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sábado, 4 de abril de 2020

Bollitos imperfectos





   Vaya por delante que no soy panadera ni pretendo serlo... Al menos de momento porque en esta vida siempre hay que dejar puertas abiertas. Estos días de encierro he seguido en contacto con mis lectores de Facebook. Mirando también aquí las estadísticas, me ha quedado claro que en estos días turbulentos, lo que más se ha leído en mi blog son los bollitos royal. ¿Por qué? Pues porque a la gente le gusta comer con pan, al menos a la gente que yo conozco, y, además, a muchos se les ha acabado la levadura. Esto es normal pues no sabíamos que iban a ser tantos y tantos días sin salir. 


   Con ánimo de ser útil, que no es tan fácil, no creáis, os voy a contar cómo hago yo las masas para pizza, bollitos o focaccias. Quiero decir que no es una masa totalmente panera pero sí rica y relativamente sencilla. Yo os cuento todo el rollo y después hacéis lo que os dé la gana. Me parece lo más correcto. La libertad ante todo. Bien, en un cuenco yo pongo:

Un vaso de agua tibia lleno casi hasta arriba
Y el resto del vaso de aceite de oliva (un dedo)
Un trocito de levadura de pan del tamaño de una avellana, o un dado, o un garbanzo
Una cucharadita de sal común
Dos tazas y media de harina

   Con esto empiezo. Tengo la levadura congelada en trocitos y la pongo directamente en el agua. Se descongela enseguida. Añado dos tazas y media de harina para esta cantidad. Y voy removiendo con una cuchara:


   Veis en la foto de arriba que se va formando una masa. Es bastante pegajosa pero ya la podemos pasar a la encimera y empezar a trabajarla. Es rollo por una cosa: debemos añadir un poco de harina, a poquitos, para poder amasar pero si añadimos demasiada el pan quedará poco tierno o incluso duro. Así pues, es una masa pesadita, lo mejor es trabajarla sin romper mucho por fuera, ya que la parte central es muy pegajosa, haciendo dobleces. Me explico lo mejor que puedo para no estar delante de vosotros con las manos en la masa. 


   Aquí tenemos la masa, foto superior. Esta bonita pero tengo que deciros que no es harina de fuerza sino normal, así pues, el pan no va a ser nunca tan tierno como el que nos vende el panadero que tiene el oficio bien aprendido: harina, cantidades, tiempos de espera. Nosotros sólo somos aficionados. Dejamos esperar hasta que se doble. Y si no tenemos tanto tiempo, pues procedemos antes. Yo lo hice y no me fue tan mal. Sólo lo dejé media horita. Quiero decir con esto que, a veces, el horno se porta bien y nos hace subir muy bien una masa que no prometía tanto. Me ha pasado muchas veces.

   Formamos los bollitos. Yo aconsejo hacer bollitos porque es más fácil acertar con el tiempo de horneado y terminamos mucho antes. Además, los bollitos no empezados siempre se van a mantener frescos más tiempo que una hogaza cortada. Creo que es lógico. Podéis formarlos haciendo dobleces hacia dentro y luego con las manos giramos abajo para que estén monos. Y si no, por las buenas. Para esto tenéis vídeos en internet que lo explican bárbaro.


   Una vez que han crecido, se pueden tapar con un paño, les hacemos varios cortes, los mojamos con unas gotitas de agua y ya están listos para ir al horno. En el horno, a 225º ponemos un cacharro con agua que aporte humedad. 


   Según sea el horno estarán listos en 12-16 minutos, para este tamaño. Si os parece que están de más, lo apuntáis en una libreta para la próxima vez sacarlos antes. Necesitan calor para dorarse pero no mucho tiempo porque son chiquitos. Yo los saqué a los 14 minutos y mi horno no es lo que se dice de carreras.


   Y aquí podéis ver un vídeo que hice de la miga. Esta tierna pero no tanto como si hubiéramos utilizado harina de fuerza. Yo me doy por satisfecha. Esto de subir vídeos me parece ya lo máximo.


   Los bollitos acompañaron una comida de domingo que consistió en pudin de merluza y ensalada. Todo cosas normales que me habéis visto hacer mil veces. Bueno, no tanto. Algunas veces.


   Os voy a enseñar ahora la fiambrerita de la levadura. Os aconsejo hacerlo así porque es barata pero en la nevera se estropea pronto. Entonces... la cortáis en trocitos y la congeláis. Sacáis un trocito cada día que vayáis a hacer pan y dura... dura mucho. Que también la hay seca pero no es tan económica.


   Para terminar os dejo una foto de los últimos bollitos royal que hice. Estos llevaban semillas de amapola, cosas que están de moda. A parte de eso, no me quedaron tan tiernos como otras veces, aunque monos monísimos. Tengo que hacerlos más porque se me están olvidando y este mes llevan montones de visitas, casi quinientas.


   Respecto a la primera masa, podríais aplastarla con los dedos, mojarla con aceite, espolvorearla con sal y romero y formar una focaccia para acompañar la comida, lo que es decir: a falta de pan, buenas son tortas. Y, por supuesto, si la estiráis y hacéis pizza también quedaréis satisfechos. Se pueden hacer pequeños cambios de harina: integral u otros cereales, finas hierbas,... dentro de una lógica y unas proporciones. Lo importante, es que sea tierna. 

   Voy terminando. No creáis que yo hago pan todos los días, no soy tan trabajadora. El día que toca compra, cada... nueve o diez, traen pan que estiramos para varios. También compramos pan de pita, pan de molde, picos,... Y así vamos pasando. Soy muy panera pero puedo pasar un par de días sin pan tranquilamente, lo mismo que he pasado ya tres semanas largas confinada en mi casita. Transcurren los días de forma lenta y mis canas crecen de forma rápida, lo cual, en medio de todo me va importado bien poco. Una experiencia más. Siempre he sido bastante peculiar para ciertas cosas y llevo este encierro bárbaro. Me divierto bastante conmigo misma. Lo que sí me importa es que esta pesadilla pase pronto y lo que más me duele es ver el mucho dolor que todo esto trae a tantas personas, a algunas que conocemos y a miles que sabemos que están sufriendo muchísimo. Pido a Dios que nos ayude a todos. Esto, no el pan, es lo verdaderamente importante. Os mando todo mi cariño. Ánimo amigos. Bicos.

sábado, 28 de marzo de 2020

En casa



   Si me preguntaran una película que me traiga buenos recuerdos y me anime a reír, Vive como quieras sería seguramente la escogida. Creo que es una película que todos deberíamos ver, incluida la escena en la que el abuelo habla de lo que el Estado hace con nuestros impuestos. Creo que ahora sería un buen momento para reflexionar sobre ello. 

   Si me preguntaran por un libro que me gustaría volver a leer... Bueno, esto dependería un poco de mi estado de animo. Para mí, tratándose de libros románticos hay dos fundamentales: Persuasión y Jane Eyre me parecen lo máximo. Pero si buscase un libro de personajes que me hubiese conquistado, creo que escogería Al este del Edén. No tiene nada que ver con la película y es de los que más me ha impresionado de los que he leído en los últimos años. ¿Un libro tonto? No soy mucho de libros tontos pero Me muero por ir al Cielo me hizo reír bastante. No tengo un libro favorito porque me apasiona leer y muchos me han entusiasmado. A veces es la historia, otras algún personaje que te llega al alma, en algunas obras es el estilo y el buen hacer del autor lo que me emociona. Quizás os preguntéis a qué viene todo esto de la película y los libros... Pues viene a que estoy en casa, no sola, y tengo bastante tiempo de ocio. La tele... me parece bastante aborrecible. Hasta las noticias me parecen poco de fiar. Cuentan lo que quieren.

   Y la vida sigue, desde este rincón del mundo, y nosotros seguimos comiendo. ¿Qué comemos? Pues las cosas más normales. La primera foto, por ejemplo, son unos contramuslos de pollo adobados con unas especias que trajo mi hermano, uno de ellos, de África y que se llaman masala, creo. Es un polvo oscuro que al echarlo sobre la carne a mí me parece que huele a canela y clavo, entre otras cosas. Al cocinarlo es suave y nada picante, de esos combinados de especias aromáticos a la par de prudentes. Lo que hice fue dorar bien el pollo por los dos lados durante unos minutos. Después, viendo que lo pegado al fondo tenía pintaza, añadí una tacita de agua con una cucharadita de maizena. Removí y dejé espesar, volví a poner el pollo y lo dejé cocer unos minutos. Al final lo espolvoreé con perejil picado. Lo tengo ahora congelado. Os digo que les gustó muchísimo. De acompañamiento un arroz cantonés que se fue haciendo a la vez. Esto fue el pasado domingo y a todos nos encantó.



   Con el tema de comprar envasado y al vacío, hicimos un día carne picada con cebolla y pimiento, aderezada con cominos, tomillo, orégano y pimienta negra. Todo muy doradito se lleva al horno con unos nachos -comprados- cubierto de queso hasta que se dora. Está en el blog Carne con nachos, y es rico y fácil. 



   Otra cosa que hice, ya con menos reservas en la nevera fue unas berenjenas, que cocí antes al vapor, con bonito de lata, del corriente y moliente, y unas ruedas de tomate fresco con orégano. Podríamos poner salsa de tomate en vez de tomate fresco.

   Lo cubrí con una béchamel casera y mucho queso -moitísimo- y al horno veinte minutos. Os digo que estaba la mar de rico y me solucionó un primero sano y sencillo.



   Ayer viernes, que era de Cuaresma, lo que tomamos fue tortilla de patatas. Johnny la borda y era tan grande que llegó hasta la cena. Ya veis que la comida no es un problema. Como dice mi hermana Concha, sabiendo cocinar se pasa esto más fácil porque hay muchas opciones. 

   Un suponer: tienes harina, bonito, cebolla, huevos,... Lo mismo puedes hacer una empanada, empanadillas, huevos rellenos, tortillas dormidas, un arroz al puerto,... Y así con todo. 



   Hoy, por ejemplo hemos tomado arroz con huevos fritos, picadillo y salsa de tomate. El picadillo envasado no me gusta tanto pero mira... es una buena comida. No nos podemos quejar. 


   Un día hice unas tortas de tipo "mejicano" mezclando en un cuenco: 2 cucharadas de agua, una de aceite, sal y harina hasta formar una bola tierna. Se amasa y se deja reposar. Hacemos unas bolitas que estiramos bien y las doramos en una sartén caliente un par de minutos por cada lado. No es una cosa que piense yo que sea muy perfecta pero es sana y muy agradable. Aquí dijeron que les gustan más que las compradas pero os digo que investigaré y experimentaré más.


   Cuando vas a estar sin salir muchos días tienes que plantearte que la comida no tiene que ser un inconveniente. ¿Qué se necesita? Pues mirad, yo lo primero que dije fue: café y galletas integrales. Creo que sin café y galletas me costaría mucho empezar el día. Entonces, hacemos una lista de básicos que puede ser por ejemplo:

Café
leche
Galletas
Aceite
Harina
Patatas
Pasta
Arroz
latas de bonito, mejillones, sardinillas,...
Latas de hortalizas
Huevos
Frutas
Hortalizas 
Carne o pescado fresco 

   Esto va a variar un poco según el gusto y la capacidad de nuestra nevera. También varía si disponemos de un buen congelador. Yo no... Empezaremos tomando lo que se estropea -fresco- para seguir con los alimentos que duran más -huevos y patatas- y terminamos con las latas y envasados. Racionando con un poco de lógica. Seguro que he olvidado cosas que os gustan pero esto es un simple ejemplo. 

   Y, también, hay que tener en cuenta que se puede salir a comprar en caso de necesidad, que no de capricho. Nosotros lo estamos llevando bien, la verdad. Yo no estoy especialmente activa pero voy haciendo las cosas y me entretengo con lo que se entretiene todo el mundo: cine, libros, calceta, crochet, dibujo,... ¡Móvil! Es una cosa curiosísima la vida que nos da y nos quita el móvil. No se puede creer.

   Todavía no he terminado la novela de la que os hablé y ya estoy deseando hacerlo y pasar a otra cosa. Las novelas largas empiezan a causarme impaciencia... He tenido también problemas para publicar en Instagram pero creo que ya voy a poder volver a hacerlo. Esto de las redes es tremendo. A veces pienso, ¿qué hacía yo antes de esto? Pues no os voy a mentir, me aburría más por mucho que reconozca que nos hacen perder mucho tiempo.

   ¿Queda algo por contar? Os podéis imaginar que escribo más por acompañaros un rato que por interés culinario. Son los tiempos más duros y tristes que recuerdo. Cosas que leíamos que les pasaban a nuestros antepasados y que pensábamos que no nos iban a pasar. Ya tenemos nombres y apellidos que conocemos entre las víctimas y la preocupación y la pena nos rodean... ¿Qué hacer? Yo soy creyente así pues, creo que rezar es de lo más importante, pero también creo que hay que intentar mantenerse animado y activo -ora et labora-, Procurar tener sentido del humor y buscar la gracia de las cosas. Nosotros estamos bien, eso es una bendición que, claro, nos permite estar animados. No se puede minimizar esta tragedia pero con todo, lo mejor que podemos hacer es ocupar nuestros días, que son largos, en cosas que nos gusten, no sólo en obligaciones y amarguras. Por eso os decía... vive como quieras... en el sentido de organizar nuestras horas de forma lógica, sí, pero también agradable, que nos guste. Al menos intentarlo.

   A los que estáis solo en casa os mando muy especialmente mi cariño. Cada día que pasa es un día menos. Yo quiero pensarlo así. 
Os dejo de momento pues ya he soltado un buen rollo. Intentaré escribir otra vez la semana que viene. Cuidaos mucho. Bicos.

sábado, 21 de marzo de 2020

El lado bueno de las cosas


   Si os digo la verdad, no me parece fácil encontrar el lado bueno de esta situación. Quiero decir que es tan grave lo que está pasando que siento un profundo cabreo y pienso en los responsables de que esto haya ido tan lejos. Con todo, la función de este blog no es hacer crítica política ni de ningún tipo, así pues... Me voy a limitar a intentar ver el lado bueno de las cosas, o al menos de algunas cosas. ¿Cómo os va? Nosotros, en Ferrol, de momento no nos podemos quejar. No es como en otros sitios. Todos estamos en nuestras casas y pasamos el tiempo como mejor podemos entre aplausos, caceroladas y demás actos sociales. 

   Afortunadamente, las amas de casa siempre tenemos cosas que hacer. ¿Os podéis creer que tengo una montaña de plancha a la espera? Es que no me apetece nada por más tiempo libre que tenga. Eso sí, voy limpiando un poco, cocinando algo, lavando ropa,... En fin, esas cosas que solemos hacer en automático y que a nadie le importan hasta que no las hacemos. 

   Una de estas tardes preparamos Pedro y yo muffins de chocolate. Era un poco la ansiedad de hacer algo diferente y, de paso, tomar algo rico. La verdad es que después de tantos días, apetecía alguna canfurnada. Fuimos comiendo durante la semana lo que había, consumiendo primero lo fresco, lógicamente, y siguiendo con la comida envasada o congelada. Hasta un día hice un aperitivo: plátano frito con una salsita de atún de esas que se hace batiendo:

Una latita de atún
Dos quesitos en porciones
Dos cucharadas de mayonesa

   Es una cosa rica y tan sencilla de hacer que nos apeteció para acompañar un plato único.


   El domingo pasado, por ejemplo, hice unos solomillos a la plancha también con plátano, y un arroz vegetal con una salsa de pollo que quedaba en la nevera. Vegetales eran los tropezones. Y bueno, saqué la vajilla de fiesta para que se notara que era un día distinto. El día del Señor. Así vamos haciendo pequeños saltos en la rutina. La comida estaba riquísima.

   Lo del plátano a lo mejor os llama la atención pero cuando hicimos nuestra primera compra, no quedaban patatas. 



   Según avanzaba la semana, empezamos a comer más sencillo. Eso sí, con una copita de vino. Los macarrones cacio e peppe y unas salchichas a la plancha. De esas cosas que no se estropean en días. También se nos terminó la fruta. 



   Me parece a mí que vivimos como si estuviéramos navegando en un pequeño barco cuya tripulación sabe que en los puertos uno puede abastecerse pero corre el peligro de encontrar piratas. Es una sensación de inquietud que nunca pensamos vivir. Hoy tocó aprovisionarse, con muchas precauciones y ¡por fin! tomamos pescado y hortalizas frescas, salmón a la espalda y espinacas con béchamel. Lo mejor, pan con la comida y postre. Por primera vez en mi vida he sentido lo que es que te falten ciertas cosas, que siendo sustituibles, no tienen tanta importancia. Es la verdad. Me pareció un festín. Es un momento en el que piensas cómo vivían los antiguos marinos las largas navegaciones.

   Y otra vez estamos dispuestos a estirar nuestros víveres lo más posible, a hacer pan cuando sea necesario y a dar gracias a Dios por estar sanos. Lo que me cuesta más es no estar cerca de todos mis seres queridos. No poder abrazarlos aunque hablamos casi todos los días y nos vemos con las modernidades que todos tenemos. La tecnología es un milagro. Al menos para mí que soy de letras.



      ¿Qué más deciros? Sigo con mi novela gótica y con mis aficiones. También veo alguna película y noticias algo pero intentando no agobiarme demasiado. Echo de menos la calle y el aire libre, la felicidad de un café con las amigas, un paseo junto al mar... que pensábamos que siempre iba a ser posible pues sigue donde siempre ha estado. Otra cosa a la que dedico un tiempo es a comprobar los mensajes, leerlos y borrar cientos de fotos y vídeos que recibo cada día, los recibimos todos, y que hacen que mi viejo móvil me avise cada poco de que no puede más... Pobrecito esta saturado.

   Creo que no me queda mucho por decir. Mi próximo libro será, creo, Una habitación con vistas, de E.M.  Foster, porque a la ventana sí que me asomo y hemos tenido algunos días soleados. Ha habido de todo. Me han dicho que es una novela muy bonita. La película la he visto pero siempre me quedo con los libros. 

   El lunes seguiré con la limpieza primaveral -springcleaning- y cuando acabe, quizás haga una pira de las cosas que nos sobran. Es una idea que no creo que me dejen llevar a cabo. Bromas aparte, nunca creí que se pudieran juntar tantas cosas en una vida. Porque treinta años son toda una vida. 

   Y entonces, ¿cuál es el lado bueno de las cosas? En nuestro caso es que estamos bien, que tenemos lo más necesario y podemos comunicarnos. Rezo para que no cambie esto, y que cuando cambie, sea sólo para mejor. Os animo a estar lo más activos posible. ¿A cocinar? ¿Por qué no? Siempre teniendo en cuenta que nos estamos moviendo menos y debemos cuidar no comer a lo loco y por aburrimiento o ansiedad. Y no salgáis salvo que sea absolutamente necesario. Os pareceré exagerada pero cuando menos nos movamos de casa, mejor. Vuelvo a dar las gracias a todos los que hacen posible que no nos falte de nada y a los que cuidan de nuestra salud y de los miles de enfermos. Os tengo a todos en mis oraciones. Bicos.


martes, 17 de marzo de 2020

Callos veganos

 
     Buenas tardes, ¿cómo va todo? Nosotros encerraditos en casa, con tiempo para muchas cosas, sobre todo para pensar. Antes de seguir con el tema del "encierro", os voy a contar una receta que me dio una amiga hace unos días y que nos ha gustado mucho. Yo andaba comiendo ligero y me pareció una idea bárbara para incluir entre los platos de legumbres. Vamos, potajes de cuchara. Es de lo mas fácil y se puede hacer con garbanzos envasados o cocidos en casa. Os voy a ir contando los ingredientes:

   Una bandeja de setas de cardo o shiitake
Garbanzos
Una cebollita
Un trozo de pimiento verde
Un diente de ajo
Dos o tres cucharadas de salsa de tomate
Media cucharada de harina
Una cucharadita de pimentón de la Vera
Media cucharadita de cominos
Aceite y sal 
Un chorro de vino blanco
Una hoja de laurel
Una guindilla 

   Espero no haber olvidado nada... Deciros que el primer día hice la receta con garbanzos envasados y quedó riquísima. El segundo, ayer, cocí los garbanzos, 330 gramos, en agua, sin exagerar, con un chorro de aceite, sal y una hoja de laurel. Tardan unos 45 minutos. Si los utilizáis envasados, recordad desechar el líquido que traen y ponerlos en una tartera como si los fuéramos a cocer y les damos un hervor. Ya están cocidos.



   En una sartén hacemos la fritada: la cebolla, el pimiento, el ajo, los dejamos pochar tomando un poco de color. Incorporamos las setas en trozos y media cucharada de harina para que espese un poco el conjunto. Añadimos el tomate, las especias, damos unas vueltas y ponemos un chorro de vino. Que cueza unos minutos. Esto lo añadiremos a los garbanzos, que esperan impacientes. 

   Una vez todo junto, dejamos hervir un rato y apagamos para que repose. Probamos de sal y yo, confieso, que añadí un tercio de una pastilla de caldo vegetal porque encontré un poco tonto el conjunto.


    
   Esto es mezcla de dos días, así pues no es exactamente igual. El primer día tenía pimiento y tomate, junto con setas shiitake. Quedó el conjunto mucho más sabroso. Ayer, puse setas de cardo y me faltaron algunas hortalizas. Estaban ricos pero menos sabrosos. Pensamos que más que por las setas, quizás, por la ausencia de pimiento y tomate en el refrito. En todo caso, en ambos casos es un plato interesante y sano. Si no os gusta el picante, no pongáis la guindilla. A mí los callos me gusta que piquen un poco. ¿Los sabores? Las especias utilizadas y los garbanzos hacen que el sabor sea el de los callos, así de sencillo. La sensación menos grasa y untuosa, eso está claro. El primer día, como no somos veganos, añadí unos taquitos de jamón serrano. Otra opción es añadir taquitos de chorizo o ambas cosas. Hasta aquí la receta que es sencilla de hacer y alegra un poco el espíritu. A mí me pareció estupenda.

   Respecto a estos días que estamos viviendo... Pues llevamos en casa cinco días bastante tranquilos. No diverditos pero tampoco me aburro. Sigo una rutina de limpieza y cocina y, por en medio, he metido springcleaning, lavando cortinas, limpiando ventanas, ordenando un poco... Esto es lo peor, tenemos tantas cosas que no hay quien se aclare. Por las tardes hago alguna manualidad, ya sea crochet o lo que toque, también practico la acuarela -buena falta me hace- y hablo con mi familia por videoconferencia, ya que no puedo estar con ellos. Aquí estamos tres gatos y un perro -el perro es literal- pasando estos días como mejor podemos. 

   Yo soy casera, siempre lo digo, pero es extraño no poder salir para nada, escuchar la misa en la tele, no ver a las amigas,... Gracias a Dios que la tecnología ayuda mucho. Los cafelitos son virtuales y las horas van pasando... Lentas pero pasan. 

   Como sabéis, me gusta también leer y es algo que hago todos los días. Ahora estoy con una novela de Wilkie Collins, La dama de blanco, que es del género... pues no sé si gótico o policíaco... Nunca había leído a este autor y, aparte de algo antiguo, me entretiene bastante. La protagonista es una heroína inteligente y valiente que no se deja amedrentar ni engañar por un par de hombres malvados... Es larga. Tengo para días. Había pensado ponerme con Casa desolada de Dickens... Yo creo que fue Dios quien me guió a no escogerla pues de casa estoy teniendo bastante (ahora hecho de menos un emoticono para poner una risita).

   También tengo en perspectiva hacer un cuadrito en punto de cruz, es una actividad que me divierte mucho pues suelo hacer, más o menos, los diseños. Así que... quizás me falte tiempo.

   Os cuento que hace más de una semana le dije a mi marido, a mis hijos y a alguna amiga que había que ir haciendo una buena compra por si nos metían en casa. Me llamaron exagerada... Saben que he visto muchas temporadas de Walking Dead y bastantes películas distópiocas ¿se dice así? Pero no penséis que era alarmismo, más bien era la sospecha de que iba a ser necesario y que no estaba de más comprar con tranquilidad las cosas básicas de un hogar para unos días. ¿Papel higiénico? También pero sin abusar.

   Así pues tenemos pasta, arroz, legumbres, harina, café, latas y algún que otro congelado. Recordando que hay alimentos perecederos que duran bastante como los huevos, las patatas, las cebollas,... Pensando en comer normal, sin exagerar ni ponerse a hacer dulces a lo loco pues tenemos una edad -media- y todo nos engorda. Más cuando es difícil moverse. 

   Os dejo por el momento. No descarto volver a escribir en pocos días aunque sólo sea para haceros un rato de compañía. Dar las gracias a todos los que nos cuidan en los hospitales y a los que se encargan de que no nos falte de nada en las farmacias, en los supermercados,... transportando, cultivando y trabajando por el bien común. A los científicos mucho ánimo también. Rezo por todos ellos, por los enfermos y por los que están pasando estos días en soledad. Qué Dios nos ayude. De momento...


   Me quedo en casa.


lunes, 9 de marzo de 2020

Cebollas rellenas de carne


   Esta que os traigo hoy es una receta asturiana. Me hablo de ella mi amiga María y yo me puse a hacerla sin consultar nada, como Dios me dio a entender. Os pongo ya los ingredientes y continúo con la explicación que es sencilla:

Un kilo de cebolla medianas
Medio kilo de carne mezcla ternera/cerdo
Un huevo
Sal y pimienta
Tomillo y romero
Nuez moscada
Un tazón de salsa de tomate
Vino blanco
Aceite

   Bien, como os he dicho no me compliqué nada la vida y me puse a hacer las cebollas de la misma forma que hago las patatas rellenas. Pelé las cebollas que eran unas... nueve o diez, corté la parte de arriba y las vacié con un artilugio que tengo para eso. Lloré a mares. No recuerdo llorar tanto en mucho tiempo pero me pareció que me quedaba nueva.

   En un cuenco puse la carne picada con el huevo, la sal y las especias y removí bien con las manos. Creo que es la mejor manera aunque es siempre desagradable porque, además, suele estar muy fría. Lo de las hierbas y las especias, pues hacéis como os guste. Yo soy mucho de estas. Es mejor usar un huevo pequeño pero, si os parece que está la mezcla de carne demasiado blandengue, podéis poner un poco de pan rallado para espesarla (un suponer que el huevo sea grande). Rellenamos las cebollas con ayuda de una cuchara y sellamos con harina. Esto es igual que en las piezas rellenas.

En la tartera que vayamos a utilizar o en una sartén, si preferís, vamos dorando las cebollas ya rellenas por ambos lados. Que estén doraditas es más rico en el resultado final. Es mejor escoger cebollas entre pequeñas y medianas. Si cogéis cebollas grandotas, tendréis sólo dos o tres. Si sobra carne, formamos albóndigas que pasamos por harina y también doramos y añadimos al guiso.

   Las cebollas doradas las reservamos y en la tartera ponemos, bien picadito, todo el relleno que sacamos de las cebollas para preparar la salsa. Doramos todo ese picadillo en aceite de oliva. Añadimos la salsa de tomate, un par de hojas de laurel, un chorro de vino blanco, damos un hervor e incorporamos las cebollas y las albóndigas. Por cierto, yo encontré el tomate un poco intenso y lo rebajé con un poco de agua, medio tazón. Y esta salsa, claro, hay que probar a ver cómo va de sal.

   Podéis comprar menos carne y no hacer albóndigas. Quizás 350 gramos de carne... No estoy muy segura de la cantidad exacta para un kilo de cebollas. Va a depender del número, del tamaño, de cuánto las vaciéis. Por eso os digo, yo hago albóndigas y todos contentos.

   Sólo queda dejar hervir a fuego suave hasta que las cebollas estén bien tiernas. Tardan lo suyo, más de una hora... Nosotros las tomamos al dente, menos hechas y nos gustaron mucho pero ya sabéis, en la olla a presión podéis ganar tiempo, yo creo que 15-20 minutos serán suficientes.


   Y bueno, como aquí son comedores, preparé un poco de arroz en blanco para acompañarlas. Siempre pienso que mejor arroz que patatas fritas... ¡Qué vida esta! Es una receta que nunca había hecho, cebollas rellenas de carne guisadas con tomate, para que nos entendamos, y nos gustaron mucho. Mi hijo pequeño dijo: Otro día rellenas pimientos. Pues también ¿por qué no?

   Ahora, que se acerca la primavera, hemos comenzado con la dieta ligera, que falta nos hace. Aquí en Galicia todo se celebra comiendo y cada vez es más difícil perder los kilos de más. Los años que son muy... desgraciados. Os animo a hacer este plato asturiano, que yo he hecho a mi modo, porque es rico y relativamente fácil. Si no queréis llorar, metéis las cebollas en la nevera y veréis que frías molestan bastante menos.

    Os dejo por hoy. Os agradezco que me leáis, como siempre desde lugares tan inesperados a veces como... ¡Turkmenistan! Gracias de verdad a todos. Yo ando, como siempre liada con la cocina, la acuarela, el crochet, la familia,... y ¡todo es un desorden! Es lo bueno de la vida, no aburrirse. Nos vemos en unos días. Bicos.

martes, 25 de febrero de 2020

Tartita estilo La Viña


   Esta es una tarta bastante famosa que se hace en San Sebastián. Bueno, en muchos sitios, ahora también en mi casa. Yo había oído algo de ella pero no había hecho mucho caso. Comemos ya tantas cosas... El caso es que mi amiga María me preguntó por una tarta de queso y yo indagué un poco y llegué a esta y  otras tartas también muy interesantes. Hace varias semanas, para saber de qué hablaba, la hice para el domingo. Ya veis que he puesto "tartita" pues hice un tamaño pequeño. ¿El resultado?, nos dejó asombrados. Es realmente rica. Os voy a poner cómo la he hecho porque, como me suele pasar, no es exactamente igual a lo que vi pero riquísima. 

   Ingredientes: 
300 gramos de queso de untar (Mercadona)
3 huevos medianitos (o dos grandes)
200 ml de nata de montar
Media taza de azúcar (100-125 gramos)
Una cucharada de harina

Ralladura de limón
Canela molida 


   Empezamos batiendo el queso y el azúcar con el batidor de varillas. Se puede hacer a mano o a máquina. Añadimos los huevos y seguimos batiendo. Incorporamos la nata. Batimos bien y, por último, una cucharada de harina tamizada. Que se mezcle todo perfectamente. Yo, como soy de aromas, puse un poco de ralladura de limón y una pizca de canela. Esto está fuera de receta pero quedó la tarta divina. 

   Como es pequeñita, podéis doblar cantidades, escogí un molde pequeño (menuda frase). Ha de tener cierta profundidad. Nos mojamos las manos y arrugamos el papel de hornear que pondremos en el molde adaptándolo a su hechura. Es sencillo. Vertemos la mezcla sobre el papel y ya está lista para ir al horno. 


   La teoría es unos 40 minutos a 200º. Yo tuve miedo de que se quemara y a los 20 minutos bajé el horno a 180º. Tened en cuenta que la medida de tiempo y temperatura es para una tarta el doble de grande. Vale la pena. Si la hacéis pequeña, atención a partir de los 30 minutos. También depende del horno. El mío es lento. La tarta sube y se pone preciosa. La podéis dorar un poco más pero yo no tuve queja. Antes de desmoldarla debe reposar unas 4 horas. Bajará un poco y quedará más hundida en el centro, lo cual me parece bonito. Se puede tomar del tiempo o fría de nevera. De cualquiera de las dos maneras es deliciosa. ¿Mermelada? Os aconsejo probarla sin ella porque tiene un sabor y un tacto realmente sorprendentes. Es exquisita.


   Aquí podéis ver el corte, la textura que tiene... Os animo a hacerla porque la dificultad es cero patatero y el resultado os satisfará sin duda. Perdonad la demora en escribir. Ando un poco liada, y mira que he tenido años soporíferos... Pues ahora no paro. Afortunadamente. Nos vemos en unos pocos días. No dejéis de hacer la tarta. Bicos.

viernes, 14 de febrero de 2020

Carne al toro


   Hoy os traigo una receta que no es del todo nueva en el blog pero la he hecho un poco distinta y me ha encantado. Es más salerosa que la anterior, que la acompañé con pasta Fideuá al toro. Esto lo vi en el facebook de una prima y me animé porque me gustan las recetas sabrosas. Vamos, que no te deja indiferente. Lo que necesitamos es fácil:

Un kilo de carne de añojo o ternera para guisar
Una cebolla grande
Un pimiento verde
Una zanahoria
Unas cucharadas de salsa de tomate
Un vaso de vino tinto
Dos dientes de ajo
Aceite, sal y pimienta
una hoja de laurel
Una rebanada de pan
Pimentón picante
Cominos

   Sólo tengo la foto de arriba. Un desastre... Pero os podéis imaginar cómo empezamos. Lo primero, ponemos a calentar el aceite, mejor si es virgen extra, en una tartera y doramos la rebanada de pan que reservamos. Doramos bien la carne en dados cortados un poco al gusto. Yo hice añojo, que tarda más, pero podemos hacer ternera igualmente. Cuando la carne está dorada la reservamos. Tened en cuenta que no salamos la carne todavía. 

   Vamos cortando las hortalizas y las sofreímos en el mismo aceite. Si hiciera falta, añadimos un poco. Generosidad sin exageración. Los ajos los chafamos con piel y los añadimos también. Cuando las hortalizas tienen un color bonito, ponemos la carne otra vez en la tartera y salpimentamos. Ya podemos añadir el pimentón, le damos unas vueltas rápidamente para que no se queme e incorporamos el vino.

   En un mortero deshacemos la rebanada de pan y, si los cominos son en grano, también los rompemos. Ponemos en la tartera, no olvidando la hoja de laurel. Como veis es un guiso sabrosón.

   Ya sólo queda hervir a fuego suave hasta que la carne esté muy tierna. La ternera puede tardar una hora y el añojo un rato más. Lo mejor es probar un trozo y, si no está bien tierno, le damos más tiempo. También comprobamos el punto de sal.

   El pan engorda la salsa y las especias le dan un toque muy especial. Pica un poquito y tiene el intenso sabor de los cominos. ¿Qué cantidad? Media cucharilla de cada me parece bastante para empezar. Para añadir más, siempre hay tiempo.

   Nosotros lo acompañamos con unas patatas fritas cortadas en cuadrados. Un puré de patatas, casero o no, tampoco le va nada mal. Como complemento, sería muy adecuada una ensalada para aligerar un poco la digestión.

   Aquí queda la receta. La anterior no llevaba estas especias y era un guiso más tradicional. También delicioso. En cualquier caso, son guisos estupendos para febrero. Pronto estará aquí el Carnaval y habrá que pensar en comer... ¿pescado? Os deseo un feliz día de San Valentín y un estupendo fin de semana. Bicos.

   Por cierto, que no se me olvide, el blog ha cumplido ya siete años... Y yo en la luna, despistadísima ¡qué raro! Tengo que deciros que, aunque se ha convertido en un blog tranquilo en el que nadie comenta, sigue siendo leído y no tengo intención de dejarlo, si bien es cierto que lo tomo con más calma. Os agradezco muchísimo a todos que me leáis y confiéis en mi criterio. Son muchos, muchísimos años cocinando, algunos enseñando mis recetas y, a veces, dando clases por afición... No es una profesión, es... lo que quiera que sea.


 Mil gracias a todos por leerme.