Translate

martes, 22 de septiembre de 2020

Caldo oriental y pan al vapor


   Otra vez a vueltas con el ramen. Estuve en Madrid, ya veis qué osada, y probé el pan bao. Es un pan de trigo que se cuece al vapor, de origen chino. Creo que hay multitud de recetas. La que yo he probado era más o menos un pan normal de agua, harina y levadura con algo de aceite y azúcar. Fijáos que lo hice sin sal porque no salía en la receta que vimos y después he visto otras que sí llevan sal (ya me parecía a mí raro). Un lío todo esto. Pero no es del pan bao de lo que pensaba hablaros, no del pan bao en sí mismo, si no de la posibilidad de cocer pan al vapor. 

   Cuando volvimos de Madrid, estábamos muy interesados en este tipo de pan porque nos gustó mucho. Es diferente al no estar dorado, la miga igualmente tierna. Entonces... miramos en You Tube. Es donde veo este tipo de cosas. Por en medio de lo del pan, una receta de ramen. Yo el ramen ya lo hago a mi manera y nos encanta pero apareció una receta de caldo estilo oriental y me encantó porque básicamente es un caldo normal con jengibre y ajo. Entonces puse a cocer:

Unas carcasas de pollo

Dos zanahorias peladas

Unas ruedas de jengibre con su piel

Dos dientes de ajo chafados

Agua y sal. 

   Esto es como hacer un consomé. Lo único... que no tenía puerro en casa y no lo puse. Queda un caldo algo exótico pero muy rico. Bueno para un ramen, para mojar una receta oriental de setas o de cualquier carne,... Y, claro, para una sopa de tapioca, de sémola de arroz, de fideos,...

   Todo este lío fue hoy y le dije a Pedro: "Voy a hacer unos bollos al vapor para acompañar el ramen". Yo soy así, alocada. Hice una masa con un vasito de agua tibia, un trocito de levadura, aceite de girasol y azúcar -ya os dije lo de la sal-. Disolví todo y añadí harina a ojímetro mezclando maizena y trigo porque quería una masa bien blanca. Decidí no hacer panecillos doblados sino bollitos y dejé a mi hijo encargado de la cocción al vapor. ¿Al vapor?



   Como no tengo vaporera y el primer intento de pan bao con tartera, colador y una tapa que no encajaba demasiado bien fue un fiasco. La segunda tanda la hicimos en el horno. Esto es anterior al día de hoy y luego os lo explico. Pues bueno, los bollitos fueron al horno en la rejilla, debajo la bandeja con agua y tapados con papel de aluminio unos 20-25 minutos a 180º. Salieron muy bien, blanquísimos y de miga prieta -recordad la harina de maíz- pero muy tierna. Siento que la siguiente foto saliera tan mal. Es un rollo esto de hacer fotos hambrienta. 



   En cuanto al ramen, pues quedó muy sabroso con este caldo tan rico e intenso. Os recuerdo que a veces echaba mano del caldo de bote pues el ramen ya es de por sí elaborado. Esto ha sido bastante más rico, ¿qué voy a decir?



   Y de vuelta al pan bao, domingo por la tarde, estos salieron del horno blanquitos y bastante ricos aunque nada perfectos. Me divirtió hacerlos pero quedaron muy mejorables.




   Rellenos con lo que había... Un pan blanco, tierno y con una textura por fuera muy distinta del pan horneado tradicional. Son cosas para un día especial que nos sintamos con ganas de novedades.



   El aspecto del caldo es igual que cualquier consomé que, por supuesto, se puede desgrasar... o no. El punto de sal es personal e importante. Si los huesos llevan algo de carne, quedará más sabroso.



 

   Y he encontrado, menos mal, una foto en la que se ve mejor el bollo de hoy. Ya veis que por fuera se ha dorado ligeramente. Es un fallo de mi método de vapor al horno pero os digo que me da bastante lo mismo. Nos encantaron y no le voy a dar más vueltas.



   Aquí queda esta entrada que nos lleva bastante lejos. Es curioso porque nos divierten bastante estas canfurnadas orientales y vamos haciendo experimentos cuando tenemos tiempo. 

   No sé si deciros que os animéis o no a hacerlo, depende un poco de el tipo de paladar que tengáis y de si os gusta probar cosas nuevas. En todo caso, son sabores distintos que también podéis probar en un restaurante. A mí me gusta probar y después versionar. Salir de la sopa, los macarrones y los bistecs. Ser ama de casa es rollo pero en la cocina podemos variar e inventar bastante. Ánimo con todo, nos vemos en unos días.

martes, 15 de septiembre de 2020

Arroz con pollo y mejillones




  Esta es una receta muy sencilla que hice ayer para la comida del mediodía. Estuvimos un día de viaje en Madrid y, después de comer el domingo en Arévalo unas carnes exquisitas, el lunes sólo quería tomar algo sencillo. Que no puede uno pasarse todos los días...


   Así pues, se me ocurrió hacer un arroz con hortalizas, de los míos, con alguna proteína. Os voy a poner ya los ingredientes y seguimos con el cuento:

Una taza de arroz 

Dos contramuslos de pollo deshuesados con piel

125 gramos de mejillones cocidos y limpios

Una zanahoria

Un puñado de espárragos trigueros en trocitos

3-4 champiñones cortados en octavos

Un pimiento verde pequeño

Media taza de guisantes

Un diente de ajo

Aceite, sal, agua y colorante alimentario


   Estos son los ingredientes principales que pueden variar según queramos o tengamos hortalizas en la nevera o el congelador. Por ejemplo, los guisantes y los espárragos eran congelados. La zanahoria y los champiñones eran frescos, y el diente de ajo, claro. En cuanto a las proteínas, el pollo era fresco, corté los contramuslos con su piel en seis trozos. Los mejillones eran congelados, para probar qué tal, y me parecieron ricos y muy cómodos. Puse media bolsa a descongelar mientras iba preparando lo demás. Muy fácil, la verdad. No tan sabrosos como los frescos pero muy prácticos para tener en el fondo de armario de la nevera. Bárbaros por ejemplo para una empanada.



   Estos arroces para tres gatos los hago en la sartén grande y me encanta cómo me quedan, la verdad. Empiezo calentando el aceite y pongo los trozos de pollo con la piel para abajo, me gusta bien hechita. Cuando va estando dorada, damos la vuelta al pollo y ya podemos ir añadiendo las hortalizas por orden de dureza. Quiero decir que pongo primero el pimiento y la zanahoria para ir añadiendo en unos minutos los trigueros, los champiñones cortados al gusto y el ajo también picado. Cuando todo está bien pochado incorporamos el arroz. En esta ocasión lo he usado vaporizado. Es cierto que es algo menos sabroso pero no se pasa y, algunas veces, es una gran ventaja. Vamos, cuando no sabemos si los comensales van a estar justo a tiempo. 

   Unas vueltas en el fuego para que la grasita lo rodee y quede bien suelto y ya podemos cubrir con el doble de líquido que de arroz. Una taza de arroz por dos delíquido. El líquido, si es un caldo ligero, maravilloso, pero si no lo tenemos, ponemos agua y salamos al gusto. Es lo que yo he hecho. Queda sólo dar color con colorante o azafrán. Ya sabéis que el azafrán sabe y el colorante no. El nivel es muy distinto.



   Bien, este arroz vaporizado puede tardar un pelín más que el arroz normal, unos 20 minutos deberían ser suficientes. Hecho el arroz, colocamos encima los mejillones para que sin cocinarse, están cocidos, cojan un poco de temperatura. Mientras el arroz reposa tapado con un paño. Según tengáis costumbre.

   Pues hasta aquí esta receta de arroz de mar y tierra que sale muy rica, fácil y barata. Las tres bes. Perdonad que me haya demorado un poco pero he tenido unas cuantas cosas, entre ellas un viaje, y me ha faltado tiempo. Además, el blog está cambiado y estoy encontrando un poco más complicado el manejo estos primeros días. Que soy una antigua... Estamos ya muy cerca de 775.000 visitas, lo cual es bastante impresionante, como cifra, y os agradezco infinito. Yo voy llevando esto como buenamente puedo y no dejo de teneros presentes. Mil gracias a todos. Bicos.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Intento de hornazo, playa de Ponzos y otras cosas


   ¡Ha llegado septiembre! No sé si me alegro o no. El otoño me encanta pero lo que pueda traer este... me da bastante respeto. La cosa es que el verano, como tal, para mí ha sido bastante aburrido así que, ¡adiós muy buenas! Andaba yo pensando qué compartir con vosotros, pues estoy cocinando bastante pero sencillo. Recordé que hace unos días hice un hornazo, por llamarle de alguna manera, inspirado en una publicación de Instagram que me encantó. Esto mío, no lleva todos los ingredientes que se sugerían, pero nos gustó mucho y por eso lo comparto. Lo primero que vamos a necesitar es una masa "panera". Quiero decir que debe ser una masa que haga miga. Si no, pues nos quedará una empanada, que también es rico, pero esto es más de masa de pan. Yo preparé la que hago para la pizza, ya sabéis, con agua, levadura de panadería, un chorro de aceite, sal y harina, mejor de fuerza. Creo que ya la he puesto muchas veces en el blog así que voy a darla por explicada. Que sea una masa tierna y no demasiado cargada de harina marcará la diferencia. Tampoco pasa nada si no está muy perfecta. 

   El relleno que le he puesto es: un huevo duro, un chorizo y dados de bacon a discreción. Podéis poner lomo adobado, es un clásico, pero yo puse sólo los tres primeros ingredientes. Los que tenía en casa. Tened en cuenta que no era muy grande.



   Lo montamos como una empanada. Masa de pan debajo, relleno extendido, masa de pan encima. Lo espolvoreé con harina, sal, pimienta y tomillo. Eso es a discreción. Al horno unos 20 minutos a 200º o algo menos si vuestro horno es listo. 


   Queda muy mono, no tan grueso como los hornazos que yo he tomado en Burgos pero más ligero también. Muy rico. 


   Ese día lo acompañé con una ensalada de bonito "La Pureza", cebolla, aceituna, pimiento asado,... Lo que os guste. Son ensaladas que entran muy bien en verano y para cenar me parecen muy completas.



   Otras vistas de la propuesta. Os digo que sale tan rico y es tan fácil que vale la pena intentarlo. Yo estoy deseando repetirlo.


   Y las prometidas fotos de la playa de Ponzos. Fuimos a dar un paseo y hacía un día precioso. Algunas nubes, brisa suave, no muy caluroso,... El tipo de día que me gusta.


   Es una playa maravillosa, como todas las de Covas. Y además, nunca hay mucha gente. El tipo de playas que me gusta.



   Y si miramos hacia atrás, nos va a sorprender que es una costa casi sin edificaciones. Esto es lo que hace a las playas de Ferrol tan especiales. No la temperatura del agua. Son de las playas más bonitas que hay.


   Y una vez que hemos dejado la playa. Os cuento que he hecho varias tortillas muy ricas. Mis hijos dicen que soy de frases. Una de ellas es: Creo que voy a hacer tortilla de patatas todos los viernes. Bueno, ya sabéis que soy bastante alocada y cambio de opinión fácil pero sería práctico que fuera una norma.



   Y, para terminar, os cuento que hoy he hecho freixós de postre para tomarlos con una mermelada de pexegos, que son unos melocotones gallegos, o algo así, que es muy típico aquí transformarlos en mermelada. Sobre todo para que no se estropeen.


   Termino ya. Tengo algún nuevo proyecto para octubre que espero que se pueda materializar, según vayan las cosas. Yo estoy inquieta, preocupada,... pero no pierdo la esperanza de seguir tirando... Es lo que nos queda. Nos vemos pronto. Cuidaos.

lunes, 24 de agosto de 2020

Croquetas de champiñones y excursión al Fin del Mundo


   Me he dado cuenta de que estaba comenzando mis publicaciones con la misma frase... Cosas de las que no te das cuenta hasta que miras el blog en su conjunto. Y es que es difícil no caer en las frases hechas cuando se escribe. ¿Qué voy a decir? Así pues he decidido empezar las entradas con una frase nominal que se refiera a la receta en cuestión. Para no olvidarme...

    Estas croquetas de champiñones se me ocurrió hacerlas hace unos días porque me iban llevando la vida y al abrir la nevera vi los champiñones frescos y me dije: allá vamos. 

   Vamos a necesitar lo de siempre aparte de lo que les da nombre:
Champiñones frescos 
Jamón cocido 
50 gramos de harina
Medio litro de leche
Aceite o mantequilla
Sal
Huevo y pan rallado


   Algunas veces doro una cebollita para comenzar las croquetas pero este día puse directamente los champiñones cortados con la media luna. No sé deciros, un puñado porque no son muchas croquetas. Dependiendo del tamaño de los champiñones pero para picarlos no hace falta comprarlos grandes. Frescos sí, a poder ser. Según iban cogiendo color en el aceite incorporé tres lonchitas de jamón cocido en trocitos, era corriente y moliente, y la harina para que se doraran también un poco. Lo siguiente es la leche que yo, ya sabéis, pongo fuera del fuego, remuevo y vuelvo a llevar al calor hasta que espesa. Remuevo y remuevo... La leche la voy añadiendo según me parece y dejo que hierva suavemente unos 20 minutos. Esto lo he explicado bastantes veces. Salpimentamos al gusto, vale la pena probar y añadir la sal con calma porque la béchamel admite bastante pero mejor no pasarse. Dejamos enfriar y rebozamos en huevo y pan rallado. En esta ocasión mezclé el pan rallado con avena, que también me gusta. Pero bueno esto son modernidades.


   Como no era muchas croquetas, preparé una tortilla pequeña de patatas jugosa, como les gusta a los gallegos y, con el gazpacho de entrante, quedó un menú muy veraniego y rico. Un poquito elaborado sí pero bueno, quedaron mis hombres la mar de contentos. ¿Las croquetas? Pues riquísimas. Saben bastante a champiñones y quedan a la vez muy suaves. Ya sabéis lo mío con las croquetas :)



   Esto que viene ahora no tiene nada que ver con las croquetas. hace unos días fuimos a Corcubión y Finisterre, primera salida un poco larga desde...¿febrero? Y echamos el día. Yo no recordaba haber estado en Corcubión, aunque es posible que sí. Es una villa marinera con casas de piedra y galerías, algunas muy bonitas. Como siempre pasa, por en medio hay de todo pero es un lugar con encanto al borde del mar. Abajo podéis ver la iglesia de San Marcos, que también me encantó. Desde Corcubión fuimos caminando hasta Cee.




   Después de comer fuimos al faro de Finisterre. Esto sí que lo conocía pero hacía muchos y largos años que no iba, y eso que el Fin del mundo, Finisterrae para los romanos y Fisterra en gallego, está a dos horas de mi casa. Estaba lleno de gente, todos enmascarados, que parece mentira lo locos que son estos tiempos que vivimos. 


   Lo que más impresiona allí es ver lo que antes se llamaba "la Mar Océana" en su inmensidad. Los cabos son de los mejores sitios para contemplar la mar, lógicamente. Es algo que los gallegos, incluso los de adopción, sabemos muy bien. El día era algo nublado pero de los bonitos porque las nubes adornan mucho el cielo que, de otro modo, resulta algo monótono.


   Y termino con el faro en sí, la torre es de cantería y es muy estético. Se construyó en 1853 pues era una zona de muchos naufragios. También tiene sirena que se conoce allí como "la vaca de Fisterra". Yo, la verdad, no lo sabía. En fin que son datos que se encuentran al alcance de todos. Por lo visto ya no muge pero quieren recuperar su bramido como algo patrimonial. Aquí os queda esta pequeña información de nuestro "Land's End" particular que vale la pena visitar porque es un espectáculo.  

   Estas entradas combinadas son un poco lío pero es lo que se me va ocurriendo escribir. Otro día os subiré unas fotos que hice en la plaza de Ponzos que es también una maravilla y me gusta que las veáis. Os animo a hacer las croquetas, estas u otras cualesquiera. Yo entre las croquetas caseras y los chipirones fritos tengo un dilema. Otros años me ha dado por otras cosas...  Es lo que hay.


   Nos vemos pronto. Nosotros estamos muy caseros, qué remedio, aún así,  esta excursión nos sentó muy bien. Yo vivo mi vida entre dos rías pero también me gusta salir de mi zona alguna vez aunque ahora todo sea tan difícil. Cuidaos.

jueves, 13 de agosto de 2020

770.000 visitas


                                             
 Aquí estoy de nuevo, queridos amigos. La primera sorpresa que me he llevado es que el blog está muy distinto desde mi punto de vista de escritora y cocinera. A ver si me arreglo. Pasa con los veranos que me resultan cada vez más raros. Éste, con los brotes, se lleva la palma. Yo salgo poco porque no resisto demasiado bien la mascarilla. Me gustaría pasar más tiempo al aire libre pero las cosas están como están. Revueltas. Para mayor complicación bloguera, no he cocinado nada del otro jueves. Gazpachos, salteados, carnes a la plancha, algún arrocito,... Vaya, que así no hay quien lleve un blog gastronómico decente. 
   Tampoco he viajado y dudo que lo vaya a hacer tal y como vamos. ¿Vacaciones? Prefiero no hablar del tema. Algunas cenas sí que hemos disfrutado. Lo que tienen las cenas es que engordan. Les estoy cogiendo una tremenda manía :D ¿Qué queda pues?  Excursiones. Poquitas pero os puedo contar que he estado en San Miguel de Bréamo, ¡qué buenos recuerdos! y también en la Torre de Andrade. Para que os hagáis una idea os voy a poner alguna foto.
   La foto de arriba del todo es la iglesia de San Miguel. Una preciosidad románica del siglo XIII. Lo estoy diciendo de memoria y espero no equivocarme. Es un sitio precioso con una zona para hacer barbacoas, mesas para comer,... Vale la pana visitarla aunque suele estar cerrada.


   Estas dos fotos son de lo que llamamos normalmente la Torre de Andrade. Supongo que sabéis que los Andrade dominaban toda la zona en que vivimos, desde Puentedeume y fueron los que mandaron construir la iglesia y el convento de San Francisco de Ferrol. Esto antes de que su suprimieran los señoríos, cuando La Pepa. Se puede subir a la torre desde el patio central y da bastante vértigo, al menos a mí, pero las vistas son increíbles. La primera ría es la de Ares y después está la de Ferrol, que apenas se vislumbra. La foto es de móvil pero vale la pena ir a ver estas maravillas. Es una edificación del siglo XV y domina desde su posición vigilante toda la comarca.


   No os he contado muy bien la excursión porque las novedades al editar me están "loqueando". Os voy a comentar ahora el título de la entrada. Estos días estivales ha llegado el blog a las 770.000 visitas. Yo me pierdo ya un poco con las cifras a las que procuro no dar mucha importancia pues, al fin y al cabo, esto es como el que escribe un libro de cocina a lo largo del tiempo. Si surge alguna receta nueva o alguna cosa digna de mención, os la cuento, pero lo importante, creo yo, es que os sea útil y el pequeño orgullo que siento por haber hecho este trabajo que nunca pensé que haría. 

   Os vuelvo a dar las gracias por leerme y por vuestra confianza. No sé lo que será de todo esto en otoño. ¿Quién lo sabe? Yo procuraré seguir por aquí, y con más atención si las cosas se ponen feas, como lo estuvieron en primavera. Esperemos que no... De momento, yo me dispongo a ir pasando agosto de la mejor manera posible, que no sé cuál es. A ver si en unos días subo alguna receta rica que esto está siendo un desastre. Bicos a todos. 

martes, 28 de julio de 2020

Berenjenas a la plancha


   De nuevo escribiendo. Qué días más locos... Hoy, por fin, después de eventos familiares de todo tipo, he decidido que ya está bien de no escribir. Además ha estado casi todo el día nublado, ya no, así que me ha parecido el momento. Ya sabéis que los festejos en Galicia son comer y comer... No hay manera. Entre tanto, yo, que estoy ya desquiciada, procuro comer ligero y sano. Como las berenjenas me encantan de cualquier manera o casi, he decidido hacerme una berenjena a la plancha con cierta frecuencia para aligerar y variar. Lo que necesitamos es:

Una berenjena mediana
Un diente de ajo
Romero y tomillo
Aceite
Sal

   Con las berenjenas, salvo que vaya a freírlas, siempre tomo la misma decisión: Las cuezo al vapor en el micro. Por si no recordáis cómo lo hago os lo vuelvo a explicar. Lavo la berenjena y la corto según me convenga. En este caso en ruedas de un dedo de grueso. Las espolvoreo con sal y las dejo unos 20 minutos. Después las enjuago y así, húmedas, las pongo en un cuenco y las tapo con film. Las cocino en el micro unos 7-8 minutos, según el tamaño y ya están listas para el paso siguiente. Tiernas y blancas.

   En este caso, calentamos un chorrito de aceite y añadimos el diente de ajo picado, las berenjenas, las hierbas al gusto y dejamos dorar a fuego entre medio y alto, según la cocina. Que cojan color es lo rico. Salamos al gusto y ya las tenemos listas para tomar. Pura manteca en unos minutos.

   En cuanto a la compañía, yo solucioné una cena con una lata de mejillones escurridos pero, la verdad, me gustan más para una carne. Por ejemplo un pollo adobado y dorado en daditos. Es una idea que me encanta y admite un arroz o unas patatas para los delgados.



   Si os gustan las berenjenas, es condición sine qua non, creo que os parecerá muy agradable tomarlas así. ¿Fritas? Me rechiflan pero se trata precisamente de evitar las calorías entre fiesta y fiesta. Qué vida más dura...



   Más cosas que hemos tomado. Gazpacho cada poco. Lo estoy haciendo sin pan y lo tomo de entrante para vitaminarme y matar el hambre. Un buen tazón. Este año va a ser de mucho gazpacho. El día de la foto lo tomamos con fiambre de carne, con sopa de cebolla y aceitunas. Anda por el blog pero os lo cuento, si queréis, en un comentario. Para los delgados unas patatas de sobre a las que yo ni me acerco. Es una comida agradable con una pieza de fruta.



   Otro día... gazpacho con pechuga de pavo a la plancha con una pizca de curry. De las cosas a las que recurres cada poco. Prefiero planchar que cocer. El dorado me sabe más rico.



   El domingo de elecciones cayó un poke de langostinos. Hacía calor y se agradeció bastante un plato fresco.



   Otro recurso, una crema fría de calabacín y cebolla con queso ligero, pimienta y nuez moscada. Nada de patata. Es rica y está bien. Otro comodín, las cremas de hortalizas.



   Y el día de mi santo me volví loca y desayuné tortitas con mermelada de grosellas negras. Sí, la mermelada que hago cada año con las grosellas de casa. Este año fueron una miseria pero hice un poquito. Y así vamos... Os cuento estos platos ligeros porque sé que a muchas os interesa y las amigas me preguntan. Cualquier ensalada está bien y yo haré una mañana mismo. ¡Qué bonito era ser joven...! En fin, no hay que desanimarse, el otro día me reconoció un amigo que no me veía desde hacía... bueno desde antes del Diluvio Universal, más o menos. Hay que ver el lado positivo de todo. Os deseo a todos una feliz tarde. Ya se va terminando julio. Bicos.

   Por cierto, la berenjena la podéis pelar si os gusta más. ¡Ah!, terminé Casa Desolada. Creo que no vuelvo a empezar una novela tan larga en una buena temporada. Es verdad que me gustó mucho pero lo que he tardado... Estoy pensando en empezar ahora El color púrpura que me han dicho que es corta y muy bonita. Ya os contaré. Leer hay que leer. 

miércoles, 15 de julio de 2020

Judías verdes con béchamel


   En casa suelen decir que con béchamel podrían comer cualquier cosa. Yo no me atrevo a tanto pero lo cierto es que la béchamel acompaña divinamente casi cualquier hortaliza. Hace unos días un vecino nos regaló una buena bolsa de judías verdes que dio para dos primeros platos. El primer día las preparé con arroz en blanco y mayonesa, que es una de las formas clásicas de tomar judías en mi familia. De las que prefiero. En la segunda ocasión, ya quedaban menos, decidí hacerlas con béchamel que sé que les chiflan. ¿Cómo se hacen? Lógicamente antes hay que cocer las judías, aunque supongo que esta aclaración sobra.

   Pongamos que tenéis... no sé, ¿350 gramos de judías verdes? No se me ocurrió pesarlas, la verdad. Bien, pues les quitamos los hilos con un pelador, ya sabéis los laterales, cortamos los extremos y, las más gordas las cortamos en dos a lo largo. Esto de limpiar las judías verdes no creáis que me es especialmente simpático. Las lavamos por si llevan algún producto químico o no están del todo limpias. Lo normal de toda la vida. Ponemos a hervir agua ligeramente salada y las cocemos unos 12-15 minutos o hasta que estén bien tiernas. Depende mucho de la calidad y el tamaño. Una vez cocidas las escurrimos bien.



   La béchamel la preparamos como siempre. Un poco más ligera que la de las croquetas. Si en las croquetas ponemos 50 gramos de harina para medio litro de leche, pues para la de cobertura añadiremos un poco más de leche, hasta que tenga un punto un poco más fluido -alrededor de 600ml-. La forma de hacerla es la de siempre, doramos la harina en aceite o mantequilla e incorporamos la leche sin dejar de remover. Dejamos espesar a fuego suave, removiendo siempre, y en unos 12-15 minutos ya podemos cubrir las hortalizas porque, en este caso, va a ir al horno un ratito y ahí la harina se termina de cocinar bien. Ya sabéis que para la béchamel de las croquetas soy muy maniática. Soy la fan number one.

   Una vez cubiertas las judías con la béchamel, espolvoreamos con abundante queso rallado, de nuestro gusto, y doramos en el horno asegurándonos de que estén bien calientes. Si están frías por dentro es una birria, entonces, atención al horno. Mejor pasarse que quedarse cortos. 

   Bueno, pues les chiflaron. No es por nada pero me suele salir la béchamel muuuy rica. La hago a mano y eso se nota. Nada de máquinas para que quede realmente exquisita. ¿Pimienta negra?, ¿nuez moscada? Yo soy partidaria de ambas pero sin exagerar. Los aromas siempre matizan la comida. Que, por cierto, estas judías con béchamel, nos pueden recordar un poco la green beans casserole que hacen en Estados Unidos pero la cobertura es totalmente diferente. Yo creo que esto es más rico. 


   No hay mucho más que contar. Un comienzo de verano extraño como todo lo de este fatídico 2020. Hubo pocas grosellas negras y ninguna roja pero pude hacer un poco de mermelada que quedó muy rica. Casi testimonial. 


   Hemos podido tomar sardinas que, últimamente, planchamos con un poco de sal gorda por evitar hacer brasas y terminar antes. Estamos envejeciendo... 


   Platos improvisados que me encantan: un pisto de berenjenas con patatas y batatas fritas -me rechiflan- y unas salchichas alemanas a la plancha. Todo vale en el mundo de la cocina si es sano y sabe rico. Es lo que opino.


   Una ensalada que creo que no os conté... o sí. Como subo fotos a Instagram me lío un poco con todo. Llevaba: hojitas variadas, queso emmental en dados, anchoas, pedacitos de bacon dorado y un aliño normal. Lo que yo llamo normal es sal, aceite y vinagre.

   Pues aquí queda esto, que espero os guste. Creo que es un plato que no estaba en el blog. No lo hago mucho pero ahora es la temporada de las judías y hay que aprovecharla. En lo personal... bueno, días tranquilos, algunos calurosos y otros no, y la mascarilla que me agobia lo que no está escrito. Queda mucho verano por delante, familia, amigos y esperemos que todo vaya bien. Lo deseo de corazón. Bicos para todos y gracias por seguir leyéndome desde tantos sitios tan queridos ya por esta bloguera.