Mucho tiempo sin publicar y, una vez más, echo la culpa a la dificultad para subir las fotos. Pero no quiero dejar de contaros, aunque sea de manera muy resumida, el precioso viaje que hemos hecho con mi hijo mayor a Córdoba y a Granada. Yo en Granada había estado hace casi cuarenta años, cosas que pasan cuando tienes sesenta, y me apetecía mucho volver. En cuanto a Córdoba, os podéis imaginar que estaba loca por conocer la Mezquita-catedral y, por fin, ese sueño se ha hecho realidad.
No voy a poner muchas fotos, por razones de paciencia... En la primera, podéis ver el interior de la Mezquita, soy yo con mi hijo menor, que se apuntó a pasar un día con nosotros. Otra alegría. La Mezquita, ese bosque umbroso de columnas, nos dejó maravillados. La Catedral gótica en el centro, es un punto de luz que me parece, además muy simbólico. Sin duda es un lugar de España que merece la pena conocer. Pudimos oír misa el domingo en la Capilla del Santísimo. Fue un momento emocionante.
Hay varias figuras constantes en la ciudad que aparecen con frecuencia. Una es Manolete, torero cordobés admirado y de trágico final. Otra es Fernando III el Santo, conquistador de la ciudad. Pudimos visitar algunas de las llamadas iglesias fernandinas. Pudimos visitar: Santa Marina de Aguas Santas, San Agustín, San Lorenzo, y la Basílica del Juramento de San Rafael, protector de la ciudad. Es una iglesia que me llegó al corazón. El Arcángel está presente en muchas calles de la ciudad, no podía ser de otra manera.
Visitamos la Sinagoga, muy curiosa. No es muy grande pero es un edificio muy bonito de la judería, con su patio y sus yeserías.
Frente a la Mezquita está el bar Santos. Allí probamos la famosísima tortilla. Fuera de polémicas sobre el punto de cocción, teniendo en cuenta que somos gallegos, la tortilla, de ocho kilos de patatas y treinta huevos, nos gustó mucho, y más aún la simpatía del personal que nos atendió y nos permitió hacer esta foto. Quedan sitios por nombrar donde comimos de maravilla, a destacar la taberna San Miguel, también conocida como Casa el Pisto. La mazamorra me entusiasmó, y la comida en su conjunto. También destacaría el restaurante de la Sociedad de Plateros, cerca de San Lorenzo, un lugar muy auténtico y donde comimos unas carrilleras excelentes.
El domingo, tras visitar la Mezquita-Catedral, nos acercamos a los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos. Es un vergel maravilloso, con numerosas fuentes y todo tipo de flores y arbolado, una visita que aconsejo especialmente.

Queda mucho por contar acerca de Córdoba, os dejo esta última instantánea del templo romano, pues conviene no olvidar que antes de ser cristiana y musulmana, la ciudad fue también parte del Imperio.
El siguiente punto de nuestro viaje fue la ciudad de Granada. No voy a subir muchas fotos pero queda este maravilloso recuerdo del patio de los Leones en los palacios nazaríes de la Alhambra.
Aquí os dejo una visión del interior del palacio de Carlos V, una maravilla del Renacimiento que no llegó a ser terminado, pero no deja de ser asombroso.
Y para terminar, dos vistas de los jardines del Generalife. La belleza del lugar era algo que recordaba vivamente. ¿Quién no querría vivir en un sitio así?
Habría mucho más que contar de esta bella ciudad, como sus preciosas plazas, las magníficas iglesias renacentistas y barrocas, la portentosa Catedral, la inolvidable Capilla Real, que te deja sin palabras... Sin olvidar la parroquia del Sagrario, la Cartuja, San Juan de Dios... Quedaron cosas por ver, pero la sensación de nuestra visita fue de total plenitud. No sé si volveré, pero nunca olvidaré un viaje tan bonito. Me siento profundamente agradecida. Bicos.
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