Translate

lunes, 4 de noviembre de 2019

Croquetas de morcilla serrana



   A la vuelta de nuestro viaje a Cádiz paramos en Santa Olalla del Cala, que está en la provincia de Huelva. Sí, en la Ruta de la Plata. Yo creía que Olalla era Eulalia en gallego, ya sabéis, Santa Eulalia de Mérida... Pues en huelva también hay Santa Olalla. Bueno, mi marido compró allí algunos embutidos: morcilla serrana, morcilla patatera y chorizo blanco. Los tres deliciosos, como os podéis imaginar. A mí la morcilla serrana me encantó. Esos embutidos los utilicé para diversos platos que después os comentaré. Con la morcilla se me ocurrió hacer croquetas. Ya sabéis que soy una apasionada de ellas. Así pues, me puse a hacerlas un día que tuve un poco más de tiempo. 


   En primer lugar hice una béchamel banca y muy tierna con una cebollita pochada, 50 grs de harina y medio litro de leche. Esto os lo he contado mil veces: pocho la cebolla en aceite de oliva, añado la harina, le doy unas vueltas y, a continuación, pongo la leche a poquitos sin dejar de remover fuera del fuego. Vuelta al fuego y dejamos hervir suavemente unos 20 minutos. Así en blanco, salamos y ya está rica. 


   Lo que hice fue añadir al final un puñado de morcilla en daditos. Sin exagerar de cantidad porque es bastante sabrosa. Veis en la foto que era poca cosa. Dejamos hervir unos minutos y apagamos. 


   Como veis, ese pequeño hervor de la morcilla ha dado color a la béchamel. También le ha dado un delicioso sabor. Tiene que gustar la morcilla, claro. 


   Una vez fría la béchamel, liamos las croquetas, que decía Carmen, con huevo batido y pan rallado. Dos cucharas y mucho cariño. Estas estaban demasiado tiernas.



   Por esta razón, la ternura, se abrieron un poco al freírlas. Tengo que ser menos tierna con este tema pero me gusta tanto que estén delicadas... 


   Ya en el plato, acompañadas de unas patatas y de cardo guisado con tomate. Es otra receta que os tengo que contar porque nos gustó mucho y yo no suelo hacer cardo. 


   Os enseñó también un par de fotos de otros usos que, a lo largo de estos días, dimos a estos productos onubenses. En la foto de arriba, detalle de un cocidito muy rico. En la siguiente, unas lentejas con su arroz en blanco que caen casi cada semana... Me resultan fáciles y encantadoras. 


   Pues aquí queda esto. Nos gusta probar cosas nuevas en los viajes y, a ser posible, traer algunas de las nuevas viandas que encontramos. Esto en concreto me pareció muy rico y se podía tomar cocido, frito o curado... Vamos, las tres bes. En cuanto a las croquetas, pues nos gustaron muchísimo. Os animo a hacerlas si sois de estas cosas, si no, pues de jamoncito o de pollo, que también son muy ricas. Os dejo por unos días pero no me olvidéis que tengo más cosas que contar. Bicos.


jueves, 24 de octubre de 2019

Dulce de membrillo


   Los que me leéis con cierta frecuencia, quizás recordéis que durante mi viaje a Cádiz paré en el Bierzo y pedí permiso para coger membrillos. Fue una cosa curiosa. Le dije a mi marido: "Pregunta si nos dejan coger tres membrillos". ¿Por qué tres?, más que nada por no parecer abusona. Una vez que nos dieron permiso muy amablemente, desde aquí les doy las gracias, escogí tres preciosos membrillos, bien grandes, que podéis ver en la foto de abajo acompañando a la mermelada de tomate. Están saliendo las cosas muy ricas últimamente... 



   Tenía que ponerme a hacerlo antes de que se estropeasen y un domingo por la tarde puse manos a la obra. Lo primero, pesé los membrillos. Pesaban algo más de 1.600 gramos. Mirad si eran grandes que todos pasaban del medio kilo. Los lavé bien lavados porque tienen una especie de pelusa y yo quería usar las mondas. Entonces... me puse a pelarlos cortándolos primero en cuartos y reservando los corazones. Os digo que esto fue lo más dificultoso porque estaban duros de carays. Bien, los pelé y los cubrí con 800 gramos de azúcar y el zumo de medio limón. No quería que se oscureciesen y no podía ponerlos a cocer todavía, ¿la razón?, quería aprovechar pieles y corazones. Esto fue un poco rollo.



   Si os fijáis un poco en la foto de arriba, que no es muy allá, veréis que hay un hervidor y la tartera con los membrillos. En el hervidor puse las pieles y los corazones con dos vasos de agua y los dejé hervir unos 20 minutos. A continuación puse el líquido resultante, pasándolo por un colador, sobre los membrillos y el azúcar junto con un trozo de limón a cocer. Estaban tan duros que yo dudé que se fueran a hacer. En unos 25 minutos estaban ya cocidos y tiernos. Nunca hay que perder la fe. 


   Con la punta de un cuchillo verifiqué que estaban tiernos, saqué el trozo de limón y batí bien con una batidora de brazo. Lo dejé hervir en la tartera 15-20 minutos más, removiendo cada poco con una cuchara de palo. Os voy a decir que no estaba tan espeso como yo pensé que debía estar: Ya sabéis, se abre un camino en medio de la pasta y tarda en cerrarse como el mar Rojo cuando pasaron los israelitas. Pues no estaba tanto... Pero como había puesto el agua de la cocción de las pieles, con la que se hace la jalea de membrillo, decidí confiar en mi suerte y no lo herví más. La jalea ya sabéis que es una delicia pero yo no estaba esa tarde para jaleos ni jaleas. Sin hervir más, pasé el dulce a una fuente y lo dejé enfriar. Cuando estuvo frío, lo mandamos a la nevera. 


   Yo le dije a mi marido que si no cuajaba nos lo tomábamos a cucharadas porque rico estaba riquísimo. No hubo tal. Al día siguiente lo sacamos del molde y quedó, como véis en la primera foto de la entrada mono monísimo. Con un colorido ideal, una textura estupenda y un punto de dulce no muy exagerado por llevar la mitad de peso de azúcar. ¿Fue suerte? Es posible. Esta semana hice un dulce de manzana con mucha más azúcar y también quedó precioso aunque no era para mí. Pero me he quedado con ganas de hacerlo para casa...

   ...Porque nuestro dulce de membrillo se fue terminando a poquitos y cada día íbamos tomándolo con un pedacín de queso, de postre, hasta que se acabó dejándonos su ausencia la mar de tristes. Ya veis debajo la ración de queso y membrillo que precioso color tenía. El sabor no os lo puedo trasmitir. Lo dicho, creo que voy a hacer dulce de manzana para ir pasando estos días otoñales que son, con el cambio de hora, de cierta oscuridad. Os animo a hacerlo, no porque sea fácil, ya que da algo de trabajo, sino por el placer de tomarlo. 


   Tengo más cosas que contaros pues he hecho unas croquetas nuevas con un embutido que compré en Huelva a la vuelta del viaje. Además, sigo trabajando los arroces de tipo zamorano con pimentón y alguna cosa más hay por ahí... ¡unos cardos en salsa que nos encantaron! Es así, llega el frío y nos metemos en la cocina ¡a engordar! Os iré contando poco a poco. Hoy tenemos un día triste y lluvioso pero mañana creo que volverá a brillar el sol. El blog va bastante bien y yo... pues parece que me van costando estas entradas un poco largas de contar, escribir y repasar. Espero no haberme confundido en nada pues el membrillo ya hace varias semanas que lo hice y mi memoria de elefante se me está rebelando... No se quiere acordar de tantas menudencias. Nos vemos pronto por aquí. Gracias otra vez por leerme desde donde quiera que estéis. Bicos.

viernes, 11 de octubre de 2019

Mermelada de tomate


   Después de tomar en Cádiz la mermelada de espárragos trigueros, me dije a mí misma que tenía que atreverme con la de tomates. Eso por lo menos... ¿Cuál era mi miedo?, bueno, miedo ninguno, pero la había tomado comprada y no me había parecido de echar cohetes. Qué soy así yo... Entonces, en el supermercado compré tres tomates pera. Mirad qué poco arriesgué. Pesaban 350 gramos. ¿Qué hice? Vamos con los ingredientes:

350 grs de tomates
175 grs de azúcar blanco
Una tira de piel de limón
Una pizca de canela en polvo 
(Más nada)


   Lo primero que vamos a hacer es pelar los tomates y quitarles el corazón. Yo los pelé con el pelador pero podéis pasarlos por agua hirviendo cortándoles antes una cruz en la piel... Ya sabéis. La verdad, a mí el pelador me parece más rápido y limpio. Estos tomates pelados los cortamos en trozos más o menos grandes al gusto. Es verdad que si son trocitos chicos se reparte mejor en las tostadas. Fue la queja de mi hijo porque, como veis en la foto superior, yo no los corté mucho. 

   Sigo porque me lío. Los ponemos cortados y pelados en una tartera cubiertos con la mitad de su peso de azúcar, la piel de limón y una pizca de canela. ¿Por qué la canela?, bueno, quería aromatizar un poco sin exagerar. No se notaba mucho sabor a canela pero estaba elegante y fina. Llevamos a ebullición y vemos que el tomate suelta agua a lo loco. Así pues, tiene que hervir un buen rato. Veis arriba que uno de los tomates no estaba excesivamente maduro, pues no pasa nada, igual estaba rica la mermelada, ¿o no se comen los tomates verdes fritos? En este caso, la mermelada estaba bien cocinada. Como os decía, tienen que hervir lo suficiente para que se evapore el agua del tomate y coja cuerpo, también para que la pulpa de la fruta esté bien cocida y brillante, satinada.


   En este caso hirvió unos 45 minutos a fuego entre medio y bajo. A según la cocina. Se nota cuando está hecha por el brillo de la fruta y el espesor. De todas maneras, tened en cuenta que al enfriarse siempre espesa un poco más. ¿Rica? Rica riquísima. Me sorprendió, nos sorprendió a todos, porque no recordábamos tan buena la comprada. Por ejemplo, con queso está divina. No tengo foto de ningún pincho de los que hicimos pero os digo uno que me gustó en particular: Pan, queso gorgonzola, mermelada de tomate casera y una anchoa. ¡Qué cosa tan rica!


   Esto, de verdad que os animo a hacerlo. Si queréis, yo no lo hice, podéis escoger unos tomates más carnosos o quitar las pepitas. Con todo y con que estos tomates eran barateiros, que decimos en Galicia, la mermelada quedó buenísima y la mar de bonita. Creo que no voy a hacerle más publicidad. La semana que viene intentaré subir el dulce de membrillo que hice con los membrillos del Bierzo, que están de compañeros de la mermelada en una foto. Eran impresionantes de grandes y el dulce quedo divino. Se ve que no tengo abuelas... os deseo a todos un precioso fin de semana y un bonito día del Pilar. Ya sabéis que yo soy casi medio maña.


viernes, 4 de octubre de 2019

Plasencia, Cádiz y tres membrillos del Bierzo


   Mucho tiempo sin escribir, lo sé, pero es que, entre otras muchas cosas, he estado de viaje. He ido a Cádiz, ni más ni menos, a través de la Vía de la Plata. Ha sido un viaje familiar muy bonito y caluroso. Os voy a contar un poco porque ha sido muy interesante. 

   Aparte de que paramos en Zamora para comer, nuestro siguiente destino era Plasencia. Me hacía mucha ilusión conocer esta ciudad porque, como les iba contando en el coche, había leído la novela El alma de la ciudad, de Sánchez Adalid, y me había gustado mucho. Su fundación en tiempos de Alfonso VIII, en plena Reconquista, la descripción de su belleza, por algo se llama Plasencia, y la trama de la novela que tiene que ver con el Sagrado Mantel de Coria,... No os cuento más por si os entran ganas leerla pero era una visita que me apetecía. Pues bueno, me encontré con una ciudad preciosa. La Plaza Mayor es animadísima, con mezcla de estilos, desde el ayuntamiento con su torre del reloj hasta edificaciones más modernas y pintorescas. En la ciudad hay numerosos palacios y preciosas iglesias. No pudimos ver mucho. Una de las cosas curiosas es "las Catedrales", así en plural, porque son dos edificios en uno. Sobre la catedral del siglo XIII, se comienza otra en el siglo XVI. Se puede visitar pero no dejan hacer fotos en el interior. Las dos partes son preciosas y muy interesantes. Vale la pena la visita. En la foto superior, podéis verme a mí a la salida de las catedrales haciendo una foto del entorno (es primera vez que salgo en el blog).



   La Casa de las Dos Torres es de las más antiguas de la ciudad. Está muy retocada y actualmente sólo queda una de las torres. Perteneció a la familia Monroy, que conocemos bien los que hemos leído la obra de Sánchez Adalid. Luis María Monroy es el protagonista de la trilogía que comienza con el Cautivo. Si os gusta la novela histórica, os aconsejo su lectura. 



   Seguimos paseando por el casco antiguo hasta el Parador. Es el más bonito que he visto nunca. Un antiguo convento del siglo XV. Imaginaos mi sorpresa al entrar en la preciosa sala capitular y ver al autor extremeño del que os he hablado dando una charla. Fue un momento increíble. Qué casualidad tan asombrosa y emocionante. 

   En la Plaza Mayor tomamos en El Español unos pinchos deliciosos con unas cañas. Me llamaron la atención los callos -sin garbanzos- y unos higaditos riquísimos. Todo suculento y espectacular. Allí a donde voy, me gusta probar las especialidades.



   la siguiente etapa de nuestro viaje era Cádiz. Empezamos nuestra visita en la Plaza de San Antonio. Es un buen sitio para dejar el coche y empezar a callejear. Nos dirigimos a la Casa Manteca. Allí tomamos un aperitivo. Una de las cosas fue queso con mermelada de trigueros. Os digo que estaba delicioso y había un ambiente bárbaro. Después seguimos hasta El Faro. Comimos en la barra diferentes cosas: Tortillitas de camarones, patatas aliñadas y unos molletes rellenos de ortiguillas con mantequilla que quitaban el "sentío". Qué cosa tan delicada. Eso sí, estaba como San Lúcar en verano: "quítate tú pa ponerme yo". Mi marido dice que podría vivir en la barra del Faro.


   Seguimos nuestro paseo hasta la Caleta. Hacía un día tan divino... Esta luz de Cádiz, mi Cai, es maravillosa. Viniendo del norte es resplandeciente. También fuimos a la Catedral Nueva. No pudimos verla por dentro porque teníamos poco tiempo... Otra vez será. Total, Cádiz y Ferrol están muy cerca.



   De los más bonito de Cádiz son sus callejuelas, con sus patios, sus galerías, sus balcones. Corría una brisa fresca y se caminaba a gusto. Ya se sabe: "Cai se bebe el sol que hay en la brisa marinera..."


   Y en la Plaza de Mina vimos unos hibiscos en flor tan impresionantes que no pude evitar fotografiarlos. Son todo fotos de móvil pero os hacéis una idea.



   Para culminar nuestro paseo fuimos a la Alameda de Apodaca. Es un entorno tan bonito junto al mar que no se puede dejar de ir. Impresionante el tamaño de los ficus centenarios procedentes de Australia. Inolvidables las farolas. La alameda es un increíble mirador sobre la bahía. 



   
   Es un resumen bastante imperfecto de nuestro viaje relámpago que tenía motivos familiares que no vienen al caso, pero os dejo aquí nuestro recorrido por estas dos bonitas ciudades españolas. Es curioso porque cruzamos el Duero en Zamora, el Tajo, El Guadiana a la altura de Mérida y el Guadalquivir en Sevilla. Incluso el Guadalete, de tan triste recuerdo.Vimos miles de encinas en Extremadura y campos de algodón en Sevilla. Yo me fijo bastante en el paisaje cuando voy en coche, los ríos, las sierras, los castillos. Es apasionante porque entiendes mejor la historia cuando paseas por la geografía. Por otra parte el viaje de vuelta fue tan caluroso, alrededor de 30º casi todo el tiempo, que resultó algo agobiante. ¿Queda algo por contar? Seguro que sí pero no lo recuerdo ahora. En el Bierzo pedimos permiso para coger unos membrillos pues estaban los árboles cargados de fruto. Cosas de las blogueras cuando viajan...


   Pues aquí queda esta entrada algo laboriosa. Tengo pendiente hacer el dulce de membrillo y la semana que viene os contaré una mermelada de tomate que hice que me quedó exquisita. Sí, está mal que lo diga pero todos estuvimos de acuerdo. Me despido por ahora. Gracias por leerme a todos. Bicos.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Aquí hay tomate...


   Creo que os había contado que nos han regalado fruta. Entre otras cosas, venía una bonita cantidad de tomates. No tomates de esos que venden que, a veces, parecen de plástico. Estos eran tomates caseros, cultivados en Galicia y de diferentes tipos. Os digo que eran extraordinarios. Había tomatitos cherries, tomates raf, tomates corazón de buey,... Todos con un color, un aroma y un sabor impresionantes. Yo no soy la persona más tomatera del mundo pero estos me chiflaron. 

   Hubo lugar para hacer varias cosas. Algunos estaban algo maduros e hice una salsa de tomate casera. Imaginaos qué rica estaba. Teniendo esta salsa hecha, mi hijo me pidió que hiciera pizza casera con esa base, la salsa de tomate. Mezclé varias cosas: queso, anchoas, bacon,... y puse también jalapeños. Nunca lo había hecho y me gustó mucho. No picaban excesivamente, o eso me pareció a mí. La verdad es que los jalapeños me gustan bastante, aunque sean del supermercado.


   También hice alguna ensalada tipo "guacamole" al ser los tomates tan buenos, les di más protagonismo. Hice secreto a la plancha, cortadito en tiras, freí plátano macho, que nos gusta mucho, y, con todas estas cosas, incluido un queso que andaba por la nevera, montamos unas fajitas que nos gustaron tremendamente.


   Otro día repetimos, quedaban tomates, con carne picada aderezada con cominos y finas hierbas, añadiendo una salsa de yogur con hierbabuena. Aquí hice fusión de culturas. Os digo que estaban igualmente deliciosas. Es la típica comida que hago cuando tengo prisa. Las fajitas las compro hechas y las doro en la tostadora, no creáis que me paro a hacerlas. 


   Cuando ya sólo quedaba uno de aquellos insignes tomates y estaba demasiado maduro, decidí rallarlo. En casa no se rallan los tomates, no hay tradición, pero lo tomé rallado en un desayuno en casa de una amiga y me dije: "esto hay que hacerlo". Normalmente se toma con una rebanada de pan, jamón serrano y un hilo de aceite de oliva. 


   Lo que yo hice fue incorporar el aceite en el tomate rallado y añadir un diente de ajo picadito. Sólo nos falta pan y ganas de comer. Desgraciadamente para mí, estas nunca fallan. Podemos comprar panes distintos, que también es muy rico variar el pan.

 
   La calidad de las fotos no es muy allá pero podéis ver que jugamos con distintos ingredientes: anchoas y aguacate, queso y salchichón zamoranos,...


   Y algún pinchito que llevaba el tomate rallado, aguacate, queso y gulas. Lo divertido es que cada uno iba haciendo sus montaditos como le parecía mejor.


   Estoy terminando. Muchos días hubo una simple ensalada de tomate con aceite y sal para acompañar, por ejemplo, un pollo asado. Creo que ya os he comentado alguna vez que el pollo asado me encanta. Soy así de sencilla. 


   Septiembre es un buen mes para el tomate. Va madurando al sol, tranquilamente, y se llena de color y sabor. Si os regalan tomates, tenéis aquí algunas ideas... No olvidando, claro está, ni el gazpacho ni el salmorejo. Nos pasamos la vida escuchando que hay que tomar fruta, verduras, hortalizas,... El tomate es en realidad una fruta y muy sana ya que aporta vitaminas, C, A, K, hierro y potasio,  ¿qué culpa tiene el tomate...? Pues ninguna pero hay que comerlo. Os deseo a todos una feliz tarde.

martes, 10 de septiembre de 2019

Merluza en salsa con gulas


   Buenas tardes, la receta que os voy a escribir tiene otra versión en el blog, dos si no me equivoco. La razón de subirla es porque está hecha de modo más sencillo y barato, y nos gusta mucho a todos. Últimamente la preparo con cierta frecuencia porque no tardo más que unos minutos. Lo que necesitamos es:

Seis corazones de merluza
Una cebollita
Una cucharada rasa de harina
Un tazón de caldo de pescado
Azafrán o colorante alimentario
Media taza de guisantes
100 gramos de gulas
Aceite, sal y pimienta
Un chorrito de vino blanco opcional


   Lo primero voy a aclararos que estos "corazones" de merluza son congelados. De la marca Pescanova. La verdad es que son muy ricos, de carne blanca y tersa que es lo que nos interesa con la merluza. Son un poco más caros pero me parece que merecen la pena. Los dejamos descongelar en la nevera toda la noche y los sacamos un par de horas antes por si les faltara un poco. Esto depende un poco de la temperatura ambiente. En invierno descongelo fuera de la nevera. 

   Dicho esto, ponemos en una sartén grande un chorrito de aceite y pochamos la cebolla picadita como si fueramos a hacer una béchamel. Es más bien una belouté pero nos entendemos. Cuando la cebolla está pochada, sin coger color, añadimos la cucharada de harina. Rasa, sin exagerar de cantidad. Todo esto es a fuego medio como os podéis imaginar. Bien, dejamos dorar la harina unos minutos removiendo hasta que nos parezca que se ha dorado. Es el momento de incorporar el caldo de pescado sin dejar de remover. Aquí, como si fuera una béchamel, se trata de que no se formen grumos.  Lo siguiente es poner el azafrán. Sabéis que el azafrán sabe a... azafrán. Si no os gusta, podéis poner una pizca de colorante, lo justo para que coja un color suave. Dejamos hervir suavemente unos minutos. Salpimentamos al gusto, según sea de salado el caldo. Si no tenemos caldo, podemos poner agua y una pizca de una pastilla de pescado o de verduras. Esto en caso de apuro. 


   Yo los guisantes los suelo tener congelados, entonces... los paso un minuto por el micro para que no lleven hielo. Los ponemos en la salsa, que hierve suavemente, junto con la merluza. Tapamos y dejamos hervir unos 6-8 minutos, mojando el pescado con la salsa un par de veces con ayuda de una cuchara. Si los "toros", palabreja ferrolana, son muy gruesos, puede convenir darle la vuelta a mitad de cocción.

   Para terminar, ponemos las gulas, lo que es un paquete de los dos que vienen llegaría para esta cantidad de pescado, y dejamos hervir con la tapa puesta 1-2 minutos. Hay que procurar que no se haga de más el pescado. Según sean las porciones finas o gruesas un total entre 7-10 minutos creo que es más que suficiente. ¡Ah!, se me olvidaba. En la salsa yo puse un poquito de vino blanco, pero no mucho que es un poco invasor. Un chorrito. Si os gusta el perejil, podéis poner un poco picadito en el momento de servir.

   Hasta aquí esta receta. Como habéis visto, nos hemos saltado freír el pescado, que también es rico y un clásico, para ponerlo directamente en la salsa. Ahorramos calorías y algo de trabajo, no manchando una sartén y el aceite que nos queda usado. Es cómodo y queda muy bien, de verdad.

   Como compañía, unas patatas cocidas o fritas estilo panadero le van muy bien. Si no queremos patatas... podemos poner una ensalada de entrante. Creo que no me olvido nada. Me pasan los días sin escribir y me voy acostumbrando. Es lo que tiene la mala vida del verano. He estado haciendo mermeladas, compotas, salsas de tomate. Nos han regalado mucha fruta y os digo que "no damos hecho". Nos vemos por aquí cuando se me ocurra algo que contaros. Bicos.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Septiembre


   Me gustaría deciros que estoy aquí de nuevo... Esa es la idea. La verdad, ha sido un verano algo extraño. A veces tranquilo y aburridillo, a veces de comidas, cenas y salidas  constantes,... Siempre al final del verano tengo dos sentimientos: Uno de pena porque se van los días largos y luminosos; el otro de alivio pues la rutina me suele sentar muy bien. Incluso para llevar este blog, el verano es una locura. Cocino poco y suelo recurrir a recetas sencillas que no fallan. Tomamos gazpacho, bistecs empanados, platos rápidos y ensaladas varias. Vamos que estos últimos meses no se me ha ocurrido ninguna novedad que contaros. Me he sentido un poco torpe. 



   No hubo muchas comidas especiales y los platos que hice andan por el blog sin duda. En una ocasión que vinieron unos amigos y pusimos queso de aperitivo. La presentación la hizo mi hija y creo que quedó la mar de mona. Preparé también pudin de pescado, poke y empanada de berberechos. Bueno, el poke gustó mucho, que me sorprendió porque pensé que quizás les resultara en exceso novedoso. En cuanto a la empanada, que fue un éxito rotundo, reconozco que me quedó muy rica y yo misma me sorprendí al probarla de lo bien que había quedado. En la masa puse mezcla de harinas, maíz y trigo, recordando la empanada de las Rías Bajas. No tengo ninguna foto demasiado decente... Cosas que pasan cuando hay invitados.


   Hicimos algunas excursiones bonitas. En estas dos fotos, en nuestra ría, podéis ver lo que queda del fuerte de San Martín, que cerraba la boca de la ría con una cadena que se extendía desde el castillo de San Felipe. Como veis, la tarde era preciosa. En la foto siguiente vemos "o cu da raíña". Se supone que en esta roca se sentó Mariana de Neoburgo, cuando venía a casarse con Carlos II, el Hechizado. No tuvo mucha suerte (con el matrimonio). Bien, según dicen, a causa de una tormenta el barco entró en la ría de Ferrol. Que la princesa se sentara en la roca... No sé yo pero bueno, esa es la historia. Está muy cerquita del castillo de La Palma. 


   Una de las cosas que hemos repetido en unas cuantas ocasiones es la tortilla de patatas. Para mí es una cosa muy cómoda porque procuro tener siempre en casa patatas y huevos. Creo que es un plato que no falla y conozco a poca gente a la que no le guste. En bocadillo, para ir por ahí, también es riquísima. En mi familia hay un viejo debate sobre si la tortilla debe o no llevar cebolla. Yo la prefiero con cebolla sin ninguna duda pero me gusta también sin ella. 



   Y estos días han sido las fiestas de San Ramón, que es no es nuestro patrón pero las fiestas de Ferrol son en esta semana porque el marqués de Amboage, benefector y paisano de Ferrol, se llamaba así. Además, hay fiestas en Canido donde siguen pintando las ya famosas Meninas. Esta que veis abajo es una de mis favoritas. Para que os hagáis una idea del tamaño, lo que hay a mano derecha del dibujo es un árbol.


    Me queda por deciros que la primera foto de la entrada es "a Cova" en Covas, y, como podéis ver, es un refugio natural para los barcos de pesca. En Covas (o Cobas) también hemos estado varias veces admirando sus preciosas playas porque Ferrol tiene unas playas que no pueden ser más bonitas. Esto lo digo totalmente en serio. Hay que venir a verlas. 

   Bueno, pues ha llegado septiembre y espero volver a retomar el blog que ha estado un poco desatendido en verano. Os doy las gracias porque ha seguido teniendo visitas cada día. Me daba pena no publicar pero, realmente, cuando no hay novedades... ¿Qué os voy a contar? No he salido de Galicia ni de la zona de Ferrolterra en todo el verano. Este año ha sido así. 

   Por el momento os dejo con este "resumen" de mi mes de agosto particular. Intentaré contaros pronto algún plato novedoso. Gracias una vez más por continuar ahí. 


   Os recuerdo, por último, que estos días tenemos una deliciosa fruta, al menos en Galicia,  y podemos encontrar dulces ciruelas de varios tipos, melocotones, higos,... y ya podemos ir a buscar moras para hacer mermelada. Yo creo que la voy a hacer de pésigos, un tipo de melocotón gallego que ya está madurando. Buenas noches a todos y feliz comienzo de mes.