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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Lombarda guisada con salchichas



     Creo que es la primera vez que pongo lombarda en el blog. Esta es una receta que también hago a veces con repollo (de hecho, creo que ya está publicada). Lo que pasa es que con lombarda, a parte de los matices de sabor, queda mucho más bonita. No suelo cocinar lombarda con frecuencia porque se me olvida, como me pasa con las endivias (una que no es endiviosa). Cocinada así está exquisita. A ver qué os parece...

     Ingredientes:
Media lombarda
Una cebolla
Una zanahoria
250 grs de salchichas frescas
Una manzana pequeña
Aceite, sal y pimienta



     Lo primero que hago es cortar la cebolla, la zanahoria y la lombarda en juliana. Pongo la cebolla y la zanahoria en una sartén grande y voy dorando a fuego medio. A continuación añado las salchichas cortadas en trozos pequeños. Que todo se dore ligeramente. 



     Añadimos la lombarda y salpimentamos. Dejamos hacer hasta que empieza a ablandarse. Cortamos la manzana en trocitos y la incorporamos. Ponemos a fuego lento hasta que todo está tierno sin dejar que la manzana se deshaga. Probamos de sal y listo. En una media hora está hecho. Si os gusta, podéis añadir un poco de vino blanco para que esté más caldoso. Yo no suelo ponerlo.


     Para acompañar: unas patatas cocidas o un puré de patatas. Yo lo suelo hacer la marca Maggi. Mi "truco" es echar 50 ml menos de agua porque me gusta espesito (gustar no me gusta mucho) y le pongo, además de la mantequilla, un poco de nuez moscada.

     Es una receta riquísima, estilo alemán ¿no? La cantidad de salchichas hace que sea un entrante o un plato único. También se puede poner, con pocas salchichas para acompañar un codillo al horno con el mismo puré. Eso a vuestro gusto. Es un plato que me encanta. Queda todo muy dulce y con un sabor muy fino. Espero que os guste.



     
    Ya veis que el blog va muy bien. Tengo últimamente más visitas desde Francia y Polonia, además de las de siempre, claro. Os estoy muy agradecida a todos por leerme. Buenos días.



lunes, 3 de noviembre de 2014

Gambas al horno



     Esta receta ya os la había puesto dentro de un "menú de fiesta" el año pasado. Esta vez me he acordado de hacer más fotos durante la preparación y he pensado que quizás os sea práctico verlas. Las de este fin de semana eran unas gambas congeladas no muy grandes (baratiñas) y las del menú eran gambones o langostinos. Aquí va a influir el tiempo de horneado. 5-6 minutos para las gambas y 8-10 para los langostinos. Esto aproximado y dependiendo del horno, claro. 

     Ponerlas al horno fue una idea que gustó mucho a algunas de mis amigas. Así me lo han comentado, cosa que me hace mucha ilusión. Cuando le dije a mi marido que las íbamos a hacer al horno como la otra vez, ya ni se acordaba. Porque antes las hacíamos en la cocina, dándoles la vuelta y era una lata y todo muy "oloroso".



     Lo primero que hacemos es descongelar las gambas o langostinos en la nevera. Después los colocamos en una fuente de horno que nos sea cómoda. Todos en fila india y calladitos. Picamos ajo y perejil fresco (este día no tenía perejil y no lo puse) y espolvoreamos las gambas con el picadillo, sal gorda, un chorro de aceite de oliva virgen y adornamos con ruedas de limón. Creo que no olvido nada. Mientras ponemos el horno a tope. Y nada más que llevar la fuente al horno y dejar que se hagan. Se nota que están hechas por el obvio cambio de color. Es una forma muy cómoda de cocinarlas y están de rechupete. Y no dan nada de guerra que es importante.

     Se pueden acompañar con un poco de mayonesa (o no). La salsita que sueltan está riquísima para mojar pan. Para acompañarlas lo mejor es un vino blanco fresquito. Otra semana que empieza... Y esta vez con lluvia. 


viernes, 31 de octubre de 2014

El Camino Francés I




 PRIMERA ETAPA: EL CEBREIRO-TRIACASTELA


      Hace unos días, como sabéis, comenzamos a hacer el Camino Francés. Fue una experiencia tan bonita hacer el Camino Inglés el otoño pasado, que decidimos continuar caminando. Esta vez nos hemos puesto a caminar en una nueva estación: el veroño. Es una estación, como sabéis, calurosa y soleada. Podemos tomar castañas y recoger setas pero debemos tener en cuenta que el calor nos va a acompañar durante todo el día. A la hora de hacer el Camino hay que recordarlo porque con calor se sufre mucho más. 

     Una vez hecha esta introducción meteorológica, sigo con el tema: Partimos del Cebreiro a media mañana (está casi a dos horas en coche de Ferrol, así que nos tuvimos que dar un buen madrugón). Salimos con viento y algo de humedad. Ningún problema: Nos fuimos "con viento fresco" que siempre ayuda a hacer ejercicio. 



     Os imaginaréis que casi todo la marcha es cuesta abajo. Lógico. Hay una o dos cuestas arriba. Una muy dura pero corta, extenuante. No obstante, casi todo es hacia abajo. Para eso salimos de lo alto. Nunca había caminado así entre montes. Me acordaba de Heidi, Pedro, Niebla... Cuando era muy joven visité Jaca con mi familia. Es impresionante, claro. Pero fue un viaje en coche. Esto de salir a pie de un pueblo en las montañas y bajar veinte kilometros hasta otro... Nunca lo había hecho. Es una gran experiencia. No creáis que no es duro bajar. Para las rodillas es agotador, hay que fijarse mucho donde se pisa y es fácil resbalar. El firme es matador. Supongo que por la erosión. El suelo está hecho de piedras sueltas de todos los tamaños. ¿Os acordáis de aquello del cole... erosión-transporte-sedimentación? Pues aquí está todo a medio camino. Piedras, piedras y piedras. 



     Pasamos por diferentes lugares, capillas preciosas de losa de pizarra y, sobre todo: VACAS. Vas caminando y te encuentras de pronto con veinte vacas que se dirigen hacia ti. Da un poco de miedo, la verdad. Yo digo, lo mejor es estarse quietecito. Que no se pongan nerviosas. También hay perros sueltos. Algunos dan un poco de respeto. Sobre todo, si llevas a tu perro, es peligroso porque son territoriales. Creo que es una queja frecuente de los peregrinos.



    ¿Qué más deciros? Es un camino así: Bajar y bajar, ver pequeñas iglesias, preciosas montañas, mucha vaca... Y seguir caminando porque no queda otro remedio que llegar. Estás en plena naturaleza y no hay vuelta atrás. 



     Llegamos a Triacastela cansados pero felices. Hay allí un castaño centenario impresionante. Es un pueblo bonito (mejorable) entre montañas. La iglesia, bajo la advocación de Santiago -esto me hace mucha ilusión- es sencilla y preciosa al sol del atardecer. Acudimos a la Misa vespertina donde el párroco nos recibe con mucho cariño. Esta vez dormimos de camino (¿o de Camino?). Cenamos en el pueblo y hacemos noche en una preciosa Casa Rural. 



     Es una experiencia inolvidable que, si buenamente podéis, os aconsejo a todos. Hay muchos peregrinos de diferentes nacionalidades ("No me llames extranjero porque haya nacido lejos...") y es agradable y divertido saludarlos y chapurrear un poco de inglés o francés. Al día siguiente salimos para Sarria pero esto... os lo contaré otro día.

     Os he puesto algunas de las fotos que hice para que os hagáis una idea de lo bonito que es el paisaje. Sí, ya sé que hay cables de luz pero... ahí están. A mí también me sorprendió.

                                     Y hoy no hay receta.





miércoles, 29 de octubre de 2014

Filetes en tartera II



     Cuando una receta es rica y tiene éxito, me gusta repetirla, al menos una vez, con pequeñas variantes, para recordarla. Esta receta, de una de mis cuñadas, ha tenido cerca de 400 visitas. No son pocas. Como sabéis, se trata de hacer unos bistecs empanados, dorarlos en la sartén y después guisarlos en una salsita rubia. Se pueden adobar con un poco de ajo y perejil. Hoy los he empanado tal cual, ligeramente salados. Los he frito y, a continuación, en el mismo aceite, he dorado una cebolla en tiras y una zanahoria. Los filetes los tenemos que reservar aparte porque es imposible hacerlo todo a la vez. 




     Si hacéis muchos (yo he hecho un kilo de filetes de cinta de lomo de cerdo), es un poco rollo porque la tartera se nos queda pequeña... En fin, que son cosas que pasan. Una vez doradas las hortalizas, las salamos y añadimos una cucharada de pan rallado y dejamos dorar un poco. Adobamos con un poco de pimienta y tomillo e incorporamos medio vaso de vino blanco y, al menos, otro tanto de agua. Damos un hervor y ponemos los filetes en la tartera. (Olvidé decir, si el aceite es mucho, sacáis parte con un cucharón, para que no os quede un guiso demasiado graso). 




     Una vez que consigáis que los filetes se acomoden en la tartera (son moitos), dejáis hervir unos 15-20 minutos a fuego suave. Rectificáis de sal y ya tenemos nuestros filetes en tartera. La zanahoria es lo único que los diferencia de los otros que hice. En la presentación, además de arroz y unas patatas chatas, se me ha ocurrido poner unas lascas de grana padano ¿se escribe así? Es un queso parecido al parmesano y, como lo tengo en la nevera, lo voy usando cada poco. Me gusta mucho. Es un guiso muy rico y se puede hacer de víspera para calentar al día siguiente.

      Me está costando un poco publicar. No sé si es que me faltan las ideas o es que este año tengo más actividades y "no doy hecho". Gracias por seguirme y por vuestra paciencia.



lunes, 27 de octubre de 2014

Berenjenas fritas




     Ya sabéis que me encantan las berenjenas. Son, con diferencia, una de las hortalizas que más me gustan. Ya he puesto unas cuantas recetas de berenjenas, lo sé. Estas, las que tomaba de soltera en casa de mis padres, son fritas, pero no empanadas ni rebozadas (que también las hago así), sino pasadas por harina. Hay que espolvorearlas con sal, cortadas muy finas, dejarlas un buen rato, y después lavarlas y escurrirlas bien. A continuación se pasan por harina. Se fríen en aceite bien caliente y se toman antes de que se enfríen. Quedan crujientes y deliciosas. Eso sí, si no las tomáis calientes se pondrán blanditas. Ya digo, lo rico es tomarlas recién fritas. En casa suelo ponerlas como guarnición de filetes, a la plancha o empanados. Ya sabéis que ahora se acompañan muchas veces con miel. Yo las prefiero con un "bisté" y unas patatas fritas pero cada uno tiene su gusto. Con miel o sin ella son exquisitas. Claro que yo soy fan de las berenjenas. 




viernes, 24 de octubre de 2014

Croquetas negras de chipirones



     Siempre que hago chocos o chipirones en su tinta me sobra un montón de salsa. Supongo que nos pasa a todos. Antes solía hacer un arroz negro. Si había pocos tropezones en la salsa, aumentaba unas gambas peladas para enriquecerlo. Las croquetas negras las había tomado varias veces pero no me había animado a hacerlas. Pero como me gustan tanto las croquetas, el otro día me decidí. Las croquetas son un plato barato, se puede arriesgar uno un poquito.

     Lo que hice fue empezar con la bechamel. Ya sabéis, las proporciones de siempre: 50 grs de harina para medio litro de leche. ¿Qué hice? empecé pochando media cebolla muy picadita a fuego suave. A continuación añadí la harina y la dejé dorar unos minutos. Después incorporé la leche. Esto es lo de siempre. Una vez espesa la bechamel, removiendo siempre, añadí la salsa de los chipirones (algo más de media taza). Como se habían comido hasta el último chipirón, no tuve más que poner la salsa en la bechamel. En caso de haber tropezones, tendríamos que cortarlos en trocitos chiquitos. Yo sólo tenía la salsa que, como sabéis, es muy sabrosa. 



     El aspecto que quedó, me asustó un poco. Tenía yo una bechamel "gris naval" nada apetecible, como veréis en la foto. Muy propia para hacer unas croquetas ferrolanas. Pero seguí adelante, con la cocción lenta unos 20 minutos. Hay que probar y añadir algo de sal. Pues bueno, una vez puesta a enfriar y después de "liar" y freír, quedaron las croquetas bien negritas, como las que he tomado en algún mesón. De sabor, para mi gusto, riquísimas. No he consultado ninguna receta, las hice así, como me pareció y quedaron estupendas. Una bechamel a la que añadimos la salsa, dejamos hervir lentamente hasta que alcanza el punto de espesor y rectificamos de sal. Para mi gusto quedaron un pelín espesas pero eso se puede corregir para la próxima. Porque las haré más veces. Ya veis que fácil. Espero que os gusten. Buenos días y feliz fin de semana.




miércoles, 22 de octubre de 2014

El Cebreiro




     Esta entrada se podría llamar también: EL CAMINO FRANCÉS, EL QUESO DEL CEBREIRO Y 200.000 ENTRADAS. Sé que hace días que no publico y no he dado las gracias por ese número redondo e impresionante. La razón es que el fin de semana he estado fuera y el viernes no pude encender el ordenador por la tarde. Los amigos me avisaron con mucho cariño de la llegada a 200.000 visitas. Tengo unos amigos estupendos que se alegran de mis éxitos.

     Lo que he hecho el fin de semana ha sido comenzar el Camino Francés. ¿Desde donde? Pues desde El Cebreiro, nada más y nada menos. El Cebreiro es un pueblo precioso en medio de las montañas. Nunca había estado (parece mentira) y me gustó muchísimo. Como hice algunas fotos ilustraré la entrada con imágenes para que os hagáis una idea. 



    Ya en la edad media había en el Cebreiro un refugio de peregrinos. Hay una iglesia preciosa, Santa María la Real, con una torre-porche de losa de pizarra. tiene tres naves y un baptisterio. Allí están las reliquias de un milagro sucedido en el siglo XIV. El Caliz se puede ver en una capilla lateral, la capilla del Santísimo. Es una iglesia muy sencilla pero muy bonita. Está llena de peregrinos. Unos rezan, otros sacan fotos y algunos, los más, hacen ambas cosas.



     Si algo impresiona del Cebreiro, además de su belleza, es la cantidad de peregrinos que hay. En esto, no se puede comparar con el Camino Inglés. En esta ocasión conocimos a otros peregrinos de diferentes nacionalidades, también españoles. Todo el Camino está indicado con flechas amarillas. No puedes perderte. Esto se lo debemos a un antiguo párroco de O Cebreiro, Elías Valiña. 

     La arquitectura del pueblo es tradicional. Encontramos las famosas "pallozas" que nos recuerdan a los castros celtas. Una de ellas es un museo etnográfico. Cuando ves cómo vivían, lo duro que debía de ser, también piensas cuánto más sencillas eran aquellas vidas sin tantos cachivaches que almacenamos nosotros en nuestras casas. 


     Me queda comentar el QUESO. Había oído hablar de el pero nunca había tomado queso del Cebreiro. Qué cosa más rica. Es blanco como un champiñón, muy fresco y con una textura tierna, casi como el requesón pero más delicado... Lo suelen servir con miel. Me ha parecido un manjar.



     Hoy me quedo en el Cebreiro. Otro día os comentaré las dos etapas que hicimos: El Cebreiro-Triacastela y Triacastela-Sarria. Las dos muy bonitas y agotadoras. Buenos días a todos y gracias por todas esas visitas.