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lunes, 24 de abril de 2023

Brunch del Domingo de Resurrección


   Este año hemos tenido una Semana Santa preciosa. No sólo nos acompañó el tiempo, sino que todo se desarrolló maravillosamente. Empezamos con un Domingo de Ramos que pasamos al aire libre con la familia y resultó uno de esos días perfectos en los que te sientas al sol y no hace ni frío ni calor y todo el mundo está de buen humor y feliz de verse, de reencontrarse, de estar juntos. 

   No puedo deciros muy bien qué hice los siguientes días, fueron familiares y tranquilos, con las cosas de siempre, pero el miércoles asistimos a la Procesión del Cristo de los Navegantes. Es tradicional de gentes del mar y nosotros vamos siempre que podemos y estamos en Ferrol. Este año el recorrido fue más corto pues está media ciudad en obras -año de elecciones- pero fue precioso entrar en el Arsenal, ver los barcos, la Sala de Armas, que es lo mejor que tenemos, y volver al Socorro acompañando al Cristo. 

 

     Siempre terminamos este día con una reunión familiar que se desarrolla como nos gusta, buena comida y viejas canciones que podemos cantar durante horas. Cuando te gusta cantar, es difícil terminar la jornada. Para esa fiesta preparé una bica de nata. Esta mal que lo diga pero me sale muy rica. 


 

   El Jueves Santo lo celebramos con el tradicional cordero asado. Este año lo hice muy parecido pero en el agua de mojarlo, en la primera, incorporé dos dedos de vino blanco. Asé unas hortalizas con la carne, que saqué a la hora, y al final incorporé unas patatitas cocidas al asado, unos veinte minutos, que quedaron exquisitas. No podía faltar, por supuesto, el pan ácimo. Lo malo de estas paletillas de cordero burgalés es que con una no llega para demasiado pero bueno, la disfrutamos. En casa algunos no son muy de cordero. A mí me gusta muchísimo y es el día que me impongo y lo hago. ¡Qué rico estaba!

   A partir de la comida del Jueves Santo me tomo la semana de forma más íntima y espiritual. Me gusta vivirla así. Oficios, visita a los monumentos,  alguna procesión,... Son días intensos en los que se duerme poco y Ferrol se transforma en una ciudad concurrida y animada. La gente que pasea, los cofrades, las bandas,... Te preguntas cómo puede una localidad cambiar tanto. Esta vez, con el tiempo tan bueno, fue genial. Para todos los gustos.

   El Viernes Santo siempre hago el potaje de garbanzos y espinacas. Es una comida tradicional que nos gusta. Es un día para pensar muchas cosas. Por la noche fuimos a la "recogida" en la plaza de Amboage. El Viernes Santo es como si, en cierto modo, se acabara todo. Se acaba, sí, y empieza todo otra vez el Sábado de Gloria.

   Y después de tantas cosas, el sábado yo quise comer fuera, al aire libre. Estuvimos en Ares y fue un verdadero descanso. 



   Y por fin llegó el domingo. Yo el sábado dije que quería algo fácil. Nada de cocina ni de trabajeras. Sugerí un brunch y a todos les pareció bien. Como el Domingo de Resurrección nos levantamos sin prisas, era para mí muy apetecible. Pasamos el sábado por Lidl y compramos zumo, arándanos, aguacates, unas salchichas que tienen muy ricas, quesos,... Lo que es comprar a capricho. No había beans pero no nos importó pues no era un full Irish, ni un full British,... Era un desayuno-comida que sí, le ha quedado el nombre de brunch pero también podría haber sido un desayuno hobbit. O un yo-qué-sé tardío, o temprano, según se miré. Esto nos quedó porque era el desayuno que tomábamos en Irlanda, A veces mejor, a veces más cutre, y nos hace gracia para los días festivos como el día de Reyes, que seguimos con esa costumbre, ahora invitados en casa de mi hija. 

   Lo del brunch, que es una tontada, os lo aconsejo porque para los jóvenes es divertido, no da mucho trabajo -un poco la recogida- y se puede variar muchísimo. Siempre pienso que incluir una tortilla de patatas sería perfecto. 


 

   Y como creo que de esto no hay más que decir, sería alargarse en vano, os dejo esta foto de la excursión que hicimos ese mismo domingo a cabo Prior. No hacía sol pero el lugar sigue siendo espectacular: La mar océana en toda su extensión. Qué belleza.

   No puedo poneros fotos de las procesiones porque las que hice salieron tan mal que las borré. Mi móvil no sirve para hacer fotos al atardecer y menos aún de noche. Así pues me despido. Ya he vuelto a la rutina y ahora tengo que pensar en aligerar la dieta para el verano. La primavera es lo que tiene: una dosis de realismo. Nos vemos pronto amigos. Bicos.

martes, 21 de marzo de 2023

Humus de aguacate


   Creo que decir que esto es humus es un poco exagerado. Lo que sí es cierto es que esta receta está basada en el humus y que en casa nos ha gustado mucho. Es muy fácil de hacer, sólo es necesario tener una batidora. Vamos con los ingredientes:

Medio bote de garbanzos cocidos (o uno pequeño)

Un aguacate maduro grandote

Un diente de ajo 

El zumo de medio limón

Aceite de oliva virgen

Sal

   


   Yo lo que hago con este tipo de garbanzos es enjuagarlos en un colador para que pierdan ese líquido espumoso y escurrirlos bien. El aguacate lo pelamos y cortamos. Llevamos todo a un vaso de batir, garbanzos, aguacate, diente de ajo e incorporamos el jugo de limón (colado y sin pepitas), el aceite y la sal. Batimos enérgicamente porque los garbanzos se oponen. Una vez bien batido, probamos de sal y esas cosas... Si está soso, si le falta limón... Y ya, una vez aprobado, pasamos a un recipiente mono y chato. Añadimos un chorrete de aceite, como un caminito, y adornamos con sésamo y, en mi caso, escamas de ají. Este ají tan mono que utilizo no pica absolutamente nada. Es un misterio pero queda muy aparente. En cuanto al diente de ajo, el tamaño según os guste el ajo, yo pongo una mediano tirando a pequeño. 

    También se podrían poner virutas de jamón serrano, si no tiene que ser vegano. El efecto óptico sería el mismo. En cuanto a poner o no tahini, lo dejo a vuestro criterio. No creo que le vaya mal pero yo no lo he puesto. En todo caso ya sabéis que es una pasta de sésamo que se suele poner en el humus tradicional. Yo he puesto el sésamo directamente.

   Para mojar hemos hecho varitas de zanahoria y apio. Yo no soy mucho de crudités ni de humus, ¿qué queréis que os diga?, pero este de aguacate me ha gustado bastante. En particular, nos pareció más resultón el apio. Y también me ha gustado, lo hicimos con lo que sobró, una tostada con esta pasta y una anchoa encima. La foto no la pongo porque salió espantosa y la borré. Últimamente las fotos me salen bastante desastrosas. 

   Os animo a hacerlo por rico, fácil y fresquito. También sano. Más bien es un aperitivo que puede ser parte de una cena de picoteo o lo que se os ocurra, según vuestro libre albedrío. ¡El libre albedrío me encanta!

   No tengo mucho más que contaros. Ha llegado la primavera, que yo la pedía a gritos y las cosas van mayormente como siempre, el gimnasio, la pintura, la familia, la vida,... Estuve leyendo el libro de Luz Gabás, Lejos de Luisiana, que me pareció sobre todo larguísimo. No está mal pero pensé que iba a profundizar más en la historia de Gálvez y es más bien una novela romántica. Es de lectura ligera así que, si os gusta leer, adelante. Y no me queda más por contar. A ver si no tardo mucho en volver a contaros alguna receta, que no creáis que estoy muy cocinillas... Muchas gracias por leerme, como siempre. Bicos.
 

martes, 14 de febrero de 2023

Pastelón de jamón y queso y diez años de blog


   Esta es una receta que no había hecho nunca. No sé por qué pero la cosa es que hace unas semanas había una masa que caducaba en la nevera y me dije, ¿por qué no? Si hay una familia aficionada a la béchamel es la mía. Creo que todas las semanas hago esta salsa una o dos veces, para lo que sea. 

   Dicho esto, sólo tenía una lámina redonda. Como somos tres gatos habitualmente me dije: Un calzone -lo que es doblar la masa como una empanadilla-. Con tanto "me dije" podéis ver que tengo un diálogo continuado y divertido conmigo misma. Me hablo mucho.



   La receta es fácil del todo. Preparé una béchamel con calabaza en cuadraditos como si fuera a hacer croquetas de calabaza. Lo de siempre, doramos la hortaliza y añadimos la harina. Dos cucharadas utilicé yo para este medio pastelón. La leche a ojo es lo que yo suelo hacer. Sal y pimienta, nuez moscada y que hierva unos 12 minutos. Es suficiente porque va a ir al horno. Sobre la masa ponemos el jamón, el queso en lonchas y la béchamel, que es mejor dejarla templar. Cerramos, pintamos con huevo batido y llevamos al horno a 180º unos 20-25 minutos. Pongo las cifras porque me parecen más fáciles de ver. 



   Este es el resultado. Queda bastante mono, ya sea medio o el pastelón redondo o rectangular, en cuyo caso cunde el doble. Lógicamente.



   Y en la foto de arriba podéis ver el aspecto de la béchamel, tierna y muy distinta de la que ponen, creo yo, en los pastelones que venden. Aquí hay una buena capa de béchamel cremosa y con un sabor muy de casa. La foto no es muy bonita pero se ve muy bien lo que quiero expresar. Para que os hagáis una idea. Está tan rico que nunca hemos podido tomarlo frío. Lo terminamos siempre. ¿Con qué acompañarlo? Buena pregunta. Si es un aperitivo, se toma tal cual, pero si es el plato principal, lo ideal sería una ensalada ligera. Es un plato contundente y calórico. Algo ligero es más sensato. Eso, si sois sensatos.



   Más cosas que contar. Hace menos de un mes, yo siempre en la luna, el blog cumplió diez años. Un amigo muy querido, José Luis, me hizo esta preciosa agenda para mis recetas. No sabéis cómo me emocionó este regalo totalmente artesanal. Es un artista. Como me dio permiso para compartirlo con vosotros, os enseño también el poema que escribió, dedicado al arte de la cocina, que es ciertamente un esfuerzo que produce un placer que no dura mucho tiempo. Efímero, pero que deja siempre un grato recuerdo. Qué bonito es que alguien cocine para nosotros con cariño y entrega. Y qué sacrificado puede ser. A veces recibes presentes que no sabes si mereces pero que, en cualquier caso, te producen una gran alegría por su llegada inesperada. Este es una de esas ocasiones. 


   Comentaros también que ya varias personas me han preguntado si he dejado el blog, que les da mucha pena, que no lo deje,... ya sabéis que no es mi intención dejarlo pero no me queda otro remedio que tomarlo con más tranquilidad. No quiero repetirme ni ser pesada con las recetas, los viajes, los libros,... Y cómo os podéis imaginar, mis comiditas de diario se repiten mucho buscando un poco de descanso en esta tarea que no tiene fin: Dar de comer. En todo caso, os agradezco infinito vuestro interés. Hace unos días encontré a una compañera de colegio que me dijo que me leía desde Madrid y que le hacía mucha ilusión. Imaginad la que me hace a mí. Tengo claro que este blog me ha dado muchas cosas. Más de las que podría imaginar y que agradezco siempre. 

   Creo que os había contado que estoy yendo a clase de pintura. Os dejo aquí una muestra. La playa de San Jorge con esa agua turquesa que la caracteriza. Estoy divertidísima con esto de pintar al óleo. Os digo que, para la edad que voy teniendo, la vida no deja de sorprenderme. Es lo que decía Chesterton, a la vuelta de la esquina puede haber una sorpresa. Yo he encontrado muchas. Ahora, aprender a pintar.



 

   Me despido por unos días. Contenta y agradecida. Soy una madre y abuela que cocina pero que también se divierte con muchas otras cosas. A la vida hay que buscarle el encanto, por más que haya temporadas difíciles y tristes. Lo peor es sentarse a esperar la felicidad. No resulta, hay que salir a por ella... Mil gracias una vez más por leerme y confiar en mi criterio cocineril.  Nos vemos pronto. Bicos.

miércoles, 18 de enero de 2023

Resumen de la Navidad 2022-2023


   Realmente he pensado que no me iba a sentar a contaros esto. Van pasando los días y cada vez parece que viene menos a cuento. ¿Qué hice estas Navidades? Eso mismo me pregunto yo. La verdad, algo muy parecido a todas las anteriores. Algunas fiestas las he celebrado con mi madre y hermanos y otras en casa, que son las que os cuento. Me gusta contarlo, escribirlo, porque yo mismo lo leo antes de los preparativos y compras de Navidad. Lo hablo con Johnny y los niños y decidimos. Los niños son mis hijos, claro.



   Siempre estamos de acuerdo en una cosa: Queremos vieiras. Este año estaban más caras pero no pudimos dejar de tomarlas. Hechas como ya sabéis. Últimamente he variado que ya no doro ni el jamón ni el perejil, que los pongo directamente sobre la vieira con unas gotas de buen aceite de oliva y una pizca de sal. Estuvimos todos de acuerdo en que estaban divinas. Creo que era su forma de ser. 



   El vino que usé para las vieiras, en la primera foto, Casal de Amón, lo encontramos tan rico que repetimos en Fin de Año, a pesar de que no es precisamente barato. Os comento que las vieiras las encargamos en Gadis y en Froiz, según el día, y eran de Cambados, frescas y limpias. Me parecen muy cómodas y ricas. No sé si se pueden encargar en otra época del año pero sería un puntazo que sí. 



   El consomé lo preparó Johnny y le quedó exquisito. Siempre nos gusta tomar un poco. Es de esas cosas un poco latosas por la cacharrada y las sobras pero nos encanta. 



   Preparamos también gambones al horno, los hizo mi hijo mayor, y quedaron buenísimos. Nos pasa en Navidad que siempre estamos un poco empachados de la Nochebuena materna y no comemos mucho. 



   Mi marido tiene miedo de que pasemos hambre y compró unos entrecots que tomamos el día 26, si no recuerdo mal, con un consomé de entrante. 




   Y volví a preparar el pastelón de pollo estilo moruno. Quedó espectacular, no debo decirlo yo pero bueno,... La masa era Buitoni y reconozco que estaba mucho más fina que la de marca blanca de otros años. La aconsejo completamente.



   No pudimos catarlo frío porque nos lo tomamos todo al mediodía. Es que quedó bárbaro. En el relleno puse, además de lo de siempre -ya me atreví con el agua de azahar- un poco de un curry que tengo que no sabe mucho a curry sino a ¿canela y anís? No sé, estaba genial. Exótico sin exagerar y muy fino. Siempre digo que tendría que hacerlo más veces al año.



   No faltó alguna que otra de mis tortillas de los viernes. Con alguna variación. Voy haciendo bastantes y quedan cada vez más ricas. Influye mucho, claro, la calidad de las patatas y los huevos pero estoy muy contenta con el resultado. 



   Y llegamos a Año Nuevo, que fue la fiesta grande de casa. Por fin todos y por fin la pularda. ¿Qué queréis que os diga? Me esmeré tanto que casi me desilusionó el resultado. Había también coles de Bruselas con jamoncito, que le encantan a Johnny. Pienso que a veces queremos hacer demasiadas cosas y llegamos sin hambre al plato principal. Con la mesa me pasó un poco lo mismo, cubertería nueva pero no me quedó tan mona como quería. Quizás cansancio...



   Y aquí dos primeros plano de la pularda con sus acompañamientos. 



   Ya sabéis que los postres navideños los compramos. Lo que más nos gusta son los pasteles de yema y gloria, el pan de Cádiz, los polvorones del Toro (de la Vega) y alguna cosilla más. No nos complicamos mucho pero yo me forro con los pasteles. No sabéis cómo me gustan.



   Un día, tenía un montón de ternera cocida en la nevera y me puse a hacer croquetas. Estaba tan cansada que yo misma pensaba en el poco sentido -común- que tengo. Pero de todo se sale.



   Por fin llegó el Día de Reyes y nos invitaron a un brunch riquísimo. Ya sabéis que es un desayuno-comida. A mí me tocaba hacer el roscón, conste que me ofrecí. Hice la masa temprano y la mandé a la nevera toda la noche, como hago siempre. La nevera es nueva, más intrépida, y la masa salió como entró, sin levar. Me entró pánico. Porque el mío era el único roscón que había. Lo que hice fue darle forma e irme a Misa. No por el levado, sino porque era festivo. La cuestión es que el horno arregló todo. Subió y quedó tierno y rico. Le puse poca fruta pero el año que viene le pondré más, resulta que ahora sí les gusta. Es así la vida. La receta es la del año 2016. No me puedo quejar del resultado.



   Como veis en la foto, subió bastante. Menos mal, a veces me pregunto por qué me meto a panadera...



   Y sólo queda por contar que en San Julián hice un poco de arroz con leche, tradición ferrolana, que en casa gusta a pocos. Lo hubiera comprado pero se me olvidó. El de Mercadona, sin ir más lejos, me chifla.



 

   Y hasta aquí este relato tardío de mi Navidad pasada. Hubo un poco de todo. Salimos poco y hasta estuve resfriada y algo febril algún día. Lo más lío... Las compras a lo loco que es algo que no me gusta hacer porque ese lado femenino no lo tengo ni lo tendré. Me aburren todo. 

   Creo que no queda más por contar. Sigo con mis cosas, mis tortillas, mis arrocitos y todo aquello que suelo hacer a diario para no complicarme la vida demasiado en los fogones. Ya son casi diez años de blog y más de treinta de jugar a las casitas. Creo que he cocinado para varias existencias. A ver si os cuento pronto alguna cosa de las que voy haciendo. Incluso os puedo enseñar alguna de mis pinturas. Nos vemos en unos días. Bicos.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Empanadillas portuguesas de jamon y champiñones


   Creo que ya os he comentado alguna vez que en casa se llaman empanadillas portuguesas las que llevan béchamel de relleno. No sé si es muy cierto que las empanadillas en portugal son así pero son esas cosas de familia que uno no discute. Tienen ventajas, a la hora de hacerlas, si compras la masa preparada, por ejemplo Buitoni... Y es que no tienes que ponerte a formar y empanar croquetas. El proceso que Carmen llamaba liar: "Aniña, ¿me ayudas a liar las croquetas?" Que yo creo que eran un centenar.



   Esto es casi lo mismo. Preparamos una béchamel, de lo que nos de la gana, en este caso quedaban unas setas y tres lonchas de jamón cocido medio tristes en la nevera. Lo que hacemos es poner a dorar los champiñones y el jamón picaditos en la sartén. Añadimos 50 gramos de harina y removemos hasta que se haga la harina un poco, sin cambiar de color. Separamos del fuego y añadimos la leche poco a poco sin dejar de remover. Volvemos al fuego y dejamos hervir suavemente hasta que espesa. No necesita hervir tanto rato como la béchamel de croquetas, 12-15 minutos serán suficientes. Yo las salpimento y, en ocasiones, si pega, pongo un poco de nuez moscada. La béchamel admite bastante sal.



   Dejamos enfriar. Si os fijáis en la foto superior, no es una béchamel excesivamente poblada. A mí me gusta que la béchamel tenga más protagonismo que los tropezones porque es lo que realmente me gusta. Eso ya va en gustos.



   Rellenamos las obleas, con una cucharada sopera, más o menos. No hace falta darle una forma preciosa. Con esta cantidad podemos rellenar unas 32 empanadillas. Tened en cuenta que no se pueden rellenar muchísimo pues tiene que haber holgura para cerrarlas.



   Pintamos con huevo batido y llevamos al horno unos 15 minutos a 180-200º según sea el horno. Si es muy arrebatador, 180º y vigilando que no se nos quemen. El mío, quiero decir mi horno, es corriente. No es fácil quemar nada. Algunas las adorné con sésamo, que no deja de ser una tontada.



   Y os dejo, como despedida, una foto de un paseo que dimos hace varias semanas por Jubia. Hacía una tarde preciosa y, de pronto, se puso a llover y tuvimos que salir todos corriendo.  Fue curioso.

   Respecto a las empanadillas, que también dieron para unas croquetitas de cena pues sólo tenía 16 obleas, estoy pensando llevarlas para la fiesta de fin de año de gambitas al ajillo, la béchamel, si me da la vida. Es una cosa fácil pero en casa les gustan como de fiesta. Es que quedan muy ricas, la verdad. Y hasta aquí he llegado. Voy a compartir en la página de Facebook algunas de las recetas navideñas del blog para dar ideas y ya nos veremos por aquí espero que antes de las fiestas. Estoy tan entretenida que no doy para mucho más. Ahora he empezado a pintar al óleo. Os digo que es una cosa loca mi vida. Doy gracias a Dios por ello. Nos vemos pronto. Bicos.
 

martes, 8 de noviembre de 2022

Gijón y Avilés


   Aquí estamos... He tenido unos días tan entretenidos que me ha costado encontrar tiempo para contaros este breve viaje que hemos hecho a Asturias. Hacía casi treinta años que no visitaba estas dos ciudades del Principado, pues a Oviedo hemos ido en más ocasiones. Nos surgió y allí nos fuimos. Empezó nuestro viaje en Gijón, pues allí pernoctamos. 

   No tenía un recuerdo muy claro de Gijón más allá del puerto y la playa. Es una ciudad muy antigua, que fue romanizada , civitate Gegione, y podemos ver algunos restos de esta historia. Sin embargo, la verdad, a simple vista nos encontramos con una ciudad moderna, con una playa impresionante, la de San Lorenzo, y un comercio que quién se lo diera a Ferrol. La primera foto, es la playa de noche. Me gustó mucho dar un paseo nocturno por la arena. Había muchísima gente, muchísimos perros,... Y la temperatura era estupenda. Siempre digo que envidio las ciudades con playa. En el caso de Gijón es una playa magnífica. Llena siempre de gente. Es realmente bonita. 


   Al oeste, hay una nueva playa artificial, la playa de Poniente. Estuvimos comiendo por allí el primer día. En Tierra Astur. Tomamos quesos sobre tortos, tortu en singular, y un cachopo que nos sirvió de comida, merienda y cena. El sitio muy agradable y la comida brutal. Quiero decir con esto que muy rica y absolutamente saciante. Una experiencia. 



   La playa por la mañana es también preciosa. Al fondo la iglesia de San Lorenzo. En la península de Santa Catalina se encuentra el barrio de Cimadevilla, que es la zona más antigua de la ciudad, pero antes de llegar hasta allí, damos un paseo por la playa. 



   Hay algunas casas realmente bonitas, pero no es así todo el conjunto. Como en todas nuestras ciudades, nos encontramos edificios preciosos rodeados de enormes torres de pisos. ¿Qué le vamos a hacer?, es el progreso. Lo mismo que en La Coruña y Riazor, muchos edificios altos desde los que sin duda será muy hermoso ver el mar y la playa. 



      Nos dirigimos al otro lado de la península, al Puerto Deportivo de Gijón. Lo primero en lo que me fijo es en el impresionante Palacio de Revillagigedo. 


 

   Y el Puerto Deportivo, en ese día entre gris y azul tenía el agua un color precioso. 



   Vale la pena darse un paseo para ver todo el conjunto. 



   Después nos dimos un buen paseo por el centro. La Calle Corrida, peatonal, es la quizás la más conocida. Nosotros nos movimos por toda la zona, nos acercamos al Mercado e hicimos alguna compra. Hay muchos edificios de principios del siglo XX, creo yo, y también ejemplos de arquitectura modernista. No hice ya muchas fotos porque... eran ya muchas para mi móvil. 



   Nos dirigimos a continuación a Cimadevilla, donde comimos. Es un barrio pintoresco. Con rincones muy bonitos. 



      La foto de abajo, si no me equivoco, es el Museo Jovellanos. Es su casa natal. Uno de los más ilustres asturianos y un ilustrado.



 

      Ya de regreso del paseo, que fue muy largo, nos encontramos la playa con marea alta. Nos quedó de Gijón un recuerdo muy grato. Como yo no me acordaba de casi nada, me sorprendió mucho. Tan grande, tanta gente joven, un ambiente tan agradable. Me gustó mucho ir aunque temo que no vi ni la mitad de las cosas. Volveré.



   ¡Que no se me olvide! Esa tarde fuimos, para descansar un poco de la caminata, al Parque del Cabo de San Lorenzo. Cada cabo tienen su santo. A ver si averiguo por qué. Yo de este parque tenía un recuerdo de ir con los niños y mis hermanos a pasar el día. Lo encontré tan distinto... que me doy cuenta de cuánto nos engaña a veces la memoria. Desde allí, escultura incluida, hay una vista preciosa de la ciudad de Gijón. Era un atardecer fresco y bonito, el único rato en el que pasé algo de frío. También comentaros que nos hospedamos en el Parador, que está en el parque de Isabel la Catolica. Se contruyó sobre un viejo molino y estuvimos allí divinamente. El parque... bueno, tiene un estanque de aves que no he visto cosa igual en mi vida. Vale la pena acercarse a verlo. 



   Al día siguiente nos encaminamos a Avilés. En esta ciudad viví algunas semanas hace ya... treinta años, bueno, fui en varias ocasiones. Las fotos se han subido justo al revés de como yo las hice. Así que empezamos por el Parque del Muelle. 



   Una cosa curiosa es que yo me acordaba perfectamente de que allí estaba el Adelantado de La Florida, don Pedro Menéndez de Avilés que, efectivamente, reconquistó La Florida a los franceses en 1565.

 


   Al pasear por las calles de Avilés, sorprende la gran cantidad de patrimonio que tiene. El siguiente es el Palacio de Camposagrado, de estilo barroco, que hoy es una escuela de arte. 




   Está lleno de rincones encantadores. Aunque me falten nombres y datos, os digo que es un placer el paseo por la ciudad antigua.



   El Palacio de Ferrera es hoy en día un hotel, el Gran Hotel. Es un edificio del siglo XVII.




 Y otro palacio, el de Llano Ponte, que es en realidad un edificio indiano construido en el siglo XIX y que ha sido vivienda, colegio, convento y hasta sala cinematográfica. Lo que son las cosas. 



   La calle Galiana es quizás la calle más recordada por los visitantes. Famosa por sus 252 metros de soportales, tiene distintos pavimentos, para caballerías y viandantes. Yo recordaba un Avilés tristón, ennegrecido por el carbón. La verdad es que ahora sus calles están preciosas. Sus calles y sus plazas. 




   Y me queda hablaros del Parque Ferrera. Pertenecía, lógicamente, al Palacio Ferrera. Pasó a ser un parque público en 1976. Yo recuerdo ir con mis hijos, muy pequeños y es realmente bonito. Faltan montones de cosas por comentar, fotos que no hice y cosas que no habremos visto en nuestro rápido paseo. Por ejemplo, no hice foto de la Iglesia de San Nicolás de Bari, que sí visitamos. En su mayor parte es del siglo XIV y tiene un claustro adosado. Fue en principio de la orden franciscana. Me gustó mucho. 

    Como esta breve visita a Avilés, era más bien sentimental, de recuerdos entrañables, no puedo deciros que haya sido ordenada ni demasiado cultural. Tengo que volver con más tiempo a ver todos esos preciosos rincones. Decir también, que como tantas ciudades, perdió su muralla medieval y supongo que algunos edificios históricos. Nos duele el alma a algunos de pensarlo pero es la historia de las ciudades. Me sorprendió hace unos meses un artículo en el que se contaban cuántas iglesias románicas perdió Zamora... Y tiene muchísimas.

   Cosas curiosas. Los avilesinos, como los ferrolanos, consideran que su ciudad está edificada de espaldas al mar. Aunque las rías de Avilés y Ferrol no se pueden comparar. Ni las dos ciudades. Gijón, como La Coruña, es una gran ciudad con una magnífica playa y hay quien efectivamente las compara. Y si seguimos por esta senda, podríamos decir que Oviedo y Santiago, que tampoco se parecen en nada, son ciudades de interior, históricas, tienen Catedral y ambas forman parte del Camino de Santiago. Es más, hay un dicho que dice: 

El que va a Santiago

Y no al Salvador,

Visita al criado

Y deja al Señor.


   Se refiere, claro está, a la importancia de visitar la Catedral de Oviedo, del Salvador, cuando se hace el Camino de Santiago. 

   En fin, las comparaciones son odiosas... pero no he podido evitar pararme a pensar esto. 

   Me detengo ya porque si no, no voy a terminar nunca. Yo tengo ancestros asturianos por parte de madre así que puedo considerar que Asturias es un poco patria querida mía y, como ellos mismos dicen: Asturias es España y lo demás, tierra conquistada. Nada más amigos. Siento el lío que me he hecho con todo. No es tan fácil. Bicos.