluso las podéis secar con papel de cocina, para que se doren bien.