Translate

Mostrando entradas con la etiqueta El Camino de Santiago. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Camino de Santiago. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de octubre de 2017

Camino del Norte I y II (Ribadeo-Lorenzana-Mondoñedo)


     Tenía pendiente escribir el comienzo de este Camino del Norte que comenzamos hace un año. Llegaba yo de Cartagena, muy ufana, y me encontré que me habían organizado otro Camino de Santiago. No tenía yo intención de hacerlo de momento pero no hubo otra. Para que os hagáis una idea, este Camino viene desde Francia por la Cornisa Cantábrica. Nosotros lo íbamos a comenzar en Ribadeo, Ya sabéis, esa bonita ciudad llena de casas indianas que está al norte de Lugo, donde el Eo separa Asturias de Galicia. Es un lugar precioso que os aconsejo visitar. 

    Bien, pues nosotros no pudimos empezar allí, por motivos familiares, y nos sumamos a medio camino para, al día siguiente alcanzar Lorenzana (Lourenzá en gallego). Allí hay un precioso monasterio con una iglesia increíble que podéis ver en la siguiente foto. Es el monasterio de San Salvador.  Lamentablemente estaba cerrada, suele pasar, pero yo la he visitado en otras ocasiones. Es una joya. 


     Como la jornada se había dividido en dos, pasamos la noche en una casa rural, casa da Penela, en la zona de Mondoñedo, perfectamente rehabilitada y muy bonita. Allí nos dieron una maravillosa cena donde no faltaron los huevos caseros y un delicioso pisto con productos de la huerta. Al día siguiente compramos habas de Lourenzá, con denominación de origen. Las hice unos días después y estaban de llorar de ricas. De esa parte del Camino, no sé que deciros, muy bonito, muy cansado, bastante calor... Yo siempre protesto en las cuestas arriba. Soy "protestante". 



     Y, pasado todo un año, había que recomenzar. Este sábado pasado, detuvimos los coches en Lorenzana y nos pusimos en marcha a través de una senda que se llama "de San Rosendo". Este santo tiene importancia en esta zona. Tiene que ver con los normandos y San Martín Dumiense. Es un camino muy bonito pero no hice fotos. Os digo que me canso tanto de subir y bajar que no tengo ánimo de nada más. Son unos nueve kilómetros de Lorenzana a Mondoñedo que para cualquier persona en forma, no es mi caso, no tienen demasiada dificultad. Con todo... los hice. 



     Ya en Mondoñedo, ¡por fin! nos tomamos una cerveza y los bocadillos. La plaza es preciosa, y la catedral una maravilla. Tiene un tamaño pequeño, para catedral, pero sus proporciones son muy bellas. De comienzo románico, termina siendo una mezcla de varios estilos, como suele pasar. Tiene unas pinturas góticas muy interesantes. Una parte representa la Matanza de los Inocentes. Es curioso porque todos van vestidos estilo medievo y más parece una escena de las Cruzadas. Es una catedral en medio de la nada, que resulta mágica. 


     Detrás de la plaza de la catedral tenemos la plaza del seminario. Está bajo la advocación de Sta. Catalina. La podemos ver en la fachada con su rueda y su palma de martirio. ¿Os acordáis de aquella canción? 


Santa Catalina,

hija de un rey moro,
que mató a su padre
con cuchillo de oro.
No era de oro
ni tampoco plata,
que era un cuchillito
de hojadelata.




     Toda la villa es divina y está muy bien conservada. No hice muchas fotos pero sí me detuve a fotografiar el Barrio dos Muiños (molinos). Es un sitio pintoresco, realmente bonito. A sólo unos minutos de la catedral. Bien, al fondo de estas casas está el puente del Pasatiempo. Esto también tiene que ver con la historia, otra historia. El Mariscal Pardo de Cela había sido condenado a muerte; Su mujer traía un indulto de los Reyes Católicos y en ese puente la entretuvieron de manera que no pudo impedir la muerte de su esposo. Esto está entre la historia y la leyenda pero no deja de ser precioso. 


     Hasta aquí llegamos con este tramo del Camino. Por la tarde marchamos hacia Abadín pero esto os lo contaré otro día. Quedan muchos kilómetros para llegar a Villalba y no sé cuándo los haremos. Nuestros caminos son así... duran meses y años. Lo importante es ir sellando la compostela y, sobre todo, la ilusión de reunirnos y dirigirnos juntos, con mucho esfuerzo, a la siguiente meta. Es la vida misma. Buenos días a todos. 

viernes, 18 de diciembre de 2015

CAMINO FRANCÉS VIII


     El sábado, 12 de diciembre, finalizamos, por fin, nuestro Camino Francés. Era la única etapa que nos quedaba y yo tenía ganas de terminarla en 2015. Una cuestión de honor. ¿Qué se puede contar de esta etapa? Pues no demasiado, en el sentido de que ha sido parecida a otras. Mi amiga Maricarmen me dijo, ese mismo día, que había leído en el blog la entrada de las anteriores etapas y que le había gustado mucho. Ante eso, ¡qué menos que terminar de escribir lo que empecé! Sí, sé que debería estar poniendo recetas navideñas pero todavía no he hecho ninguna... 

     Lo primero que os puedo decir de la etapa es que salimos tarde, que hacía mucho frío y que, por esta misma razón, se caminaba muy bien. Siempre hace un poquito más de calor en los momentos de esfuerzo, en las cuestas arriba, pero las bajas temperaturas hacen que todo sea más fácil. Yo acudí con gorrito de lana y bien abrigada por estar en diciembre, mientras anduve no hubo pega. Al parar, ya es otra cosa, te coge el frío enseguida. A poco de salir de Pedrouzo empezamos a atravesar unos bosques muy bonitos. Muchos carballos cubiertos de hiedra, como lucía el sol, todo estaba precioso. 


     

     Para mí no fue excesivamente cansado, aunque hubo un par de pendientes que costaron algo de esfuerzo. Comimos en San Paio, que está a medio camino y seguimos la ruta porque era tarde y el sol estaba muy bajo. Llegando al Monte del Gozo, pasamos por unas verjas que estaban adornadas cor cruces de madera que, supongo, dejan los peregrinos. Impresionaba verlas con esa luz vespertina. Nosotros no teníamos tiempo para pararnos. En el Monte del Gozo hay un monumento donde los peregrinos se suelen hacer fotos. Para mí no es lo que se dice bonito pero es un hito en el Camino. 
Era la primera vez que iba y me hizo ilusión. Hay también una pequeña capilla pero, como apenas paramos, no os puedo contar más.



    El día nos regaló un crepúsculo divino. La foto de móvil no le hace justicia pero fue espléndido. Seguimos rápidamente hacia Santiago. Siempre pasa que cuando parece que ya llegaste, falta un buen rato. Aunque sean dos o tres kilómetros, vas cansado y se te hace un mundo. Alguno del grupo iba realmente fatigado. Yo, aparte de las articulaciones algo doloridas, iba muy bien. Total... ¡veinte kilómetros de nada!


     Y llegamos, la entrada fue muy bonita, entre calles muy animadas. Pasó que, como era tan tarde, no pudimos recoger nuestro diploma. Eran las siete y cuarto pero bueno... Así pues, nos dirigimos a la catedral porque la misa era a las siete y media. Todo muy precipitado. La verdad es que me dio un poco de pena no tener tiempo para casi nada. Sí pudimos darle un abrazo al Apóstol y pedirle por todos. Como os dije al terminar el Camino Inglés, es muy distinto llegar a pie a Santiago que en el coche. Estoy segura de que él valora ese esfuerzo.  


     En la foto superior, podéis ver la Casa de la Estrella. Es un edificio que apenas tiene fondo. Es del siglo XVIII y es un adorno en la plaza de Platerías. Esto explicado así rápidamente. Siento que no se vea mejor. Es una fachada barroca realizada  "para desaogo y hermosura de las Platerías." En la foto de abajo, podéis ver la fachada del Convento de San Francisco del Valle de Dios. Según la tradición, fue fundado por el mismo santo en el siglo XIII. Esta fachada es del siglo XVIII, Mitad barroca, mitad neoclásica. Como imaginaréis, estoy consultando estos datos. Bueno, el cuento es que esperamos los coches junto a San Francisco y hacía un frío pelón. No cenamos en Compostela sino que nos dirigimos a un mesón a medio camino donde nos ofrecieron una cena riquísima. Es el momento de las risas y los comentarios. Esa noche, estábamos realmente cansados, exhaustos.



     Si tengo que hacer una valoración de este Camino Francés, tengo que decir que es bastante más espectacular que el Camino Inglés, y siento decirlo. Más transitado y animado, más cuidado. Encuentras siempre donde parar a comer o beber, con quien hablar. No se cruzan polígonos industriales... Esto es así. Hay muchas iglesias románicas que son realmente increíbles. Y, además, es más llevadero el trazado. Respecto a mis amigos, ¿qué voy a decir? Son los mejores compañeros de camino que podría encontrar: buenos, divertidos, siempre dispuestos a ayudar y animar en los momentos de desaliento (que haberlos haylos). De verdad, os animo a todos los que podáis a hacer el Camino de Santiago, el que sea y os apetezca: inglés, francés, portugués,... O simplemente, salir de casa y poneros en marcha hacia allí. Para mí era algo imposible, pues nunca había caminado tanto y ya he hecho dos, eso sí, con toda la calma. Se hacen etapas según se puede... Y el cuerpo aprende a caminar sin tregua. No sé cuando haremos el siguiente, si será el portugués o el asturiano... Por el momento, pensamos en otras excursiones que intentaré compartir con vosotros. El lunes, procuraré poner alguna receta navideña. En tanto, os deseo un feliz fin de semana.

lunes, 26 de octubre de 2015

CAMINO FRANCES V, VI y VII



     No sé si recordaréis que habíamos dejado el Camino en Ligonde, un punto en medio de la nada, dicho esto en el sentido de que no es parada oficial, si bien nosotros hicimos una división según nuestro criterio, que era no hacer tantos kilómetros en una sola jornada. De esta manera, partimos de Ligonde a Melide, para continuar después de Melide a Arzúa y, por último, seguir de Arzúa a Pedrouzo, donde nos hemos quedado a una sola etapa de la meta. Parece mentira, yo ya pensaba que no lo íbamos a terminar nunca. Todo esto ha sido porque somos un grupo de amigos amplio que vamos cambiando según las necesidades de cada cual. Total: que hemos tardado más de un año. Yo misma no recuerdo bien los tramos y tengo que consultar las fotos y las fechas para aclararme. Más allá de eso, creo que vale la pena terminar de contar este periplo por el mero hecho de haberlo comenzado. Me refiero tanto al Camino en sí como a estos relatos. La cosa es que son tres jornadas distintas que os contaré un poco por encima y compartiré algunas fotos. 

     Ligonde-Melide: 

     Esta etapa la hicimos el 14 de junio. Casi la he olvidado y la medio confundo con la siguiente. Salimos de Ligonde y pasamos por Palas de Rei sin apenas detenernos. Fue una etapa muy divertida, el día era nublado y no hizo calor. Recuerdo que nos entretuvimos cogiendo rosas que estaban en su mejor momento. Yo suelo cantar mientras camino y, como siempre, lo hice. Creo que esta fue la etapa en la que un ciclista nos adelantaba cada poco. No entiendo como lo podíamos volver a alcanzar entre recogida de rosas y coreografías... Pasamos por sitios realmente bonitos y, lo que sí recuerdo, es que el maíz apenas había empezado a nacer. Llegados a Melide, como la etapa no había sido muy dura, fuimos a visitar el castillo de Pambre, que es una fortaleza impresionante en medio de ninguna parte. Para terminar la etapa, cenamos en una conocida pulpería de Melide.



     Esta es una foto del lugar de salida, Ligonde, ya muy cerca de Palas de Rei. La foto de debajo es una iglesia en dicha localidad donde tomamos nuestros bocatas rápidamente antes de continuar la marcha.


     Y, por último, una imagen del castillo de Pambre, que como veis está en obras. Es realmente magnífico. Ya veis que voy haciendo menos fotos. Es el cansancio al caminar. 



     Melide-Arzúa:
    
     Fue una etapa dura porque, aunque el día no era caluroso, no dejaba de ser pleno verano y eso se nota. Para mis pies fue bastante dolorosa. Pudimos visitar varias iglesias muy bonitas y caminar entre preciosos campos de maíz, ya muy crecidos. Hay diferencias grandes según camines en una estación u otra. No hay mucho que contar aparte del esfuerzo, cuestas muy serias que te machacan los pies y las rodillas, iglesias preciosas y algún puente realmente chulo.  Como ya os imaginaréis, la llegada y la cena que sigue a continuación son de lo más divertido. Es el momento de comentar las anécdotas del Camino, reír y descansar antes de volver a casa. Como han pasado varios meses... Pues estoy un poco despistada pero, básicamente, fue una etapa tranquila. Lo peor fueron las cuestas de Ribadiso, arriba y abajo -el Iso es un río-; y una vez abajo, la subidita a Arzúa casi me hizo llorar pero, lo demás, fue llevadero, aunque las uñas de mis pies opinaron distinto.

     Aquí os dejo algunas imágenes de las preciosidades románicas que pudimos contemplar. Son verdaderas joyas. Si están abiertas, disfrutamos también de su interior. Cuando hay frescos, está prohibido hacer fotos. En todo caso, son realmente bonitas.


     Un precioso puente sobre "no sé que río". Me falla la memoria pues son muchas iglesias y muchos puentes.


     Y, como os dije, el maíz que va creciendo hasta ponerse "esplendoroso".



     Arzúa-Pedrouzo: 

     Por fin llego a la jornada del último sábado, 24 de octubre. Ya estábamos ansiosos por continuar este Camino tan largo en el tiempo. Tres meses habían pasado sin retomarlo y todos queríamos y queremos acabarlo pronto. Salimos el sábado bastante tarde por diversidad de causas y nos pusimos en camino muy animados. A las dos horas escasas de salir nos detuvimos a comer nuestro bocadillo en un bar donde tomamos unas cañas, solemos hacerlo, y descansamos una media hora. Después de comer se puso a llover bastante pero decidimos seguir con nuestros chubasqueros. Ya os he comentado alguna vez lo incómodo que es pues sueles mojarte los pantalones y da sensación de frío, aunque al andar no lo tienes. Vamos, que para las rodillas no es nada agradable. Fue un tramo no demasiado duro. Un par de cuestas antes de comer no demasiado empinadas. La tarde, una vez que dejó de llover, fue agradable. Yo canté casi todo mi repertorio -que me ayuda a seguir un ritmo constante- y, sólo al final, desesperamos un poco pues se nos hicieron muy largos los últimos kilómetros. Yo llevaba sin caminar varios meses y así, sin anestesia, me hice los diecinueve kilómetros y pico sin que mis pies se resintieran, sin una sola ampolla ni agujetas al día siguiente. Como decía aquel: el cuerpo es muy listo. Al llegar a Pedrouzo nos mandaron a cenar a un local muy animado donde tomamos: sopa de fideos, caldo gallego, bistecs de ternera y jamón asado,... En fin, un menú generoso y económico, regado con vino y gaseosa. Además, hacía frío fuera y estaba bien caldeado. Ya se van notando las tardes frías y al dejar de caminar te quedas helado. Al menos me pasa a mí... 




      En la última jornada apenas hicimos fotos a causa de la lluvia. Mi marido inmortalizó a estas vaquiñas y yo fotografié estas calabazas que están ya preparadas para los primeros días de noviembre. Las tardes se acortan y el invierno se acerca. El maíz ya ha sido recogido dejando los campos vacíos y tristes. 


     Hasta aquí estas etapas que concluirán, si Dios quiere, con la llegada a Santiago en el mes de noviembre, en cuanto todos nos pongamos de acuerdo y podamos. Voy haciendo menos fotos aunque los paisajes siguen siendo bellos. El campo gallego siempre es bonito. Yo reconozco que las tres primeras etapas, fueron las que más me gustaron pero es que vivo en Galicia y estoy acostumbrada a sus bosques verdes y umbríos. En cuanto lleguemos a Santiago, procuraré contaros el fin de este Camino Francés que tanto se ha demorado. Lo mejor, para mí, son mis amigos. Vayamos a donde vayamos, lo pasamos bien y nos apoyamos en los momentos duros cuando el esfuerzo es mayor. Respecto al Camino, muy recomendable en todos los sentidos. Ya veis que el cuerpo aprende a esforzarse por encima de lo que creíamos posible. Hoy no os pongo receta pero me quedo contenta de dejar estas etapas escritas. Si algún error he cometido, procuraré enmendarlo. Mientras tanto, buenas tardes a todos.


lunes, 18 de mayo de 2015

Camino Francés IV



     Portomarín-Ligonde:

     Hemos vuelto a caminar, en domingo y con calor. Esto de no ser deportista y fingirlo es durísimo. Lo primero, comentaros que la etapa era muy larga y la cortamos a los dieciocho kilómetros. No me ha producido ninguna sensación de fracaso -más bien de alivio- pues ha hecho mucho calor y ha sido terrible. Pero... he hecho muchas fotos que, con temor a aburriros, voy a compartir. Es una etapa dura y menos llevadera que la anterior porque, si bien el paisaje es precioso, la mayoría del recorrido transcurre junto a carreteras sin apenas sombra. El día no ha ayudado pues el sol ha sido inclemente con nosotros así que, claro, la jornada anterior ha sido mucho más bonita. Allá vamos.



   Dejamos Portomarín a mediodía. Un poco tarde, lo sé. No creáis que es tan fácil salir de Ferrol, cruzar de La Coruña a Lugo,... Esto lleva su tiempo y va siendo cansado, tanto a la ida como a la vuelta. Yo no tengo que conducir y, aun así, me harto de coche. Es lo malo de hacer el Camino por etapas y a lo loco. Lo bueno es que al final del día estás en tu casa y descansas en tu cama. Eso es muy agradable. Dicho esto, os pongo esta foto de las casas del "nuevo Portomarín" que son porticadas con balcones y ventanas verdes, de una época muy graciosa. Es un pueblo agradable y es una pena que no en todo lo que se ha ido construyendo se conservara este estilo. O eso creo yo. Lo baña el Miño y tiene unos cuantos puentes que lo cruzan. Ninguno me pareció demasiado bonito. Como iba diciendo, dejamos Portomarín y... a caminar al sol.




Que por mayo era por mayo,
Cuando hace la calor,
Cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
(......)

     Esto ya lo sabemos todos, los campos están esplendorosos, se pasan a veces de cursis -no- con tanta flor y el pobre prisionero del romance no los puede disfrutar. Nosotros sí podíamos aunque el sol nos hizo sufrir, el sol y la temperatura. Lo que pasó fue eso, calor y algunas cuestas duras. No excesivamente empinadas pero sí largas y soleadas. Es un fallo de esta etapa, falta sombra.



     Con todo, algunos tramos del paisaje son realmente bonitos. Da gusto caminar por Lugo, simpre lo digo. Hemos ido acompañados por robles y castaños, no faltaron los cerezos, que ya no están en flor, sino cargados de pequeños frutos verdes. Esto ha sido una lástima pues nos hubiera gustado tomar cerezas. No pudo ser.




      Las fotos os hacen pensar en caminos umbríos y frescos. Pues no. Es que sólo hacía fotos cuando tenía aliento y, muchas veces, cuando estábamos al cobijo de los árboles.


     Pero bueno, veis que vale la pena mirar y disfrutar de lo que nos rodea. Galicia siempre es bonita de ver.


   Esta casa grande me ha parecido preciosa. Ya os he comentado alguna vez, creo, que la arquitectura de Lugo es algo distinta que la de la Coruña. Techados de pizarra y enormes casas, a menudo de planta cuadrada... Me gusta.



     El paisaje bien bonito. Ha habido cambios, la hierba ha sido cortada -el heno- y está a secar al sol o, en algunos campos, ya ensilada. Es la hierba seca que comerán las vacas en invierno. Yo no sé mucho de esto pero el cambio es importante. Menos frescor a la vista.



     Aquí, después de mucho rato de andar al sol, vimos esta arboleda con nuestra señal para seguir. Esperanza de caminar a la sombra que duró pocos minutos. Yo, en algún momento, iba un poco desesperada por el calor.




     Más paisajes de los campos. Qué bonitos estaban y qué cansacio tan grande sentía yo. Sin embargo fui haciendo las fotos. Es una forma de no olvidar el Camino con el paso de los años.




     Y aquí podéis ver el heno ensilado. Esas tremendas ruedas de hierba que aparecían por todas partes. 




     Más paisajes, montañas a lo lejos, si tenéis ánimo, os animo a hacer este Camino que es impresionante. 




     Una capilla muy chiquita que llamó mi atención. Además de capillas y pequeñas iglesias románicas, en esta etapa hay muchos albergues donde descansar y comer. En ese sentido es muy llevadero y vas encontrando peregrinos cada poco. Conocimos a un holandés con el que estuvimos hablando un buen rato. 



     Aquí tenéis a las vaquiñas. Son las que más compañía nos hacen. Es cierto que a veces huele "a vaca" con insistencia pero da gusto verlas pastando en los campos tan tranquilas. Seguro que piensan que los humanos estamos majaretas. Todo el día andando por las montañas.



     Un ricón de frescor ya en Ligondo, a pocos metros de nuestra meta. Hemos llegado y vamos a tomar una cerveza fresca y un bocadillo antes de volver a casa. Ya en el coche, me quedo dormida y despierto llegando a As Pontes. El atardecer es divino. De esos días en que da gusto ver el ocaso en una de nuestras playas, porque en Ferrol el sol se pone en el mar y es un espectáculo. Otro día os pondré unas fotos... Nada más por hoy. No sabemos cuándo haremos la siguiente etapa ni cuánto durará. El calor nos ha desanimado un poco. En tanto, os deseo a todos un buen comienzo de semana y el miércoles pondré alguna receta. Espero que os haya gustado nuestro extenuante etapa y no haberos cansado con tanta imagen.


miércoles, 22 de abril de 2015

Camino Francés II y III



     SEGUNGA ETAPA: TRIACASTELA-SARRIA

     Esta etapa no la había descrito en el blog y no sé bien por qué. El caso es que, después de meses, el sábado pasado hicimos la siguiente y no quería continuar sin comentaros algo de esta jornada que resultó agotadora pues, por primera vez, hicimos dos etapas en días seguidos. Ya sabéis que vamos haciendo según podemos porque somos un grupo de buenos amigos y nos intentamos acomodar unos a otros. No siempre es fácil ni posible. 

     No sé si recordaréis que habíamos pasado la noche en una casa rural en Triacastela. Por la mañana nos esperaba un opíparo desayuno. Además de zumo, café con leche y tostadas, no faltaron una buena bica y queso del Cebreiro en abundancia. Qué cosa más rica. Nos pusimos en marcha con energías renovadas y yo, en particular, con varias ampollas en los pies. Fue un camino muy duro para mí que ya había tenido bastante el día anterior. Bonitos paisajes y árboles centenarios pero el cuerpo dolorido. Llegué a Sarria como las muñecas de famosa y el lunes estaba machacadita. Supongo que por esa razón no tuve ánimo de contar la experiencia ese día. Sarria es un pueblo que tiene una parte antigua bonita y una nueva... nueva. Por lo demás, fue una etapa dura en la cual nos pegó el sol por la tarde y el calor fue espantoso. El calor es lo más duro en el Camino. Los perros casi morren... Y con esto, pasamos a la siguiente jornada  que tuvo lugar meses después y no estuvo mal.




TERCERA ETAPA: SARRIA-PORTOMARÍN

   


     Tengo que deciros que esta es una de las etapas más bonitas que hemos hecho. Yo salí de Ferrol con poco ánimo. No había dormido bien y, ademas, un pie lleva una temporada dándome la lata. Da igual: los peregrinos somos así... Pero, como os podéis imaginar, comencé el día bastante fastidiada. Anduvimos unos cuantos kilómetros y se puso a llover. La providencia nos envió un bar y paramos a tomar una cerveza y los bocadillos que llevábamos. Yo, en aquel momento dije: Aún estamos a tiempo de llamar a un taxi y volver a Sarria... Nadie me hizo caso y hubo que continuar. Es una cosa buena del Camino que la comida sienta al cuerpo igual que la gasolina al coche. Te recargas y recuperas fuerzas, así que a partir de ahí me sentí bastante mejor. Sólo me desanimaba pensar que no  habíamos andado apenas nada de los 22,5 kilómetros de la etapa.



   ¿Qué decir de este tramo? Pues ya lo he dicho, que es bellísimo. Está cuidado y casi todo transcurre por caminos de tierra entre muretes cubiertos de musgo y vegetación. Nos rodeaban en todo momento carballos y castiñeiros (robles y castaños), amplias praderas cuajadas de flores silvestres. El diente de león y las ortigas estaban en flor dondequiera que mirabas. Lugo es precioso, no está invadido por eucaliptos como la provincia de La Coruña, y el campo está mucho más cuidado. Eso sí, vacas todas las que queráis. A veces huele que da gusto.



     Como por arte de magia, cuando ya me sentía hasta la boina de andar, vino mi amiga Rosa a decirme que sólo faltaban 5 kilómetros. Me quedé asombrada y estoy convencida de que las meigas nos dieron un empujoncito porque la tarde fue muy llevadera. Entonces me tomé un bebedizo, sin duda era una pócima, que me animó tanto que me puse a cantar. Bueno, en realidad era un zumo de frutas pero me sentó como las espinacas a Popeye. 


     Cuando vas llegando a Portomarín, entre prados y granjas de vacas, no sabes que te esperan dos pruebas tremendas. La primera es una bajada tan empinada que temes caer "a rolos" que decimos por aquí. Es mortal para las articulaciones porque, además, es una pista asfaltada. Y es que en el Camino, duele más bajar que subir, por más que subir sea extenuante. A la llegada a Portomarín, que es un pueblo que se trasladó para construir el embalse de Belesar (que nombre tan bonito) en aguas del padre Miño, nos espera una escalerita que manda castañas. Ya hay una en Puentedeume y otra en Sarria... Esto, ¿será para que los peregrinos se mortifiquen un poquito más? La iglesia, que recuerda en pequeñito a la catedral de Tui, fue trasladada piedra a piedra y todavía se pueden ver los números en muchas de ellas. Es, como veis, una joyita románica. 



     Hasta aquí esta tercera etapa. No sabemos cuándo continuaremos ni si terminaremos este Camino en 2015 o no. Esperamos que así sea pues se va alargando demasiado en el tiempo. Esta vez ha sido precioso: antiguos puentes e iglesias divinas, frutales en flor y praderas dignas de ser pintadas por Van Gogh. El cansancio y el dolor, pues bueno... cuando vas haciendo el segundo Camino de Santiago sabes que son una parte del trato y que aumentan la gran alegría y el inmenso alivio que se sienten al llegar a la meta. Nos quedan unos 90 kilómetros que os iré contando. Ya sé que no es una receta pero mucha gente lee estas entradas y aprovecho para hacer un poco de publicidad a mi tierra de adopción que siempre me ha tratado con mucho cariño y es preciosa. Buenos días a todos.


viernes, 31 de octubre de 2014

El Camino Francés I




 PRIMERA ETAPA: EL CEBREIRO-TRIACASTELA


      Hace unos días, como sabéis, comenzamos a hacer el Camino Francés. Fue una experiencia tan bonita hacer el Camino Inglés el otoño pasado, que decidimos continuar caminando. Esta vez nos hemos puesto a caminar en una nueva estación: el veroño. Es una estación, como sabéis, calurosa y soleada. Podemos tomar castañas y recoger setas pero debemos tener en cuenta que el calor nos va a acompañar durante todo el día. A la hora de hacer el Camino hay que recordarlo porque con calor se sufre mucho más. 

     Una vez hecha esta introducción meteorológica, sigo con el tema: Partimos del Cebreiro a media mañana (está casi a dos horas en coche de Ferrol, así que nos tuvimos que dar un buen madrugón). Salimos con viento y algo de humedad. Ningún problema: Nos fuimos "con viento fresco" que siempre ayuda a hacer ejercicio. 



     Os imaginaréis que casi todo la marcha es cuesta abajo. Lógico. Hay una o dos cuestas arriba. Una muy dura pero corta, extenuante. No obstante, casi todo es hacia abajo. Para eso salimos de lo alto. Nunca había caminado así entre montes. Me acordaba de Heidi, Pedro, Niebla... Cuando era muy joven visité Jaca con mi familia. Es impresionante, claro. Pero fue un viaje en coche. Esto de salir a pie de un pueblo en las montañas y bajar veinte kilometros hasta otro... Nunca lo había hecho. Es una gran experiencia. No creáis que no es duro bajar. Para las rodillas es agotador, hay que fijarse mucho donde se pisa y es fácil resbalar. El firme es matador. Supongo que por la erosión. El suelo está hecho de piedras sueltas de todos los tamaños. ¿Os acordáis de aquello del cole... erosión-transporte-sedimentación? Pues aquí está todo a medio camino. Piedras, piedras y piedras. 



     Pasamos por diferentes lugares, capillas preciosas de losa de pizarra y, sobre todo: VACAS. Vas caminando y te encuentras de pronto con veinte vacas que se dirigen hacia ti. Da un poco de miedo, la verdad. Yo digo, lo mejor es estarse quietecito. Que no se pongan nerviosas. También hay perros sueltos. Algunos dan un poco de respeto. Sobre todo, si llevas a tu perro, es peligroso porque son territoriales. Creo que es una queja frecuente de los peregrinos.



    ¿Qué más deciros? Es un camino así: Bajar y bajar, ver pequeñas iglesias, preciosas montañas, mucha vaca... Y seguir caminando porque no queda otro remedio que llegar. Estás en plena naturaleza y no hay vuelta atrás. 



     Llegamos a Triacastela cansados pero felices. Hay allí un castaño centenario impresionante. Es un pueblo bonito (mejorable) entre montañas. La iglesia, bajo la advocación de Santiago -esto me hace mucha ilusión- es sencilla y preciosa al sol del atardecer. Acudimos a la Misa vespertina donde el párroco nos recibe con mucho cariño. Esta vez dormimos de camino (¿o de Camino?). Cenamos en el pueblo y hacemos noche en una preciosa Casa Rural. 



     Es una experiencia inolvidable que, si buenamente podéis, os aconsejo a todos. Hay muchos peregrinos de diferentes nacionalidades ("No me llames extranjero porque haya nacido lejos...") y es agradable y divertido saludarlos y chapurrear un poco de inglés o francés. Al día siguiente salimos para Sarria pero esto... os lo contaré otro día.

     Os he puesto algunas de las fotos que hice para que os hagáis una idea de lo bonito que es el paisaje. Sí, ya sé que hay cables de luz pero... ahí están. A mí también me sorprendió.

                                     Y hoy no hay receta.