Creo que después de unos años haciéndolo, era lógico contaros cómo nos fue esta Navidad. Nos fue, gracias a Dios, bien. Hubo cosas diferentes y alguna ausencia imprevista. No hice lo mismo que los otros años y Johnny preparó casi toda la cena de Nochebuena. Quiero decir que ha sido una Navidad parecida pero un poco distinta.
La primera foto es del pastel moruno que hago con los restos del consomé y quedó muy rico pero por poco lo calcino. Nadie se quejó pero soy consciente de que se doró de más. Así son las cosas.
La Nochebuena empezó, como debe ser, con la bendición de la mesa. Es momento de pedir pero sobre todo de agradecer y yo, particularmente, estoy muy agradecida por todo lo que tengo. La cena fue un poco caótica y yo me levanté de la mesa constantemente pero fue rica y divertida. Johnny hizo el consomé, que quedó muy rico, y yo preparé una ensalada con lombarda, granada, nueces,... Estaba muy buena pero creo que no hacía ninguna falta. Siempre pensamos que no va a llegar la cena.
Y, como dije, mi marido preparó casi todo. Quería rape a la cedeiresa y lo hizo. Yo le ayudé a ligar la salsa con el caldo de los huesos de rape pero, realmente, lo hijo casi todo él. ¿Rico? Muy rico. No tengo más foto que la de abajo, del día siguiente porque, como digo, mi cena fue movida, con guitarra y pandereta... Me ha salido un nieto músico y es mondante.
En la foto siguiente veis el pastelón por dentro. Ya no me corto y le pongo también la ternera del caldo. Es algo que hago una vez al año y nos da pena no tomarlo más porque es muy rico, sorprendente y exótico con los sabores de la pastela... O algo parecido.
Algún día hizo sol y aprovechamos para hacer una excursión a el Castro de Lobadiz. Las vistas son esplendorosas y nos quedamos a ver cómo el sol desaparecía en el mar. Una belleza y un frío pelón. Ha sido una Navidad heladora.
Y para el día primero de año preparé un fiambre de carne con trufas y pistachos. Yo creo que quedó muy rico.
Como les gusta mucho, hice una sartén de hortalizas con patatas enteras. Es una cosa que nos encanta a todos. Los mayores, claro. Empiezo a dorar como si fuera a hacer una menestra y voy añadiendo las cosas según tardan en hacerse. Al final, las patatas fritas en freidora. Queda riquísimo y es muy sencillo. Incluso se puede hacer en plan oriental con soja. De esas cosas que salen.
No hicimos langostinos al horno y los extrañamos una barbaridad. Con las vieiras pasaron dos cosas: La primera que eran irlandesas. No encontramos otras. Quizás no tan sabrosas pero muy ricas. La segunda cosa fue que se me quedó escaso el mejunje -cebollita dorada-. Así fueron y todos las encontraron muy buenas. Utilicé un vino del rosal y... eché de menos el albariño, quizás por costumbre pero, sin pegas. Todos contentos.
Por en medio tuve una comida familiar pero cociné poco porque del día uno me habían sobrado fiambre y ahumados. Para los días que eran, agotadores, no estuvo mal y yo creo que lo pasamos muy bien.
Una cosa que hice para que la probara Pedro fue la wedding soup. Volvió a encantarnos y es de esas sopas que reconfortan. Ya está en el blog así que, no os digo más.
Y llegó Reyes y yo había marinado salmón que no estuvo para el día primero pero lo desayunamos el seis. Creo que quedó muy bueno.
Este año no hice el Roscón de Reyes. Después del fracaso del año pasado estaba un poco agobiada y como las epifanías fueron la locura agradecí que trajeran uno delicioso de Gascón. Quiero volver a hacerlo pero necesito un poco más de tiempo. Son dos semanas muy locas y los últimos días suelo estar agotada.
Sí que hice para ese día unos crêpes porque a mis nietos les encantan y eso no me cuesta nada. No tienen tiempos, ni esperas, ni horneado.
Y así fue mi Navidad. Terminó con unos Reyes generosos que muchas veces creo no merecer. Y aquí estamos, un nuevo año en el que me despido de mis cincuenta para pasar a otra década que esperemos sea prodigiosa... Os deseo un muy feliz años 2026 muy agradecida por todo lo que me ha dado 2025. Que Dios os bendiga.
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