Abro este blog animada por mis amigas para compartir mi afición por la cocina y la buena mesa. Las recetas son fáciles y asequibles para todos. Muchas veces al gusto de mis hijos y siempre hechas con mucha ilusión. Espero que os gusten.
Translate
miércoles, 15 de mayo de 2019
Fideuá marinera
Aquí me tenéis después de unos cuantos días. Pensaba yo qué receta subiros y recordé que, un día comprando este marisquito, me dijo una amiga en el super que subiera la receta... Estas cosas que vas dejando pasar pues esta receta la hice después de mi viaje a Roma. Soy consciente también de que hay en el blog recetas que se parecen* pero, como esta fideuá estaba tan rica, me animo a subirla.
Los ingredientes:
Medio kilo de chipirones
Medio kilo de mejillones
Un puñado de langostinos o gambones (yo pongo dos por persona)
Una cebolla
Un pimiento verde
Un tomate pelado
Un diente de ajo
Medio kilo de fideos
Una tacita de guisantes
Una hoja de laurel
Pimentón agridulce y azafrán
Aceite y sal
Agua
Comenzamos exactamente igual que en todos mis guisos marineros. Pensaréis: "Qué pesadiña es esta señora". Os digo que es como más me gusta empezar estos platos y creo que quedan muy bien así. Entonces... Troceamos las hortalizas y las vamos dorando en dos o tres cucharadas de aceite. Según vayamos a hacer de pasta, más o menos aceite. Con más aceite está más rico, es lo que hay.
Tenemos, supongamos, los chipirones limpios de la pescadería... Los cortamos en aros y los ponemos sobre las hortalizas para que se vayan haciendo tranquilamente. Pero los ponemos en las hortalizas ya medio hechas.
Por otro lado, abrimos los mejillones con un vaso de agua y laurel. Los limpiamos y reservamos. Colamos el agua para cocer la pasta. Es importante limpiar los mejillones de algas. Si queda alguna, se puede cortar, ya cocidos, con una tijera.
Lo siguiente que vamos a hacer es añadir los fideos, no hace falta que sean muy gruesos pero sirven los que nos gusten o los que estén en la despensa. Os he puesto medio kilo pero ponéis lo que necesitéis. A lo mejor os llega un cuarto de kilo si no sois muchos. Espolvoreamos con el pimentón y damos unas vueltas de manera que la pasta se dore ligeramente y se impregne con ese guiso tan rico y que tan bien conocemos.
Al agua de los mejillones, pensemos que es un vaso, le añadimos otros dos de agua. La de los mejillones ya os digo yo que es requetesalada, ¡ojito! Y con este líquido elemento bañamos el guiso. Tenemos las hortalizas, los chipirones, los fideos,... hirviendo y ha podemos poner un poco de azafrán o, en su defecto, una pizca de colorante. Quiero decir que estos guisos quedan monos amarillos, dorados. ¿Cuánto debe hervir? Lo que nos diga el envase y aquí hay variedad según el tipo de pasta escogida. Lo que tenéis que pensar es que si es pasta que se haga en pocos minutos, los chipirones deben estar con las hortalizas lo suficiente para que no queden duros. En cinco minutos no van a estar. Cuándo la pasta hierve, añadimos los langostinos o gambones para que se vayan haciendo. Al menos seis o siete minutos necesitarán si son gorditos. Si utilizáis una pasta de cocción lenta, esperáis un poco para ponerlos y que no se hagan demasiado.
En cuanto a los mejillones, yo soy partidaria de añadirlos justo al final, antes de llevar a la mesa porque, si están cocidos en su punto, les quedará un tacto más rico que si los recocemos. Esto a vuestro gusto pero no os aconsejo que se hagan de más.
Me había olvidado de los guisantes. Si los ponéis, yo tengo siempre en el congelador, el mejor momento es con los gambones. Si los dejamos descongelar, se cocerán en unos pocos minutos.
No queda mucho por decir pero, si preferís o tenéis, podéis usar salsa de tomate, varias cucharadotas, que añadís al guisito para que cueza todo junto. Yo lo hago a veces, en vez de poner el tomate pelado. Dispensando... según lo que tenga en la despensa.
Es un plato único estupendo porque lleva de todo, contando con las proteínas marineras que tan ricas son. Si os apetece y os da la gana, podéis añadir unos trocitos de pescado limpio al final para que se hagan en los últimos cinco minutos. Yo creo que no hace ninguna falta pero bueno...
El punto de sal... Ya os dije que el agua de los mejillones es saladísima. En todo caso, cuando ya hierve todo junto, probáis por si necesita un poco de sal. Yo creo que no va a ser necesaria.
Si queréis poner una salsa, lo mejor es una mayonesa o un alioli. Lo hacemos o lo compramos. El de Chovi es riquísimo y no repite nada. A mí el ajo crudo me mata un poco...
Y hasta aquí esta receta. Quizás os parezca un poco liosa pero para nada: hacemos el guisito, cocemos los mejillones, ponemos los fideos, añadimos los langostinos y los guisantes,... Vamos que no es nada difícil. También tiene de bueno que no necesita tanta atención como un arroz, que si se pasa queda un potingue. La pasta tiene su tiempo de cocción pero no es tan puntillosa. Os animo a probarlo porque es un plato muy rico y realmente no sale caro porque las cantidades de marisco no son grandes ni es un marisco que resulte caro, es de andar por casa. Creo que no olvido nada. Espero que os guste la receta. A mí es de las que me encanta. Nos vemos en unos días.
*Efectivamente, hay una fideuá de marisco que lleva almejas en vez de mejillones, también muy rica.
lunes, 6 de mayo de 2019
Chocos en su tinta II
Hace ya unos días, cuando subí las croquetas, os comenté que iba a subir esta receta de chocos. Tengo otra en el blog, de ahí el -II-, que estaba hecha por el método que yo llamo "todo en crudo". Es una forma de cocinar práctica que va muy bien para ciertos guisos... En este caso, los cociné parecido pero dorando antes las hortalizas y los mismos chocos. Del mismo modo que los chipirones y otros muchos platos de pescado que andan por mi blog. Os voy a dar cantidades aproximadas y empezamos con la receta.
Ingredientes:
Cuatro chocos (uno por persona)
Una cebolla
Un pimiento rojo (o verde si preferís)
Un vasito de vino blanco
La tinta de los propios chocos
Aceite y sal
Una hoja de laurel
Un diente de ajo (opcional)
Antes de comenzar quiero deciros que los chocos de la ría frescos, como estos que cociné yo, no son baratos. En mi casa se consideran un plato de fiesta precisamente porque no es una cosa que hagas cada poco. También os digo que son riquísimos. Feos, son feos, pero uno de los platos favoritos de mis hijos.
¿Cómo empezamos? de la misma manera que siempre. Picamos la cebolla y el pimiento y los salteamos en un aceite de oliva de calidad. Si preferís medio pimiento, porque es muy grande el que tenéis, pues medio. Yo muchas veces utilizo un pimiento para varias recetas pues me gusta pero es un poco "invasor". Dicho esto, una vez que las hortalizas están ligeramente doradas, incorporamos los chocos. En la plaza de Ferrol te limpian bien los chocos dejando las bolsas de tinta para su uso. Esta tinta es muy intensa, negrísima... Entonces, las bolsitas de tinta las ponemos en un cuenco y las rompemos con el vasito de vino blanco. Por supuesto hablo del contenido, ¿os acordáis de aquella figura literaria? Pues eso, el vino y la tinta, que colamos para no poner las bolsas de tinta en el guiso.
Los chocos se deben dorar por ambos lados. Una vez que estén ligeramente dorados, incorporamos el vino entintado y la hoja de laurel. Ya estaríamos terminando el trabajo, que es poco, pues sólo nos quedaría dejar cocer a fuego suave una media hora por cada lado con la tapa puesta para que se haga en su jugo y sin exagerar de salsa. Os estaréis preguntando por el ajo y la sal. Bueno, el ajo lo doraríamos con las hortalizas, picado, cuidando que no se queme pues se amarga. Yo no siempre lo pongo porque suelo hacer el arroz en blanco con ajo picado y ya me parece suficiente. Esto a vuestro gusto. En cuanto a la sal... estos animalitos son sabrosones, mi consejo es hacer el guiso sin sal, probarlo al final y decidir si se le pone un poco de sal. En cualquier caso, no necesitará demasiada. Con la sal y los cefalópodos... ¡prudencia!
El arroz en blanco -hay quien lo llama arroz blanco- lo hacemos a nuestro gusto personal. Ya sabéis que yo doro un ajo picado en aceite, salteo el arroz a fuego suave y añado el doble de agua que de arroz. Lo salo y dejo hervir a fuego lento 18 minutos. Me queda bastante rico. Generalmente, si no pasa nada, muy rico. Por cierto, el arroz en blanco está explicado en el blog. Que os gusta cocerlo... ¡adelante! No seré yo quien diga a nadie cómo debe cocinar en su casa.
Si tiene una pega el choco es que no es bonito. Es un reto fotografiarlo y no salen unas fotos muy presentables. No digo que no sea culpa mía pero es lo que hay. Lo que sí os recomiendo es servirlo con la "abertura" hacia abajo para que estén un poco más guapos. Ya en el plato, se cortan y se toman con la salsa y el arroz en blanco. Queda espectacular. Ya digo que en casa se ponen contentísimos cuando hago chocos. Por cierto, si os parece que no están hechos, los dejáis un ratito más, esto es de lógica. Y yo pienso que no me olvido de nada respecto a los chocos. Ya estoy deseando volver a hacerlos porque me chiflan. Yo creo que con una ensalada, un simple tomate aliñado, tenemos comida de sobras. También recordaros que la tinta mancha los dientes, no de forma permanente, pero no es el plato ideal para una cita. No es lo que se dice un menú romántico.
En todo caso, el blog lleva cerca de 700.000 visitas, una barbaridad, y creo que, después de seis años, seguir aquí es todo un éxito. Intentaré dejarme llevar, en lo posible, por vuestros gustos. No creáis que es tan fácil publicar siempre lo que más os atrae. No importa. Yo sigo aquí, haciendo este "trabajito" que no es sino una simple afición y seguiré mientras pueda y me leáis unos pocos. Y el blog, desde luego, aquí queda para lo que pueda ser menester. Me parece que ahora ya sí terminé. Os deseo a todos una feliz tarde, una feliz semana.
viernes, 26 de abril de 2019
Croquetas negras con gambitas
Aquí me tenéis de nuevo. Os digo que me está costando decidirme a sentarme a escribir. Subir las fotos, encender el ordenador,... Dejas los hábitos y te cuesta trabajo encontrar el momento. Es verdad que este ordenador es lentiño pero, realmente, es un poco cuestión de decidirse. Hace unos días hice unos chocos de la ría en su tinta que estaban deliciosos. No es por que los hiciera yo. Los chocos, bonitos no son pero son sabrosos de carays. Además, la salsa hecha con la tinta de los mismos, no tiene nada que ver con la que nos venden en las bolsitas de congelados. Esta era negra negrísima y quedó una salsa buenísima. Todo lo digo yo pero es así. Creedme. Lo de los chocos os lo cuento la semana que viene pero hoy tocan las croquetas. Ya sabéis lo croquetera de soy... No podía más de estar sin ellas.
Sobró un cuenquito de salsa, media taza, y yo dije:
-Voy a hacer un arroz negro con unas gambitas el viernes.- Se acabó la Cuaresma pero la idea queda en el subconsciente.
Pedro me dijo:
-Nunca has hecho croquetas negras con gambas, ¿por qué no las haces?
Os voy a decir la verdad. Tardo más en hacer las croquetas que un arrocito pero la tentación fue mucha y me puse por la mañana con las croquetas. Hice un mix de ambas recetas o eso creo. Lo primero, doré un puñadito de gambas. No eran muchas ni extraordinarias, las corté en varios trocitos y a dorar en unas cucharadas de aceite. Fuego suave, unos minutos.
No me voy a dilatar en contaros la béchamel con excesivo detalle porque ya es cansino. Añadí a las gambas 50 gramos de harina y la dejé dorar un poquito. Después, fuera del fuego, incorporé medio litro de leche, removí hasta disolver bien la harina dorada y volví con todo al fuego. Lo que es una béchamel de gambas. Más nada...
Entonces puse el cuenco de salsa de los chocos. No había ni un pobre trozo de choco porque los hice enteros y cada cual había dado buena cuenta del suyo. Sólo quedaban el sabor y el color "prieto azabache". Mirad si quedó negra la béchamel...Esta vez no era gris naval ni hormigón armado. Era negra como la noche. Esta béchamel tiene que hervir a fuego suave unos 20 minutos sin dejar de remover para que no sepa a harina cruda. Se puede añadir un pelín de leche si es necesario. Yo uso el ojímetro que es una medida que me va muy bien. También hay que probar una puntita de béchamel y poner sal al gusto. En este caso era una salsa sabrosona pero puse una pizca de sal. Me gusta añadir los últimos minutos un ajito muy picado para que sepa y se note. Se cuece sólo ligeramente y sabe a ajo. Que preferís que no sepa tanto, lo añadís antes a la béchamel para que cueza un poco más. Una vez listo todo esto, dejamos enfriar en una fuente pequeña.
Después viene el "liado" de las croquetas. Era una frase de Carmen que tengo en la cabeza:
-Aniña, ¿me ayudas a liar las croquetas?
Cualquiera decía que no porque, entre otras cosas, Carmen era la persona más buena que te podías encontrar en el planeta, en la Galaxia, enel Universo. Ayudándola así, tontamente, fue como aprendí casi todo lo que sé de cocina.
Sólo queda freír las croquetas. Me están quedando tan tiernas últimamente, y no es por presumir, que a veces me desespera y las empano con cierta dificultad. Por eso, una vez empanadas las meto en la nevera para que se endurezcan un poquito antes de freírlas de cuatro en cuatro en aceite bien caliente para que no les dé tiempo a abrirse. Ellas lo intentan.
Y ya veis cómo quedaron, muy negritas, muy tiernas y la mar de ricas porque son marineras. En casa son plato combinado con huevos fritos, patatas y una ensalada. Yo sólo he tomado un huevo que me va llegando. Creo que de esto no tengo más que decir...
Bueno sí, que para mí las croquetas son un motivo de alegría y por eso las hago encantada porque, aunque dan trabajito, me gustan con locura. Os deseo a todos un muy feliz fin de semana.
miércoles, 17 de abril de 2019
Semana Santa 2019
Otra vez aquí por unos minutos. No quería dejar de desearos a mis lectores una feliz Semana Santa. Yo este año la pasaré en Ferrol, después de dos preciosas experiencias cartageneras. Este año tocaba en casa. Ayer fui a la procesión de la noche y pude ver, con mucha ilusión el paso de Jesús atado a la Columna, al que tengo mucho cariño, por motivos particulares, y a la preciosa Virgen de la Esperanza. Iba guapísima y la noche fue espléndida. Hoy, por el contrario, ha llovido -llueve ahora mismo- y las procesiones no han salido.
En Ferrol tenemos la costumbre de ir a la plaza de Amboage cuando terminan las procesiones. Allí se canta a la Virgen, que es la última en recogerse, y se viven momentos de emoción. Ayer pudimos recordar los ferrolanos que, por muchas cosas que pasen, una madre no se cansa de esperar. Lo sabemos todas las madres.
Volviendo a la actividad bloguera, que este año está siendo un desastre, os recuerdo algunas ricas recetas para estos días. Una de las que en mi casa es "muy favorita" es arroz en blanco con chipirones en su tinta. También los chocos les valen. Cumple con la Vigilia y es un verdadero placer.
Si tenemos invitados y queremos hacer un aperitivo, una tontería de queso en hojaldre o el tartar creo que serán también deliciosos. Cualquier empanada de pescado es también un acierto.
Os recuerdo este plato de pescado que tuvo mucho éxito en Navidad, se pueden cambiar los gambones por unas almejas, que queda buenísimo. Está muy bien para los que odian las espinas comprar porciones limpias.
Y, claro está, tendríamos los potajes viudos, con o sin bacalao, ya sean de garbanzos, lentejas o lo que se os ocurra. También, que no se me olviden, los arroces y fideuás marineros que a mí me entusiasman.
Mañana ya es Jueves Santo, día del Amor Fraterno, y sería bonito que todos pasásemos un día feliz y lleno de buenos propósitos para la Pascua que viene. Os deseo de verdad a todos unas vacaciones muy dichosas.
martes, 9 de abril de 2019
Zamora, la bien cercada
¡Por fin de vuelta! Estaba deseando recuperar mi actividad bloguera pero era realmente imposible. He estado fuera más de diez días sin acceso a ordenador. Hoy en día no tener ordenador parece más raro que tenerlo. A mí, la verdad, me cuesta, sobre todo por tener que dejaros. Como siempre, después de cada viaje, quiero hablaros un poco lo que hice y lo que vi. Procuro contaros las cosas de una manera impersonal, sin batallitas de mi vida que no pueden importaros porque no tiene nada de emocionante. Sin embargo, creo que hablaros de Zamora vale mucho la pena.
Lo primero, deciros que yo no conocía la ciudad. Es curioso porque no está tan lejos de Galicia, está pegadita a Orense, pero por haches o por bes, no nos había coincidido pasar. Bueno, seamos veraces, pasar y parar. Alguna vez hemos ido a Andalucía por la Ruta de la Plata pero nunca con tiempo para hacer turismo. Zamora me ha sorprendido muchísimo. Todos sabemos que es una ciudad antigua que tuvo su importancia en la Reconquista pero sin visitarla es imposible imaginar todo lo que encierra. Tiene su muralla, no entera, por ser una ciudad como hemos dicho, con una historia en el avance cristiano hacia el sur; tiene un impresionante castillo; tiene muchas iglesias románicas; una Catedral también románica que sorprende por su belleza, su cimborrio, sus preciosas capillas,...
En este sentido, nos remontamos muchas veces a templos del siglo XII que están en todas partes de la ciudad. En la zona antigua, intramuros, extramuros, junto al río,... Yo nunca había conocido una ciudad con tantas iglesias románicas. Me impresionaron muchísimo, La Magdalena, Santiago del Burgo, San Juan,... La propia Catedral. Ya sabéis que los templos se empiezan en una fecha y no se sabe cuando se terminan, como todas las obras, por eso nos encontramos con fachadas renacentistas, altares barrocos y todo tipo de variantes pero el origen de todas ellas es antiquísimo.
Junto a la catedral, delante del castillo hay un parque muy bonito, especialmente para pasear al atardecer, bajo el palio de la luz crepuscular. Es un lugar muy recomendable para ver la puesta de sol. Nosotros fuimos el primer día y repetimos. Todo es sencillo pero muy bonito. Allí mismo está también la iglesia de San Isidoro, que, por supuesto es románica. Esto es así en Zamora.
Además de los templos y de algunos palacios como el de "los Momos" o el de los Condes de Aliste y Alba, que ahora es un más que magnífico Parador, tenemos paseos y calles muy pintorescos. La foto de arriba es de la calle del Troncoso y la de abajo creo que se llamaba calle Corral de Campanas. ¿Por qué no me habré traído un plano para escribir esta entrada? Es increíble pasear por ellas, podrías estar en el medievo, en una ciudad de la Toscana,... Estás en Zamora.
Faltaba por decir, ya lo sabéis, que Zamora está bañada por el Duero. En la ciudad hay bonitos miradores para contemplar su grandeza. Esta foto la hice desde el Puente Nuevo. Nuevo no es pero hay restos de un puente romano con lo cual, el romano es el viejo y este es el nuevo. Si os fijáis en la foto, que quedó muy chula con esos haces de luz, veréis que en el río se ven los restos del viejo puente... También están los molinos de las aceñas, que funcionan con la fuerza del agua. Cerca de Ferrol también los tenemos, en nuestra ría, molinos que aprovechan las mareas. Estos de Zamora son muy antiguos y están restaurados. Se pueden visitar y yo espero hacerlo.
Como veis en la foto siguiente, también extramuros hay iglesias románicas, como quien no quiere la cosa. Esta foto la hice desde una saetera, o como se llame. La iglesia creo que es San Claudio pero igual me equivoco. Ya veis que bonita.
El Castillo, que pudimos visitar, es muy interesante. Esto que os pongo es una capilla o una sala noble, he leído las dos versiones. Los arcos de la derecha son de la época que fue cuartel de caballería. Porque unas cosas se funden con otras.
Ya estoy terminando. Quedaron por hacer muchas fotos, de iglesias, de palacios, de diferentes vistas. Otras quedan en el móvil para no volveros locos. En la ciudad también hay edificios modernistas, racionalistas, y un ensanche en el que encuentras un poco de todo. Bloques de pisos, una Estación de Ferrocarril bastante impresionante, la Universidad Laboral,... Y hasta un Parque de la Marina. No deja de ser curioso. De los ejemplos modernistas no hice ni una foto. No es que no me guste el Modernismo, me gusta bastante. Lo que pasó es que lo dejé para los últimos días, emocionada como estaba con el románico, y empezó a llover y hacer frío y las fotos quedaron por hacer.
Respecto a la comida, puedo deciros que tomamos un lechazo exquisito, que la morcilla es riquísima, recordando algo a la de Burgos pero sin piñones. Hay muchos bares para tomar pinchos que, además de baratos, son riquísimos. Hay pinchos morunos de todo tipo, patatas del Caballero, chipirones, torreznos, unas salchichas frescas deliciosas, nada grasas,... En fin, que es el paraíso del carnívoro. De dulces probamos las aceitadas, que son unas pastas, y las cañas de crema que también se toman allí (como aquí). Y, por supuesto, verdejo fresquito y vino de Toro para acompañar tan ricas viandas.
Durante el viaje ocurrió la feliz coincidencia de que estaba leyendo una biografía de Isabel la Católica, con lo cual se narraban los importantes hechos de la batalla de Toro. Yo no me acordaba mucho de esa historia pero Juana la Beltraneja se casó con el rey Alfonso V de Portugal y os podéis imaginar que hubo guerra. Nos remontamos a 1476 y fue una victoria importantísima para los Reyes Católicos. Además, aparece el personaje, Diego de Deza, toresano, que fue, entre otras cosas, tutor del malogrado príncipe Juan. En este mismo blog os conté el año pasado que visitamos su sepulcro en Ávila, a la vuelta de Cartagena. Viajar por Castilla es siempre viajar por la Historia.
Sólo me queda deciros que la gente en Zamora es muy agradable. Que fueron muy amables y nos ayudaron en todo lo que pudieron y nosotros necesitamos. Es un lugar maravilloso. A mí me queda volver para conocer Toro, La Puebla de Sanabria y muchas cosas más... Entre otras cosas visitar San Pedro de la Nave, iglesia visigótica de finales del siglo VII. Me impresiona que queden templos tan antiguos, anteriores a la conquista musulmana. Además, según la leyenda, San Julián y Santa Basilisa, su señora, fueron enterrados en ella. Este santo es nuestro patrón, ya veis que curioso. El edificio tuvo que ser trasladado cuando se contruyó un embalse y ahora está en Campillo. Es una de las cosas que quiero visitar cuando vuelva a zamora.
Hasta aquí llego con Zamora, al menos de momento. De verdad que es una ciudad que debéis visitar. Absolutamente increíble. Gracias por seguir leyéndome mientras yo ando de alma llanera... que no es para nada mi naturaleza. Bicos.
viernes, 22 de marzo de 2019
Estofado de domingo
Aquí estoy de nuevo. Esta vez os traigo un estofado dominguero. Lo bueno de los guisos es que podemos prepararlos con cierta antelación y no sufren con los "recalentados", les sientan bien. Si tenéis por costumbre salir la mañana del domingo (ir a misa, a tomar el aperitivo,...), tener un plato preparado para la vuelta será la mar de práctico. Hay familias que comen fuera los festivos pero no todos podemos permitírnoslo con frecuencia. Así pues, un guiso de carne es muy apropiado. ¿Os he convencido? Necesitaríamos:
Un kilo y medio de carne en trozos
Medio kilo de cebollitas francesas
Una o dos zananorias
Dos dientes de ajo
Media taza de salsa de tomate
Media taza de vino tinto
Una hoja de laurel
Tomillo y romero
Nuez moscada y pimienta negra
Aceite y sal
No tengo muchas fotos porque últimamente me dedico a la vida loca... Pero os cuento que empezamos dorando los trozos de carne en aceite de oliva. Aquí tengo un quilo de morcillo y medio de jamón fresco. Es un guiso mixto, que es como llamo yo a estos platos que combinan varias carnes. En este caso ternera y cerdo. Que podrían ser canguro y caimán (que cosas más raras digo). Una vez dorada la carne, la tenemos que pasar a una fuente para seguir con los demás trozos. Si fuera poca cantidad, lo que os digo siempre: una vez doradita, dejamos caer las hortalizas por en medio para que también cojan color. En casos de cantidad, no queda otro remedio que dividir. Pero veis en la foto de debajo que cuando iba estando la segunda remesa de carne dorada, añadí las hortalizas y las fui salteando a un lado. Siempre voy a lo práctico y fácil. Es mi naturaleza.
Seguimos con la receta. Incorporamos la carne a la tartera, la que habíamos dorado antes, ponemos el laurel y las finas hierbas, con prudencia aquí. Una pizca de nuez moscada y unas bolitas de pimienta. Todavía no he salado, ¿por qué? Pues porque en cuanto salemos, la carne empezará a soltar jugo y dejará de dorarse. Una vez que todo está en la tartera con buen color, salamos y añadimos el tomate y el vino. Tapamos y dejamos que hierva suavemente alrededor de una hora o un poquito más... Quiero decir que depende mucho de la calidad de la carne. Yo utilizo ternera gallega y queda muy bien.
No tengo foto del plato terminado pero ya os imaginaréis que la carne empieza a hervir, suelta su jugo y queda un plato bastante "salsoso". Mucho más que la foto de arriba que es al principio de la cocción. Como acompañamiento me gustan unas patatas fritas en cuadrados o de las pequeñitas, o un puré de patatas,... Incluso un poco de trigo cocido si os parece bien. Con unas setas salteadas o una ensalada variada, tenemos una comida muy rica y fácil. Todos quedaron encantados.
Me queda por decir que algunos en casa gustan de tomarla con unas tiras de pimiento morrón por encima de la carne. Es muy gallego y a mí no siempre me apetece pero aquí les gusta bastante. Os digo que queda un guiso muy sabroso, que puede recordar un poco a la carne "al toro" pero más sencilla, creo yo. No sé, hay tantas versiones de tantos platos...
Pues aquí queda la receta, parecida a tantas otras porque es un clásico. Recordad que la foto de arriba no es el guiso terminado. Una vez tapado, hierve un buen rato, suelta todo su jugo y los sabores se funden. Cuando lo repita subo la foto del resultado final que es más vistoso. Os deseo a todos un feliz fin de semana. Una vez más, gracias por leerme. Bicos.
viernes, 8 de marzo de 2019
Farfalle con carne
Llevaba tiempo sin escribir, con muchas cosas, y ya me apetecía. Más que nada para que no penséis que me olvido de vosotros y de mi blog. Cuando uno está liado, no se pone a inventar ni a buscar nuevas recetas. En las actuales circunstancias, os traigo un plato sencillo, de tipo italiano, pero tan rico que me dejaron los platos limpios, relucientes. Estos farfalle bianche, rosse e verdi no los compre en Italia sino en Carrefour pero creo que son los mismos que allí había. Los mismísimos.
Necesitamos:
500 gramos de farfalle
350 gramos de carne
Una cebolla
Un pimiento verde
Media taza de salsa de tomate
Tomillo, orégano y pimienta negra
Empezamos dorando las hortalizas en aceite de oliva. Yo las suelo cortar en tiras finas. Añadimos la carne, dejamos hacer un poco, salamos, especiamos con cierta generosidad e incorporamos el tomate. Algunas veces añado un chorro de brandy. Me gusta.
(Estoy escribiendo desde una tablet sin eñes la mar de incómoda...)
La carne la dejamos hacer un ratito y mientras vamos poniendo a hervir el agua para la pasta. Le ponemos sal, claro. Cocemos la pasta según las instrucciones del fabricante. Ya os imagináis que después unimos todo en una bonita fuente de servir. ¿Falta algo? Falta el queso. Nosotros hemos molido en casa un trozo de parmesano, que queréis hacer patria, moléis un trozo de queso de oveja curado y tan panchos. Como veis es una sencilla receta, un clásico que no falla. Se puede variar añadiendo setas o lo que os cuadre. Desde el exilio os mando esta propuesta que seguro que ya hacéis pero no me da la vida para más. En este sentido, claro. Nos vemos en unos días. Bicos.
Necesitamos:
500 gramos de farfalle
350 gramos de carne
Una cebolla
Un pimiento verde
Media taza de salsa de tomate
Tomillo, orégano y pimienta negra
Empezamos dorando las hortalizas en aceite de oliva. Yo las suelo cortar en tiras finas. Añadimos la carne, dejamos hacer un poco, salamos, especiamos con cierta generosidad e incorporamos el tomate. Algunas veces añado un chorro de brandy. Me gusta.
(Estoy escribiendo desde una tablet sin eñes la mar de incómoda...)
La carne la dejamos hacer un ratito y mientras vamos poniendo a hervir el agua para la pasta. Le ponemos sal, claro. Cocemos la pasta según las instrucciones del fabricante. Ya os imagináis que después unimos todo en una bonita fuente de servir. ¿Falta algo? Falta el queso. Nosotros hemos molido en casa un trozo de parmesano, que queréis hacer patria, moléis un trozo de queso de oveja curado y tan panchos. Como veis es una sencilla receta, un clásico que no falla. Se puede variar añadiendo setas o lo que os cuadre. Desde el exilio os mando esta propuesta que seguro que ya hacéis pero no me da la vida para más. En este sentido, claro. Nos vemos en unos días. Bicos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




























