Translate

martes, 27 de junio de 2017

Mermelada de grosellas negras


     La naturaleza es sabia. Cuando comenzaron a terminarse las grosellas rojas, las negras se pusieron a madurar como locas. Nunca el matorral había dado una cosecha tan generosa. Las ramas se inclinaban hacia el suelo con el peso de las bayas. Las grosellas negras crudas no es que sean lo más rico del mundo, tienen un pasar. Lo suyo era hacer mermelada. Una vez recogida la cosecha, la repartimos y cada cual hizo la mermelada como Dios le dio a entender. 

     Tenemos que lavar bien los frutos y quitar todos los rabitos. No es una tarea enojosa en absoluto. Además, se pueden tener varios días en la nevera sin problema. No es cosa de apurarse porque aguantan muy bien. 


       Lo que yo hago es sacar la pesa y poner sobre ella la tartera a utilizar. Poner el peso a 0 y pesar la fruta. En este caso eran 360 gramos de grosellas. Después pongo el azúcar. Tenemos la posibilidad de variar la cantidad de azúcar entre la mitad y el mismo peso. Es un poco al gusto y según sea la fruta de dulce. Yo puse dos terceras partes; 240 gramos. Añadí también una tira de piel de limón. 

     Hay quien le pone una manzana por la péctina; quien le añade un limón,... Yo no puse ninguna de las dos cosas, salvo la piel que es aromática. Se puede perfectamente pasar del limón. 


     Llevamos a ebullición y dejamos hervir a fuego moderado unos treinta minutos. Removemos con cuchara de madera. 



     Va quedando una mermelada muy mona, de color parecido a la de moras, el sabor es diferente. El sabor de grosella negra que no sé a qué se puede parecer, salvo a sí misma.



     No la he pasado por el pasapurés, la he dejado tal cual. No me molestan nada las pieles ni las pepitas pero esto depende de cada uno. Creo que la única que paso es la de moras que tiene más durezas. Ya veis en el frasco que no me ha salido una cantidad exagerada. Como nos gusta bastante, no durará más de una semana. Una forma muy rica de tomarla es con tostas de queso azul. 

     No creáis que cultivar grosellas tiene dificultad, salvo tener un trocito de tierra o un buen macetón. La cosa es podar el arbusto cuando empieza el invierno. No es muy complicado si yo sé hacerlo. Lo que sí es muy satisfactorio es ver crecer las ramas, llenarse de hojitas y florecer cada primavera. Es el milagro de la vida que siempre sale adelante. Os doy las gracias a los que continuáis leyéndome desde los diversos puntos del planeta. Os mando un abrazo cariñoso. Buenas tardes.



No hay comentarios:

Publicar un comentario