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miércoles, 15 de noviembre de 2017

Mousse de limón con mermelada de grosellas



   Esta mousse de limón ya la hemos hecho varias veces. Yo soy fan total. No suelo hacerla porque la leche condensada engorda lo suyo pero, por su acidez, es uno de mis postres favoritos. Me entusiasma aunque es una tontada. Lo único que tenemos que hacer es batir los ingredientes con la batidora:

El zumo de cuatro limones
Un bote pequeño de leche condensada
Dos yogures naturales


   Queda una crema espumosa que no parece nada del otro jueves, aparte de muy rica, pero al meterla en la nevera unas horas queda con una consistencia exquisita. Espesa y suave a la vez. Yo la veo bárbara hasta para hacer una tarta con base de galletas y mantequilla porque las galletas le van muy bien. Por esa razón, antes de mandarla en la nevera, esta vez iba en copas, ponemos una galleta digestiva -son deliciosas- y después la mousse para que cubra la galleta que se ablandará un poco, lo justo. 


    También, antes de mandarla al frío, ponemos sobre cada copa una cucharadita de mermelada casera de grosellas. Que no la tenéis, la podéis comprar, la de Hèro es deliciosa. De frambuesas también le va muy bien. Esta que hicimos en casa estaba estupenda. Ya os la conté (ver Mermelada de grosellas rojas).




     Y nada más, unas horas de nevera la dejan perfecta. De un día para otro está un poco más firme y tiene la consistencia para una tarta, como os decía... Entonces, removemos la mermelada, rompemos la galleta, saboreamos cada cucharada y... olvidamos las calorías por un día. A mí me rechifla.



    Si hicieramos la tarta, podríamos adornarla con merengue o con bayas. Es una cosa que me apetece y no acabo de acordarme. Pues nada más, perdonad que me repita un poco haciendo pequeñas variaciones. La verdad es que este curso me he puesto a más cosas que cocinar y estoy muy entretenida. No obstante, no os dejo, seguiré publicando siempre que pueda. Besos para todos. 

jueves, 9 de noviembre de 2017

Rajo de pollo con tomate



     No sé si os conté, es probable que sí, que en Cartagena hacen un plato que se llama magra con tomate. Es una tapa muy típica allí. Ayer tenía un día bastante ocupado y quería hacer la comida en minutos. Fui a Froiz y compré 750 gramos de pollo adobado tipo "raxo"; vamos, con aceite, ajo y perejil. Recordando mis aventuras levantinas y que en la nevera había un frasco empezado de salsa de tomate estilo casero... no dudé en hacer una receta de fusión. En vez de magra, raxo de pollo. Para entendernos, la magra sería carne de cerdo en cuadraditos y yo he usado carne de pechuga de pollo. 



     Ponemos la carne a dorar en dos cucharadas de aceite. Salvo que venga muy aceitoso, que no añadimos más. Cuando va cogiendo color, incorporamos unas cuatro cucharadas soperas de salsa de tomate. Dejamos hervir a fuego medio unos... 8-10 minutos, salpimentamos al guso y ya tenemos nuestro pollo. 



     Os digo que estaba realmente sabroso, ya sea para tomar con unas patatas, un arroz, una ensaladita o un buen bocata con queso fundido. Lo haré más veces porque es una tontada muy rica. Hay por el blog una entrada similar que hice con zorza de pollo y tomate (ya sabéis que la zorza lleva pimentón) pero esta versión me ha parecido más suave y quizás más rica. Cualquiera de ellas está muy bien para un apuro. El tomate hace que la carne de pollo quede mucho más jugosa sin ser en plan "pollo en salsa de tomate" y tiene la ventaja de que el pollo se hace enseguida y queda muy tierno. Yo lo acompañé con plátano macho frito que nos gusta mucho. Os deseo a todos buenas noches aunque aquí no está muy bonita sino fría y lluviosa. 




jueves, 2 de noviembre de 2017

Mermelada de uvas


     Este ha sido el año  de las mermeladas. He hecho mermelada de grosellas rojas y negras, de uva espina, de moras,... Yo pensaba que ya no haría más pero de nuevo me he puesto a ello. Tenía unas uvas en la nevera que no acababan de salir de allí y me dije: Voy a hacer mermelada de uvas, ¡malo será! Estas eran uvas "de chupa y tira" muy populares por esta zona. Se toman dando un pellizco a la piel que no se come. Son ricas pero en casa no acababan de terminarse. 

     Lo que hice fue lavarlas muy bien, soltarlas del racimo y sacar todos los rabitos. Pesaban unos 400 gramos. Ya ponemos las uvas en la tartera sobre la pesa que ponemos a 0 y pesamos allí mismo el azúcar. Yo puse la mitad, 200 gramos. Podemos poner entre la mitad y el mismo peso, según sea la fruta más o menos dulce o nosotros mismos más o menos dulceros. 


     Añadimos una piel de limón y un palito de canela para darle aroma. Llevamos a ebullición y dejamos que hierva suavemente entre 30-45 minutos. Sobre todo, si está un poco clara, dejamos hervir un ratito más para que se evapore el agua, que tiene toda fruta, y se espese un poco. 



    Cuando empieza a hervir, curiosamente, parece que las uvas estaban menos maduras de lo que pensábamos. Estas estaban muy dulces pero al hervir pasa esto con la fruta. También, si nos fijamos en la foto siguiente, vemos que se van soltando las pieles y que tiene muchas pepitas. Por esta razón, la vamos a pasar por el pasapurés. Si no, serían demasiados tropezones poco agradables. 


     Una vez pasada, no creáis que es mucha. Te parece que con esa cantidad de fruta y azúcar va a salir un buen tarro de mermelada. Pues entre la evaporación y el pasado... Se nos queda en poco. A mí no me importa porque todas estas cosas engordan. Así tomamos menos. Ha quedado muy rica y diferente de otras mermeladas. No me recuerda a ninguna en particular. A sí misma. Cuando empieza a hervir, huele mucho a mosto, a bodega, pero una vez hecha es como las mermeladas de bayas. Con sus matices, claro. 

     Me parece muy rica para tomar con pan y mantequilla, con queso o incluso rellenando unos freixós. Si os sobran uvas... Animaos a hacerla. Os deseo a todos una feliz tarde.



jueves, 26 de octubre de 2017

Camino del Norte I y II (Ribadeo-Lorenzana-Mondoñedo)


     Tenía pendiente escribir el comienzo de este Camino del Norte que comenzamos hace un año. Llegaba yo de Cartagena, muy ufana, y me encontré que me habían organizado otro Camino de Santiago. No tenía yo intención de hacerlo de momento pero no hubo otra. Para que os hagáis una idea, este Camino viene desde Francia por la Cornisa Cantábrica. Nosotros lo íbamos a comenzar en Ribadeo, Ya sabéis, esa bonita ciudad llena de casas indianas que está al norte de Lugo, donde el Eo separa Asturias de Galicia. Es un lugar precioso que os aconsejo visitar. 

    Bien, pues nosotros no pudimos empezar allí, por motivos familiares, y nos sumamos a medio camino para, al día siguiente alcanzar Lorenzana (Lourenzá en gallego). Allí hay un precioso monasterio con una iglesia increíble que podéis ver en la siguiente foto. Es el monasterio de San Salvador.  Lamentablemente estaba cerrada, suele pasar, pero yo la he visitado en otras ocasiones. Es una joya. 


     Como la jornada se había dividido en dos, pasamos la noche en una casa rural, casa da Penela, en la zona de Mondoñedo, perfectamente rehabilitada y muy bonita. Allí nos dieron una maravillosa cena donde no faltaron los huevos caseros y un delicioso pisto con productos de la huerta. Al día siguiente compramos habas de Lourenzá, con denominación de origen. Las hice unos días después y estaban de llorar de ricas. De esa parte del Camino, no sé que deciros, muy bonito, muy cansado, bastante calor... Yo siempre protesto en las cuestas arriba. Soy "protestante". 



     Y, pasado todo un año, había que recomenzar. Este sábado pasado, detuvimos los coches en Lorenzana y nos pusimos en marcha a través de una senda que se llama "de San Rosendo". Este santo tiene importancia en esta zona. Tiene que ver con los normandos y San Martín Dumiense. Es un camino muy bonito pero no hice fotos. Os digo que me canso tanto de subir y bajar que no tengo ánimo de nada más. Son unos nueve kilómetros de Lorenzana a Mondoñedo que para cualquier persona en forma, no es mi caso, no tienen demasiada dificultad. Con todo... los hice. 



     Ya en Mondoñedo, ¡por fin! nos tomamos una cerveza y los bocadillos. La plaza es preciosa, y la catedral una maravilla. Tiene un tamaño pequeño, para catedral, pero sus proporciones son muy bellas. De comienzo románico, termina siendo una mezcla de varios estilos, como suele pasar. Tiene unas pinturas góticas muy interesantes. Una parte representa la Matanza de los Inocentes. Es curioso porque todos van vestidos estilo medievo y más parece una escena de las Cruzadas. Es una catedral en medio de la nada, que resulta mágica. 


     Detrás de la plaza de la catedral tenemos la plaza del seminario. Está bajo la advocación de Sta. Catalina. La podemos ver en la fachada con su rueda y su palma de martirio. ¿Os acordáis de aquella canción? 


Santa Catalina,

hija de un rey moro,
que mató a su padre
con cuchillo de oro.
No era de oro
ni tampoco plata,
que era un cuchillito
de hojadelata.




     Toda la villa es divina y está muy bien conservada. No hice muchas fotos pero sí me detuve a fotografiar el Barrio dos Muiños (molinos). Es un sitio pintoresco, realmente bonito. A sólo unos minutos de la catedral. Bien, al fondo de estas casas está el puente del Pasatiempo. Esto también tiene que ver con la historia, otra historia. El Mariscal Pardo de Cela había sido condenado a muerte; Su mujer traía un indulto de los Reyes Católicos y en ese puente la entretuvieron de manera que no pudo impedir la muerte de su esposo. Esto está entre la historia y la leyenda pero no deja de ser precioso. 


     Hasta aquí llegamos con este tramo del Camino. Por la tarde marchamos hacia Abadín pero esto os lo contaré otro día. Quedan muchos kilómetros para llegar a Villalba y no sé cuándo los haremos. Nuestros caminos son así... duran meses y años. Lo importante es ir sellando la compostela y, sobre todo, la ilusión de reunirnos y dirigirnos juntos, con mucho esfuerzo, a la siguiente meta. Es la vida misma. Buenos días a todos. 

miércoles, 18 de octubre de 2017

Lentejas todo en crudo

  

   Creo que las lentejas que hasta ahora había publicado en el blog las he hecho siempre añadiendo al final una fritada de cebollita, ajo y pimentón. Esta no es, por supuesto, la única forma de hacerlas. Algunas veces las hago de la manera que yo suelo llamar: "todo en crudo". Vamos a suponer que voy a hacer 350grs de lentejas. Lo que haremos será lavarlas bajo el grifo de agua fría y colarlas. Después las ponemos en una tartera cubiertas con unos 2-3 dedos de agua fría. Añadiremos:

Una cebollita picada
Dos dientes de ajo
Una cucharadita de pimenton agridulce
Dos cucharadas de aceite
Una cucharilla de sal
Carne y hortalizas (al gusto)



     Para que nos aclaremos respecto a la carne y las hortalizas -con el ajo y la cebolla contamos siempre-, podemos añadir un tomate pelado, una zanahoria en daditos, algo de pimiento rojo o verde... En este caso, he puesto sólo pimiento rojo y no mucho, pero esto es a mi gusto. El tomate me encanta pero no lo tenía en casa. Hay a quien le gustan con laurel aunque a mí no me encanta en las lentejas. Por eso digo, un poco al gusto del consumidor. 



     En cuanto a la carne, para un diario suelo poner poca y puede ser un poco de panceta, un chorizo o incluso una morcilla de las de la fabada. Me encantan con morcilla. Y como es una cantidad pequeña, con el sencillo objetivo de que no sobren, no suelo poner el "compango" entero. Por ejemplo ayer, les puse un chorizo cebollero que es algo riquísimo. 

     Pues bien, como he explicado, todo en frío, lo llevamos ebullición y, una vez que hierve, dejamos a fuego suave con la tapa puesta alrededor de hora y media, según el tipo de lentejas y las instrucciones del paquete que no suele mentir. A la hora de servir, picamos la carne, en este caso el chorizo, y acompañamos con arroz en blanco. Esto del arroz tiene su importancia. Llevan poca carne y necesitamos proteínas. Van  salir de esa combinación de la que muchas veces hemos hablado: Cereales y legumbres. Importante. Y que no se nos olvide probar una cucharadita por si necesitan más sal. Vale más rectificar la sal al final que excederse. 



     La carne, chorizo o lo que sea,... se puede poner con las lentejas o en un cuenco aparte si a alguno no le gusta. Yo creo que las lentejas son una de las legumbres más aceptadas por los niños, antes que las habas o los garbanzos, al menos esto me pasaba a mí cuando eran pequeños. Es un plato económico y muy sano, ya sabéis que los veganos toman muchas legumbres por su gran poder alimenticio.Quedan muy ricas y lo bueno que tienen es que no manchamos la sartén de la fritada y, sobre todo, las hacemos de una vez, sin añadidos. Os animo a probarlas. Las legumbres, al menos una vez a la semana, son una gran opción en invierno. Nada más por hoy. Mando un saludo a Noruega desde donde me empiezan a leer más estos últimos días. Buenas tardes a todos. 


viernes, 13 de octubre de 2017

Zamburiñas dos salsas


     Con motivo del día del Pilar, decidí hacer zamburiñas de aperitivo. Son muy ricas y no hace falta tirar la casa por la ventana. Estas son congeladas, vienen más de treinta y se hacen muy fácilmente porque están limpias. Salen por unos veinte euros.

      La primera receta es la clásica que ya hemos hecho otras veces en el blog. Con cebollita, jamoncito, pan rallado... pero he variado un poco poniendo una cucharilla de pimentón agridulce que apenas pica. Necesitamos:

16 zamburiñas
Una cebollita
Dos cucharadas de pan rallado
Jamón picadito
Perejil
Una copita de vino blanco
Una cucharilla de pimentón agridulce (opcional)
Aceite sal y pimienta

     Bien, empezamos descongelando las zamburiñas y dejando que se vaya el agüita que traen. Se pueden secar con papel. En una sartén pochamos la cebolla finamente picada. Añadimos el pan rallado y doramos un poquito. Bajamos el fuego e incorporamos el pimentón, que no debe quemarse. A continuación ponemos el vino y dejamos hervir unos minutos para que pierda acidez -el vino-. Por último ponemos el jamón y el perejil fresco muy picaditos. Probamos y salamos al gusto. Según sea el jamón necesitará más o menos sal. 



     Nos queda una salsa espesita que pondremos sobre cada zamburiña, calculando una cucharada sopera. Que la cubra. Esto lo llevaremos al horno, las zamburiñas cubiertas de salsa, unos 4-6 minutos a horno fuerte modalidad grill. Sólo por arriba basta. 

     Zamburiñas en salsa amarilla:

Esto es fácil también. Es una salsa más ácida y fresca, muy propia para los mariscos. Vamos a necesitar:

16 zamburiñas Aceite, sal y pimienta
Una cucharada de harina
Agua
Una cucharada de brandy
Una cucharada de zumo de limón
Perejil y jamoncito
Colorante alimentario
Un ajito muy picado 

     Comenzamos dorando la harina en el aceite. Un dorado suave como de croquetas. Añadimos el agua, como un vasito, enseguida espesara y debemos dejar hervir para que coja el espesor que buscamos. Salpimentamos, añadimos el brandy y el limón, también el colorante. Ya vemos que va tomando ese aire de salsita ligera que buscamos. Probamos de sal, no es que sepa mucho porque es más bien un aderezo pero tiene que llevar la cantidad de sal adecuada. Una vez que este a nuestro gusto, añadimos el perejil, el jamón y un ajo muy picadito. Damos unas vueltas y probamos por si queremos poner más limón... Yo puse un poco más. Sólo es esto, no mucho jamón y un sabor suave a limón y ajito.



     Repetimos el proceso de cubrir cada zamburiña con una cucharada de salsa. Al horno del mismo modo: Grill fuerte unos 4-6 minutos. Que se doren sin quemarse. 



     Bueno, pues hasta aquí la receta doble. Ha sido arduo pues el wifi juega conmigo al escondite y siempre pierdo yo. La valoración de las dos recetas: Me encantaron las dos. La primera es un clásico y nunca falla, ya sean zamburiñas o vieiras. La segunda, similar a una salsa que hago para el pescado, es muy rica también, más fresquita respetando más el sabor de la zamburiña, pues es más, como dije, un aderezo. Mi marido prefirió la clasica pero ya sabemos que los recuerdos son los recuerdos y el paladar es muy sentimental. El menor de mis hijos prefirió sin dudar la salsa amarilla. Para mí, cualquiera de ellas es muy rica y me parecen tan diferentes que no excluiría ninguna... para variar. 

     Gracias a todos por leerme una vez más... Me cuesta publicar por estas cuestiones técnicas pero no he perdido ni un ápice de ilusión. Os deseo a todos un feliz puente del Pilar. 






viernes, 6 de octubre de 2017

Espinacas en sartén



     Otra vez va el tema de verduras. En casa las espinacas les gustan mucho. Con bechamel es el no-va-más pero hay que variar y no podemos tomar bechamel a cada rato. Tenía un sobre de espinacas que empezaban a decir: cómeme. Así pues las hice en la sartén, un tipo revuelto pero sin huevo porque tenía un segundo plato. 

     Ingredientes:
Una cebolla 
300grs de espinacas frescas
Un puñadito de piñones
Aceite, sal y pimienta

     Lo primero salteé una cebolla en tiras finas en dos cuchadas de aceite. Incorporé un puñadito de piñones y en cuando empezaron a dorarse añadí las espinacas crudas. Parecen muchas pero el calor las desinfla enseguida. Salpimentamos y dejamos unos minutos. Pocos para que no pierdan sus propiedades. Si os gustan las pasas, podéis poner unas pocas. A mí no me quedaban. Como veis, es prácticamente el relleno de los cocarroes. Hablando de cocarroes, el otro día tomamos unos rollitos de primavera con este relleno, eran comprados, y me pareció una idea original y rica. Mezclar distintas tradiciones culinarias puede dar excelentes resultados. 

     Sigo con las espinacas... Lo que hay alrededor son unas batatas fritas tipo chips. Yo creo que le dio un color muy mono al plato y estaban muy ricas, ya sabéis que son dulcitas. Puse de adorno unos dátiles que sí tenía y me encantan. Cuando tomo dátiles pienso que podría vivir en un oasis, aunque probablemente al cabo de unos días echaría papas. 

    Nada más por hoy. Tenemos un día divino y dicen que va a hacer mucho calor el fin de semana. Después ya veremos cómo viene el otoño. De momento es muy agradable. Gracias por leerme a todos. Hoy, por ejemplo he tenido visita desde Hungría. Siempre me hacen ilusión las novedades. Os deseo a todos un feliz fin de semana.