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Mostrando entradas con la etiqueta Masas y pastas. Mostrar todas las entradas
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martes, 8 de febrero de 2022

Crêpes como canelones


   Es un poco complicado poner título a esta entrada para que nos entendamos bien al buscarla -y encontrarla-. Es una receta de casa que había olvidado. Quizás la hacía una de mis tías de Madrid. Grandes cocineras todas ellas y ferrolanas de origen. Yo misma, con el tema de los panes ácimos, llevaba sin hacer crêpes normales mucho tiempo. Os digo que es mucho más sencillo esto que amasar, estirar,... Y, acordándome, me puse a ello. 

   ¿Cómo hacemos los crêpes? sí, ya sé que en francés son en femenino pero qué queréis que os diga, yo en español los nombro así. Para hacer la masa necesitamos:


Un huevo

Una taza de harina

Una taza de leche

Una cucharada de aceite

Sal


   Esto es facilísimo. Batimos con la batidora de mano. El otro día oí llamarla batidora de inmersión. Me quedé pampa. Una vez batido, si lo encontramos muy espeso, añadimos un poco de agua, un chorrito y removemos. Pueden ser más o menos finos, acordaos de los freixós y las filloas, pero no es necesario que sean taaaan finos si ello nos complica la existencia. Quiero decir con esto que si no son tan finos les podremos dar la vuelta con una espumadera, en vez de utilizar los dedos, y que serán más fáciles de manejar. Sin agobios.



   Se deja reposar la masa un ratito y se hacen los crêpes en una sartén ligeramente engrasada por los dos lados. Fuego medio-alto. Según sean los huevos -el huevo- quedarán más o menos bonitos y amarillos. 

   Se pueden hacer varios rellenos. El primero que hice yo fue un pisto con: 

Una cebolla

Un pimiento de freír

Un tomate pelado

Un calabacín

Romero y tomillo, 

Una hoja de laurel

Procedemos como con cualquier pisto, doramos las hortalizas y espolvoreamos con una pizca de finas hierbas para darle un toque Ratatouille... Una vez listo el pisto, añadimos dos latitas de bonito o una, si es grande. Me refiero a grandecita. Es un relleno muy rico para cualquier cosa: empanadillas, lasagna,... Ya hemos hecho cosas muy parecidas. 

   Vamos rellenando los crêpes con una cucharada de la mezcla y los colocamos en una fuente de horno ligeramente engrasada. Con esta cantidad salen unos 10 o 12. 



   Hacemos un poco de béchamel. No hace falta que estén muy cubiertos porque son muy ricos y si se doran se ponen ligeramente crujientes. Yo pongo a dorar una cucharada de harina en aceite de oliva. Después añado la leche, puede ser un vaso pero lo hago totalmente a ojímetro. Salpimentamos, ponemos una pizca de nuez moscada y dejamos hervir y espesar a fuego suave unos 10-12 minutos. ¡Cómo agradezco haber aprendido mecanografía en mi juventud! Seguimos... Cubrimos los crêpes  -les crêpes- espolvoreamos con queso rallado y llevamos al horno hasta que se doren. Quedan riquísimos, no es por nada.



   Hoy mismo los repetí con algunas variaciones. En primer lugar, la béchamel llevaba espinacas. Cuando casi está lista, incorporo dos o tres medallones de espinacas congeladas. Las compro en Mercadona y ya vienen listas. Quiero decir que son espinacas picaditas. 



   Mirad que aspecto tan rico. Como os dije, los crêpes se doran donde no ha llegado la béchamel y quedan muy agradables. Delicados.



 

   El relleno de hoy, carne picada y carne de cocido... Restos que había en mi nevera de cocinera tacaña. Las hortalizas, en este caso eran: cebolla, pimiento y berenjena. Un poco distinto, sin llegar a querer ser pisto. En este caso era queso en polvo que, definitivamente, me gusta mucho menos. Pero estaba también muy rico el conjunto. 

   Os cuento las dos opciones porque es lo clásico que, si dejo los segundos para otro día, pasarán seguramente al baúl de los recuerdos y, ¿qué queréis que os diga? Me gusta contaros cosas que os puedan agradar, ser útiles, ser económicas. Es mi vida así y la comparto sin rubor. Hay que saber aprovechar al máximo, dándose el caso de que nos encontramos con platos sabrosos, caseros y sanos, dentro que lo que puedan engordar, eso ya es aparte... ¡Qué desgracia!

   Este es pues el sentido de este blog, ayudar con ideas y explicaciones en la ardua tarea de alimentar a la familia. A mí es lo que más me gusta de las tareas de casa. Supongo que se nota. Si se varía, cocinar puede ser muy entretenido y un reto diario. 

   Y este blog mío, que no va mal, va más lento que antes cuando le dedicaba tantísimas horas. Pienso que gran parte del trabajo ya está hecho y está bien poder llevarlo con más calma y relajo. Me gusta pero no me agobio. Pocas veces hay comentarios, así que no me siento obligada a estar demasiado pendiente de él, salvo cuando publico. Sí, son muchas visitas pero son también muchos años. Nueve años de blog va a hacer estos días y tengo que reconocer que a mí misma me parecen muchos. Muchísimos. 

   Entre los países que más me visitan, mirando los últimos seis meses, que hay otras opciones, están España, Estados Unidos, Irlanda, Alemania, Japón, Argentina,... Y tantos otros que me llevan siguiendo muchos años con fidelidad. Os doy las gracias de todo corazón. Por aquí seguiré mientras pueda. Tengo varias recetas pendientes de subir y espero ir haciéndolo poco a poco. Gracias por vuestra paciencia y cariño. Esta es una de las aventuras de mi vida que ha salido realmente bien y me hace sentir feliz. Bicos.

martes, 11 de enero de 2022

Navidad 2021-2022


   Aquí estamos... De verdad que ha sido una Navidad tan intensa que pensé que no iba a volver a escribir más en el blog. ¡Qué disparate! No os voy a decir que no lo haya pasado bien, que sí, pero me he sentido cansada, llena, ahíta,... No cabe duda de que los años pasan. 

   Os voy a contar un poco, por encima, cómo pasamos nuestras fiestas cocineriles. La Nochebuena fue homérica y al día siguiente, Navidad, no quisimos más que consomé, vieiras y gambones. Teníamos unas carnes que dejamos para otros días. 



      Puse la mesa sencilla, sin mucho ánimo de complicarme, y eso fue lo que tomamos. El consomé lo hizo Johnny y quedó riquísimo. Las vieiras creo que estaban espectaculares, seguramente mérito de ellas. Es verdad que eran frescas y que utilicé un vino de Albariño delicioso. Esta vez no doré el jamón, lo añadí directamente sobre la vieira, con sofrito de cebollita, pan rallado y vino, con un poquito de perejil fresco, un hilo de aceite de oliva y unas escamas de sal. Unos minutos de horno y nos chiflaron. Los gambones también estaban buenísimos. Son cosas que es raro que fallen. 



   Un primer plano de las vieiras que, ya digo, nos encantaron.



   Por en medio de estas cosas, mis hijos me pidieron algún bizcocho. Eran de yogur aromatizados con ralladura de limón, cubiertos de pepitas de chocolate y almendras,... Esas cosas que ya sabéis que hago y me gusta hacer. 



   Una novedad de este año fue que preparamos el consomé con pechugas de pollo. Al no haber huesos casi, fue muy limpio todo. Y, por supuesto, no pudo faltar el pastel de pollo estilo moruno, que ahora no estoy segura si fue el día 26 o el 27. Estaba riquísimo pero yo creo que llevaba pollo de más. Siempre pasan estas cosas.



   Aquí lo veis por dentro. Que yo pienso que con menos relleno está mejor pero así quedó.



   Todavía me quedaban carnes del caldo y preparé unas croquetas. No me gusta que se vayan de vuelta sin haber tomado croquetas caseras. Ya veis qué rico el punto de la béchamel, aunque a mí estas croquetas de carne cocida no son las que más me gustan,... me siguen gustando. Croquetera number one.



   Una novedad, no novedad, fue que me acordé del pastel de brie con masa de pan y lo preparé varias veces. Quedó muy rico y es tan fácil de hacer como cualquier otra cosa que lleve masa casera. Yo pensaba: ¿Por qué me había olvidado de esto? Con lo queseros que somos. También tomamos ensalada de ahumados en varias ocasiones.




   Llegó Año Nuevo y, otra vez, un poco empachados del Año Viejo. Bueno, pues Johnny preparó el salpicón, que se me desmoronó un poco al presentarlo, y quedó exquisito. Otra vez tomamos vieiras y, por fin, la pularda de Navidad, que fue pularda de Año Nuevo. Para que pudiéramos tomarla todos. Yo creo que quedó muy bien pero, después de los dos entrantes, me encontré sin apetito. Me he dado cuenta de que ya no puedo cenar y comer tanto dos días seguidos. Lo que os decía de la edad. Abuelísima.



   De la pularda no tengo foto mejor, aquí está ella con su guarnición, que es casi más rica. Era muy grande y, pienso, que no hace falta tan grande. La receta es la de siempre estos últimos años.



   Y volví a repetir el brie con una tortilla con béchamel que os tengo que contar porque fue la novedad que se me ocurrió últimamente y nos ha chiflado a todos. Por si la tortilla no fuese bastante suculenta. Queda deliciosa. 



   En la foto de la ración se percibe que era paisana. La voy a subir un día porque, aunque bien se ve lo que es, puede que alguien se despiste. Además, la presentación queda muy vistosa con el jamoncito. 



   Y llegamos al final. La culminación de estas fiestas es hacer un roscon de Reyes. Pues este año no lo hice el día 6, sino el domingo. Pasé un día de Epifanía descansado y magnífico. Soy muy afortunada. Pero el domingo, me dio pena no haberlo hecho y preparé la masa después del desayuno. Todo lo que lleva el roscón es fácil y suelo tenerlo así que sólo fue decidirlo. No es porque lo hiciera yo pero quedó muy rico, tierno, aromático y no demasiado dulce. Le puse menos azúcar de lo normal. Es lo bueno de cocinar en casa. Haces lo que quieres y te da la gana.



 

   Aunque la foto está borrosa, me estoy especializando en este tipo de fotos, veis que la miga quedó muy bien. Si me quedará siempre así me daba con un canto en los dientes. Bueno, no. Quiero decir que fue de las veces que el roscón se portó de maravilla en todos los aspectos. Y lo hice de memoria. 

   Hasta aquí llego con este resumen de una Navidad que tuvo muchos momentos de incertidumbre, de tests, de ausencias, de encuentros. Yo creo que fue buena, aunque no como aquellas de antes. Sólo puedo deciros que espero que las cosas vuelvan a ser como fueron y que yo, de momento, no me puedo quejar de lo mío. Doy gracias a Dios por tantas bendiciones. Os mando un saludo cariñoso con los deseos de un 2022 muy dichoso. Bicos.

jueves, 4 de marzo de 2021

Tortas de pan sin levadura


   Esta receta la he visto hacer en varios vídeos diferentes. Sería como unas tortitas tipo mejicano u oriental. Lo que me encanta es que se hacen volando y, prácticamente necesitamos harina y agua. He visto distintas proporciones, igual peso o mayor cantidad de harina, como he hecho yo. En cualquier caso, salen ricas y son sencillísimas. ¡Ah! y se hacen en la sartén en minutos. Voy a daros la proporción que hago últimamente:

150 gramos de harina

100 gramos de agua

Una cucharada de aceite

Una cucharilla de sal

   El único misterio de esta masa es que calentamos el agua casi a punto de ebullición y la vertemos sobre la harina, que está en un cuenco, y removemos bien, incorporamos también la sal y el aceite y ya sólo queda pasarla a la encimera. La masa estará caliente, cuidado, no os queméis. Amasamos hasta formar una masa suave y dejamos reposar diez minutos.



   Después hacemos un cilindro y lo cortamos en seis trozos. Depende un poco del tamaño que hagamos las obleas. Pueden salir entre seis y ocho. Estiramos con ayuda de harina y formamos láminas de masa. Cuanto más monas, mejor. No siempre quieren.



   Veis aquí que el estirado es fino. Estas láminas las hacemos en una sartén. Fuego entre medio y alto. A según la sartén... Necesitan cuatro vueltas. Empiezan a dorarse, vuelta... siguen dorándose, vuelta. A la tercera empieza a hincharse, a veces por completo y otras en globulitos. No importa mucho porque no es pan pita sino tortas de pan para enrollar o doblar. En poco más de un minuto se hace cada torta. 



   Después, las podemos rellenar, por ejemplo, con aguacate y pollo, un suponer,... O utilizar como acompañamiento de cualquier plato que nos pueda gustar. Como el pan ácimo del cordero de Pascua. 



  

   Hoy mismo las tomamos con un revuelto de secreto y champiñones con soja y miel y estaba de lo más agradable. No es una cosa nada cara, claro, pero más barato es comprarlas hechas. Lo que sí sabemos es que están muy ricas y no llevan ni conservantes ni aceites raros. Como pasa con todo lo casero. 

   Las próximas semanas voy a estar muy liada y no sé si podré hacer mucho caso al blog. Esta receta había prometido subirla, es muy simplona, y aquí queda. Si sois de masas, os puede divertir probarla. Yo la hago con bastante frecuencia cuando no tengo pan. Esta o la de las pitas en sartén. No me da ninguna pereza hacerlas porque son muy fáciles. Os dejo por el momento. Nosotros seguimos bien. Aburridos de narices pero aparentemente sanos. Os deseo lo mismo a vosotros. No aburrimiento, sino salud. Bicos.


miércoles, 13 de enero de 2021

Pan pita casero


   Después del confinamiento del año pasado, que fue tremendo, he investigado un poco el tema del pan en sartén. Os había dicho que iba a subir unos panes ácimos, sin levadura... pero por en medio he encontrado estas pitas de sartén en internet y me han parecido más divertidas de compartir. No más difíciles, aunque sí tienen tiempos de levado, lógicamente. Más adelante os contaré las otras que son más sencillas pero estas me han parecido más ricas y más completas. Más paneras de textura y sabor. Así pues, os las voy a contar tal y como las he hecho. 

   los ingredientes son:

3/4 de vaso de agua tibia

Un trocito de levadura de pan tamaño dado

Una cucharilla de sal

Un chorrete de aceite de oliva

Unas dos tazas y media de harina (aproximadamente)



En un cuenco ponemos el agua tibia, el trocito de levadura -yo la tengo congelada así que es interesante que el agua esté templada para que se disuelva bien-, la sal y el aceite. Añadimos la harina y vamos removiendo con una cuchara hasta que se empieza a formar una masa que se separa de los bordes. Pasamos a la encimera y trabajamos unos 7 minutos. Lo de la taza no es a boleo. Es una taza -one cup- de medir. Quiero decir que son 150 gramos de agua y de harina 120 x 2,5 aproximadamente -unos 300 gramos o algo más-. Ya sabéis cómo es esto de la harina. Empezamos a trabajar y si está muy pegajosa, añadimos un poquito más. Pero tened en cuenta que el primer amasado siempre es más pegajoso y pesadiño. A la segunda vuelta, la masa se porta mejor. Una vez amasada, formamos una bola

   Mojamos las manos con unas gotas de aceite para untar la bola de masa con ellas para que no se cuartee y la dejamos reposar hasta que doble su tamaño. Como hace un frío que pela... Podemos hacer la masa después de desayunar y dejarla abandonada hasta el mediodía. No necesita compañía ni conversación. La tapamos con un paño o con film de cocina. 


   Quiero deciros que la bolita de masa es más bien pequeña y que la primera foto de la masa es ya levada. Con todo, formamos ocho bolitas que nos van a dar para ocho pitas. Yo las he hecho a ojo pero se pueden pesar si queremos que estén muy iguales. Las volvemos a abrigar y las dejamos reposar unos 45 minutos o hasta que hayan engordado al doble. Esto en verano es más rápido.



   Cada bolita la vamos a estirar con abundante harina con ayuda de un rodillo. Girándola para que quede redondita. De unos 2-3 milímetros de espesor aproximadamente. Se me pasó hacer la foto de las obleas crudas. Siempre pasa algún imponderable...



   Y aquí tenéis la foto de la masa en la sartén, ya hinchada. La sartén caliente sin exagerar. En mi cocina es el 6,5, es decir, con calor pero no al máximo (el máximo es el 9). la ponemos de un lado, empieza a coger volumen y en menos de un minuto le damos la vuelta. Otra vez igual y, a la tercera vuelta, se hincha dejando un hueco en medio, lo que es una pita. Le damos una cuarta vuelta para que se dore un poquito más.

   Puede pasar que la primera no se infle, por no tener la temperatura adecuada, pero se forma un bollo chato muy rico. Quiero decir que no lo tiréis si no sube porque está igualmente muy bueno. Yo creo que el lío puede ser coger el punto de la temperatura, que va a depender de la cocina y de la sartén que usemos. Es tener un poquito de paciencia.




   ¿El resultado? Muy rico, muy casero, tremendamente panero en cuanto al sabor. Ya sabéis que las pitas que venden, lo mismo pasa con las tortitas, siempre tienen un toque de no sé qué, que no es como lo de casa. Esto es mucho más sano y natural. Si sois agitadores de masa como yo, os animo a hacerlas porque son realmente agradables para sustituir el pan si no tenemos oportunidad de comprarlo. O si nos apetece salir. No digo yo que nos vayan a encerrar otra vez ¿quién lo sabe? Pero me hubiera gustado tener esta receta en marzo para hacerla muchos de aquellos días que estábamos a pan de molde o haciendo bollitos al horno. Total, todo es un poco parecido pero la luz... la nuestra es la mejor de Europa y del mundo mundial. Lo digo por el precio.

   Las fotos sé que no están muy bien. Me doy cuenta de que voy a tener que ponerme las gafas de cerca para hacer fotos y bueno... es una cosa más en este mundo de pequeñas dificultades en el que una vive. ¿El resumen de Navidad? Queda pendiente. A ver si lo pongo la semana que viene. Me da pereza porque tengo que subir muchas fotos e ir comentando todo, que me lleva bastante rato pero... peu à peu, las cosas irán saliendo.

   Las Fiestas fueron muy diferentes, más chiquitas y recoletas, pero no puedo decir que no lo pasáramos bien. Desde luego fueron más íntimas pero esto os lo comentaré en el resumen, si Dios quiere, la semana que viene. 

   En cuanto al pan de pita, pues como todo, os animo a intentarlo. Yo lo he hecho un par de veces y me parece una cosa rica y barata de hacer. Para la hamburguesa de arriba, que era regordeta, quizás resultó un poco fina la textura del pan pero de sabor ya os digo que muy rico. Y muy tierno. Por aquí seguiremos, a ver qué nos trae don enero que da miedito. De momento, los gallegos a las diez en casa. Estoy recordando que de joven, salía a veces a las diez de casa. Pues así estamos... Cuidaros mucho queridos amigos. Bicos.

martes, 22 de septiembre de 2020

Caldo oriental y pan al vapor


   Otra vez a vueltas con el ramen. Estuve en Madrid, ya veis qué osada, y probé el pan bao. Es un pan de trigo que se cuece al vapor, de origen chino. Creo que hay multitud de recetas. La que yo he probado era más o menos un pan normal de agua, harina y levadura con algo de aceite y azúcar. Fijáos que lo hice sin sal porque no salía en la receta que vimos y después he visto otras que sí llevan sal (ya me parecía a mí raro). Un lío todo esto. Pero no es del pan bao de lo que pensaba hablaros, no del pan bao en sí mismo, si no de la posibilidad de cocer pan al vapor. 

   Cuando volvimos de Madrid, estábamos muy interesados en este tipo de pan porque nos gustó mucho. Es diferente al no estar dorado, la miga igualmente tierna. Entonces... miramos en You Tube. Es donde veo este tipo de cosas. Por en medio de lo del pan, una receta de ramen. Yo el ramen ya lo hago a mi manera y nos encanta pero apareció una receta de caldo estilo oriental y me encantó porque básicamente es un caldo normal con jengibre y ajo. Entonces puse a cocer:

Unas carcasas de pollo

Dos zanahorias peladas

Unas ruedas de jengibre con su piel

Dos dientes de ajo chafados

Agua y sal. 

   Esto es como hacer un consomé. Lo único... que no tenía puerro en casa y no lo puse. Queda un caldo algo exótico pero muy rico. Bueno para un ramen, para mojar una receta oriental de setas o de cualquier carne,... Y, claro, para una sopa de tapioca, de sémola de arroz, de fideos,...

   Todo este lío fue hoy y le dije a Pedro: "Voy a hacer unos bollos al vapor para acompañar el ramen". Yo soy así, alocada. Hice una masa con un vasito de agua tibia, un trocito de levadura, aceite de girasol y azúcar -ya os dije lo de la sal-. Disolví todo y añadí harina a ojímetro mezclando maizena y trigo porque quería una masa bien blanca. Decidí no hacer panecillos doblados sino bollitos y dejé a mi hijo encargado de la cocción al vapor. ¿Al vapor?



   Como no tengo vaporera y el primer intento de pan bao con tartera, colador y una tapa que no encajaba demasiado bien fue un fiasco. La segunda tanda la hicimos en el horno. Esto es anterior al día de hoy y luego os lo explico. Pues bueno, los bollitos fueron al horno en la rejilla, debajo la bandeja con agua y tapados con papel de aluminio unos 20-25 minutos a 180º. Salieron muy bien, blanquísimos y de miga prieta -recordad la harina de maíz- pero muy tierna. Siento que la siguiente foto saliera tan mal. Es un rollo esto de hacer fotos hambrienta. 



   En cuanto al ramen, pues quedó muy sabroso con este caldo tan rico e intenso. Os recuerdo que a veces echaba mano del caldo de bote pues el ramen ya es de por sí elaborado. Esto ha sido bastante más rico, ¿qué voy a decir?



   Y de vuelta al pan bao, domingo por la tarde, estos salieron del horno blanquitos y bastante ricos aunque nada perfectos. Me divirtió hacerlos pero quedaron muy mejorables.




   Rellenos con lo que había... Un pan blanco, tierno y con una textura por fuera muy distinta del pan horneado tradicional. Son cosas para un día especial que nos sintamos con ganas de novedades.



   El aspecto del caldo es igual que cualquier consomé que, por supuesto, se puede desgrasar... o no. El punto de sal es personal e importante. Si los huesos llevan algo de carne, quedará más sabroso.



 

   Y he encontrado, menos mal, una foto en la que se ve mejor el bollo de hoy. Ya veis que por fuera se ha dorado ligeramente. Es un fallo de mi método de vapor al horno pero os digo que me da bastante lo mismo. Nos encantaron y no le voy a dar más vueltas.



   Aquí queda esta entrada que nos lleva bastante lejos. Es curioso porque nos divierten bastante estas canfurnadas orientales y vamos haciendo experimentos cuando tenemos tiempo. 

   No sé si deciros que os animéis o no a hacerlo, depende un poco de el tipo de paladar que tengáis y de si os gusta probar cosas nuevas. En todo caso, son sabores distintos que también podéis catarlo en un restaurante. A mí me gusta probar y después versionar. Salir de la sopa, los macarrones y los bistecs. Ser ama de casa es rollo pero en la cocina podemos variar e inventar bastante. Ánimo con todo, nos vemos en unos días.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Intento de hornazo, playa de Ponzos y otras cosas


   ¡Ha llegado septiembre! No sé si me alegro o no. El otoño me encanta pero lo que pueda traer este... me da bastante respeto. La cosa es que el verano, como tal, para mí ha sido bastante aburrido así que, ¡adiós muy buenas! Andaba yo pensando qué compartir con vosotros, pues estoy cocinando bastante pero sencillo. Recordé que hace unos días hice un hornazo, por llamarle de alguna manera, inspirado en una publicación de Instagram que me encantó. Esto mío, no lleva todos los ingredientes que se sugerían, pero nos gustó mucho y por eso lo comparto. Lo primero que vamos a necesitar es una masa "panera". Quiero decir que debe ser una masa que haga miga. Si no, pues nos quedará una empanada, que también es rico, pero esto es más de masa de pan. Yo preparé la que hago para la pizza, ya sabéis, con agua, levadura de panadería, un chorro de aceite, sal y harina, mejor de fuerza. Creo que ya la he puesto muchas veces en el blog así que voy a darla por explicada. Que sea una masa tierna y no demasiado cargada de harina marcará la diferencia. Tampoco pasa nada si no está muy perfecta. 

   El relleno que le he puesto es: un huevo duro, un chorizo y dados de bacon a discreción. Podéis poner lomo adobado, es un clásico, pero yo puse sólo los tres primeros ingredientes. Los que tenía en casa. Tened en cuenta que no era muy grande.



   Lo montamos como una empanada. Masa de pan debajo, relleno extendido, masa de pan encima. Lo espolvoreé con harina, sal, pimienta y tomillo. Eso es a discreción. Al horno unos 20 minutos a 200º o algo menos si vuestro horno es listo. 


   Queda muy mono, no tan grueso como los hornazos que yo he tomado en Burgos pero más ligero también. Muy rico. 


   Ese día lo acompañé con una ensalada de bonito "La Pureza", cebolla, aceituna, pimiento asado,... Lo que os guste. Son ensaladas que entran muy bien en verano y para cenar me parecen muy completas.



   Otras vistas de la propuesta. Os digo que sale tan rico y es tan fácil que vale la pena intentarlo. Yo estoy deseando repetirlo.


   Y las prometidas fotos de la playa de Ponzos. Fuimos a dar un paseo y hacía un día precioso. Algunas nubes, brisa suave, no muy caluroso,... El tipo de día que me gusta.


   Es una playa maravillosa, como todas las de Covas. Y además, nunca hay mucha gente. El tipo de playas que me gusta.



   Y si miramos hacia atrás, nos va a sorprender que es una costa casi sin edificaciones. Esto es lo que hace a las playas de Ferrol tan especiales. No la temperatura del agua. Son de las playas más bonitas que hay.


   Y una vez que hemos dejado la playa. Os cuento que he hecho varias tortillas muy ricas. Mis hijos dicen que soy de frases. Una de ellas es: Creo que voy a hacer tortilla de patatas todos los viernes. Bueno, ya sabéis que soy bastante alocada y cambio de opinión fácil pero sería práctico que fuera una norma.



   Y, para terminar, os cuento que hoy he hecho freixós de postre para tomarlos con una mermelada de pexegos, que son unos melocotones gallegos, o algo así, que es muy típico aquí transformarlos en mermelada. Sobre todo para que no se estropeen.


   Termino ya. Tengo algún nuevo proyecto para octubre que espero que se pueda materializar, según vayan las cosas. Yo estoy inquieta, preocupada,... pero no pierdo la esperanza de seguir tirando... Es lo que nos queda. Nos vemos pronto. Cuidaos.