Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Desayunos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Desayunos. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de abril de 2023

Brunch del Domingo de Resurrección


   Este año hemos tenido una Semana Santa preciosa. No sólo nos acompañó el tiempo, sino que todo se desarrolló maravillosamente. Empezamos con un Domingo de Ramos que pasamos al aire libre con la familia y resultó uno de esos días perfectos en los que te sientas al sol y no hace ni frío ni calor y todo el mundo está de buen humor y feliz de verse, de reencontrarse, de estar juntos. 

   No puedo deciros muy bien qué hice los siguientes días, fueron familiares y tranquilos, con las cosas de siempre, pero el miércoles asistimos a la Procesión del Cristo de los Navegantes. Es tradicional de gentes del mar y nosotros vamos siempre que podemos y estamos en Ferrol. Este año el recorrido fue más corto pues está media ciudad en obras -año de elecciones- pero fue precioso entrar en el Arsenal, ver los barcos, la Sala de Armas, que es lo mejor que tenemos, y volver al Socorro acompañando al Cristo. 

 

     Siempre terminamos este día con una reunión familiar que se desarrolla como nos gusta, buena comida y viejas canciones que podemos cantar durante horas. Cuando te gusta cantar, es difícil terminar la jornada. Para esa fiesta preparé una bica de nata. Esta mal que lo diga pero me sale muy rica. 


 

   El Jueves Santo lo celebramos con el tradicional cordero asado. Este año lo hice muy parecido pero en el agua de mojarlo, en la primera, incorporé dos dedos de vino blanco. Asé unas hortalizas con la carne, que saqué a la hora, y al final incorporé unas patatitas cocidas al asado, unos veinte minutos, que quedaron exquisitas. No podía faltar, por supuesto, el pan ácimo. Lo malo de estas paletillas de cordero burgalés es que con una no llega para demasiado pero bueno, la disfrutamos. En casa algunos no son muy de cordero. A mí me gusta muchísimo y es el día que me impongo y lo hago. ¡Qué rico estaba!

   A partir de la comida del Jueves Santo me tomo la semana de forma más íntima y espiritual. Me gusta vivirla así. Oficios, visita a los monumentos,  alguna procesión,... Son días intensos en los que se duerme poco y Ferrol se transforma en una ciudad concurrida y animada. La gente que pasea, los cofrades, las bandas,... Te preguntas cómo puede una localidad cambiar tanto. Esta vez, con el tiempo tan bueno, fue genial. Para todos los gustos.

   El Viernes Santo siempre hago el potaje de garbanzos y espinacas. Es una comida tradicional que nos gusta. Es un día para pensar muchas cosas. Por la noche fuimos a la "recogida" en la plaza de Amboage. El Viernes Santo es como si, en cierto modo, se acabara todo. Se acaba, sí, y empieza todo otra vez el Sábado de Gloria.

   Y después de tantas cosas, el sábado yo quise comer fuera, al aire libre. Estuvimos en Ares y fue un verdadero descanso. 



   Y por fin llegó el domingo. Yo el sábado dije que quería algo fácil. Nada de cocina ni de trabajeras. Sugerí un brunch y a todos les pareció bien. Como el Domingo de Resurrección nos levantamos sin prisas, era para mí muy apetecible. Pasamos el sábado por Lidl y compramos zumo, arándanos, aguacates, unas salchichas que tienen muy ricas, quesos,... Lo que es comprar a capricho. No había beans pero no nos importó pues no era un full Irish, ni un full British,... Era un desayuno-comida que sí, le ha quedado el nombre de brunch pero también podría haber sido un desayuno hobbit. O un yo-qué-sé tardío, o temprano, según se miré. Esto nos quedó porque era el desayuno que tomábamos en Irlanda, A veces mejor, a veces más cutre, y nos hace gracia para los días festivos como el día de Reyes, que seguimos con esa costumbre, ahora invitados en casa de mi hija. 

   Lo del brunch, que es una tontada, os lo aconsejo porque para los jóvenes es divertido, no da mucho trabajo -un poco la recogida- y se puede variar muchísimo. Siempre pienso que incluir una tortilla de patatas sería perfecto. 


 

   Y como creo que de esto no hay más que decir, sería alargarse en vano, os dejo esta foto de la excursión que hicimos ese mismo domingo a cabo Prior. No hacía sol pero el lugar sigue siendo espectacular: La mar océana en toda su extensión. Qué belleza.

   No puedo poneros fotos de las procesiones porque las que hice salieron tan mal que las borré. Mi móvil no sirve para hacer fotos al atardecer y menos aún de noche. Así pues me despido. Ya he vuelto a la rutina y ahora tengo que pensar en aligerar la dieta para el verano. La primavera es lo que tiene: una dosis de realismo. Nos vemos pronto amigos. Bicos.

sábado, 15 de junio de 2019

Brownie II con panela y almendras


   Hoy me he acordado de pronto de que llevaba bastantes días sin escribir y me he puesto enseguida a ello. Yo pensaba comer hoy al aire libre pero resulta que ha amanecido un día fresco y gris, grisérrimo. Así pues, nos hemos quedado en casa de momento a la espera de dar un paseo cuando avance la tarde... A lo que iba, que es un momento estupendo para subir esta receta, que ya está en el blog y que, por alguna misteriosa razón, no tiene muchos lectores. Me parece misterioso porque es un brownie exquisito. Lo digo en serio. Ya sabéis que el brownie no es exactamente un bizcocho pero lo pongo con los estos para que sea más fácil de encontrar. El brownie es... una delicia de chocolate, con mucho fundamento, que cuando lo saboreamos nos llena la boca de sabor y aroma a chocolate. Si no es intenso, no es brownie, es un bizcocho de chocolate. Yo diría que el brownie, que habrá versiones, se tiene que caracterizar por su intensidad. 

   También os quiero decir que es más clásico poner nueces en el brownie. Yo no suelo ponerlas porque no es la primera vez que me encuentro en alguna reunión con alguna persona alérgica a las mismas que se queda sin probarlo y... me da pena. Esta vez, que era para casa, me apeteció ponerle algún fruto seco y opté por las almendras que me parece el más rico entre todos ellos por su sabor delicado y elegante. Esta es una opinión totalmente personal de alguien que tiene sangre de Teruel, por más señas de Valdealgorfa. Voy ya con la receta porque hoy me estoy liando a escribir.

   Ingredientes básicos para un brownie de 3 huevos:

3 huevos
90 gramos de chocolate negro
150 gramos de mantequilla
60 gramos de harina
120 gramos de azúcar

   Estas son las medidas para un brownie entre mediano y pequeño, lo que es mi molde de corazón. Suelo hacer el brownie de 5 huevos, es grandecito, y es cómodo porque lleva el paquete entero de mantequilla, y una tableta de chocolate entera de un chocolate negro que hay en Mercadona que me encanta para postres y es barato. Un día os pongo la foto de la tableta. Así pues para 5 huevos haríamos:

5 huevos
150 de chocolate negro
250 de mantequilla
100 de harina
200 de azúcar

   Os podría poner la cantidad por huevo, para que vayáis multiplicando, es lo que hago yo cuando cambio las cantidades, pero supongo que no tendréis dificultad en hacerlo. Si yo puedo que soy de letras... Y dejo ya este lío numérico y sigo a lo mío. Perdonad.

   Lo primero de todo es poner  a fundir al baño maría la mantequilla y el chocolate. Se puede hacer en el microondas pero de este modo es más cómodo, algo más lento, y no tenemos que estar: abro, remuevo, otros 30 segundos, abro, remuevo,... que no se me queme... Lo que vosotros queráis.

   Podemos ir encendiendo el horno a 180º ... En el cuenco que fundimos el chocolate, una vez fuera del fuego, incorporamos el azúcar, en este caso he puesto azúcar panela, le va bien el blanco, el moreno,... Ya sabéis que el azúcar blanco endulza más. Pues eso, ponemos el azúcar y removemos bien. Lo siguiente es la harina. Esta vez he añadido a la harina una pizca de pimienta negra que le va muy bien al brownie. Esto lo hago algunas veces, según sople el viento... Otra cosa que he añadido, y no siempre lo hago, es una cucharilla de baking powder, es decir, levadura royal. En principio no la lleva pero si le ponemos un poquito, sube una pizca y cunde un poco más. No obstante, el brownie no es esponjoso, es tochito untuoso y mantecoso. Ya os digo, una cucharilla.

   Esa harina con la levadura y la pimienta la añadimos a la mezcla y removemos bien. Mejor cernimos antes para evitar los odiosos grumitos. Lo siguiente es añadir los huevos, de uno en uno. Cada vez, removemos enérgicamente, sin batir, para que se mezclen completamente. Debe quedar una mezcla espesa, brillante y casi diría que bonita. Lo que veis en la siguiente foto:


   Y como podéis observar lleva el topping de almendras ligeramente azúcaradas. Mezclamos una cucharada de azúcar con una minipizca de canela. Poca para que no reste protagonismo al brownie. con esto espolvoreamos la almendra laminada. Si no os gusta la canela, no la ponéis. Apenas se nota porque es muy poquita pero aporta algo de aroma. Yo, con los años, me he convertido en una apasionada de la canela. La odiaba de niña. La vainilla me gusta menos, para cuatro cosas, pero la canela me transtorna. 

   Pues ya listo el brownie para ir al horno. El molde ligeramente engrasado, claro. 24-25 minutos el de tres huevos y 30 minutos el de 5 huevos. Esto lo tengo bastante en el disco duro. Nada más, algunos dicen más nada... Lo dejamos enfriar y lo tomamos de postre, con el café, de merienda o como mejor nos parezca. Ya os digo que ha de ser chato, espesito, grasito,... Y no se debe tomar con frecuencia. Eso sí que es una verdad universalmente reconocida. 


   El brownie, esta receta, lo he llevado a multitud de fiestas, excursiones cuando mis hijos eran pequeños,... hasta me lo han encargado alguna vez. Siempre gusta, nunca sobra y... se puede tomar con una bola de helado, especialmente si está templado, me apasiona con helado. Si os gusta el chocolate, no dejéis de hacerlo. Ahora ya sí me despido porque estoy divagando demasiado. Os deseo a todos un muy feliz fin de semana. Bicos.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Bizcocho de yogur con frut@s y canela


   Esto de poner nombre a los distintos bizcochos para el blog me trae de cabeza. Me gusta que sean nombres sencillos pero también tienen que ayudaros a encontrar lo que buscáis. Este es un simple bizcocho de yogur... o no. Esa cubierta de frut@s y el toque de canela le dan un sabor, un aroma y un tacto muy rico que me parece todo un acierto. Lo bueno es que se puede variar un poco al gusto del consumidor. Empiezo con el bizcocho:

Un yogur natural
Dos medidas de azúcar
Tres medidas de harina
Tres huevos
Media medida de aceite/media de leche
Tres cucharillas de levadura royal
Una pizca de sal
Una cucharilla de canela de calidad 

   Se puede batir todo por las buenas y el bizcocho responde bien pero a mí me gusta batir primero los huevos con el azúcar, hasta que se doblan. Después añado por orden: el yogur y la medida de aceite/leche. Voy a dar un grito: LA MEDIDA DE TODO ES EL VASITO DE YOGUR. Quiero decir que así siempre, salvo que, como yo, uséis otro recipiente para azúcar y harina, que esté seco, y que sepáis que tiene el mismo volumen. Esto me lo han preguntado muchas veces. 

   Continuando con esto... la harina la cernimos con el royal y ponemos la canela. Mezclo la harina con la espátula, los confiteros le llaman lengua, verificando que no lleve grumos. 

   Esta mezcla va a ir a un molde engrasado y espolvoreado con harina para que no se nos pegue. El horno lo calentamos a 180º.



   Ahora vamos con el "topping" de frut@s: 

Una manzana o dos manzanitas
dos o tres dátiles
Media docena de nueces
Almendras laminadas
Dos cucharadas de azúcar
Canela al gusto

   Pelamos y cortamos las manzanitas y las ponemos en un cuenco. Eventualmente, me encanta esta expresión, rocíamos con unas gotas de jugo de limón (eventualmente porque yo no lo hice, no tenía limones en casa). También podríamos añadir a la masa del bizcocho un poco de ralladura (eventualmente). Añadimos las nueces peladas y picadas con los dátiles, también en trocitos -sin hueso, claro- Todo esto lo extendemos sobre el bizcocho, poniendo por último las almendras laminadas para que se doren. Quedan exquisitas doradas al horno. Espolvoreamos con el azúcar y la canela. Nada más que esto. Ya veréis como huele en cuanto empieza a dorarse. En un molde de este tipo, tarda entre 25-30 minutos en hacerse.



   Y este es el aspecto de la porción, que parece algo más importante de lo que realmente es: un simple bizcocho de yogur. Queda muuuy rico, de verdad. Que no os gustan los dátiles, ponéis ciruelas o pasas... o nada. Que preferís hacerlo con un bizcocho de mayor alcurnia como un "cuatro cuartos", por ejemplo, pues estará todavía más exquisito. En todo caso, de verdad que este simple bizcocho de yogur está de rechupete. 

   Hasta aquí llega esta entrada tan sencillita. Estoy publicando y escribiendo tan poco que yo misma estoy asombrada y cuando me preguntan por el blog pienso: ¡Ay sí, sigo siendo una bloguera! Os voy a contar un secreto: estoy aprendiendo a pintar con acuarelas y me tiene el tema entretenidísima. Es que en la vida hay que evolucionar, como los pokemon, sino, te quedas atrás. Os deseo a todos una muy feliz tarde. 

sábado, 22 de septiembre de 2018

Bizcocho bicolor de plátano y chocolate


   Ayer tuvimos un día gris y lluvioso. Después de un agosto y un septiembre preciosos. Cosas que pasan. Por la tarde se me ocurrió hacer un bizcocho. Lo pedía la tarde tan tristona. Mi hijo me pidió que lo hiciera de plátano a lo que yo respondí que si llevaba plátano, llevaría también chocolate. Y así fue. 

   Lo primero es deciros que, en principio es un simple bizcocho de yogur con plátano batido. Así que los ingredientes son:

Un yogur natural
Dos medidas de yogur de azúcar
Tres medidas de yogur de harina
3 huevos 
Media medida de yogur de aceite
Media medida de yogur de leche
Un plátano
3 cucharillas de royal
Una cucharadita de cacao en polvo Valor
Una pizca de sal


   Lo voy a explicar rápidamente porque es sencillo. Batimos todos los ingredientes en un cuenco grande salvo las claras y la sal. Y tampoco el cacao. Esto es importante. Batimos: el yogur, las yemas, el azúcar, la harina, el plátano, el aceite y la leche, la levadura... La medida es siempre el vasito de yogur, que lavamos y secamos, salvo que usemos un recipiente que sepamos que se corresponde. En otro recipiente montamos con las varillas las claras con la pizca de sal. Bien montadas, las mezclamos con la mezcla anterior. Creo que se entiende bien pues lo hemos hecho muchas veces en otras recetas. Podríamos batir todo junto -salvo el cacao- pero añadir las claras montadas al final deja el bizcocho más esponjoso.

   Como tenemos dos cuencos, dividimos la mezcla por la mitad, una mitad en blanco y a la otra le añadimos una cucharadita de chocolate Valor y revolvemos. Todo esto es a "ojímetro". Esas dos mezclas las vamos pasando al molde, previamente engrasado. Poemos usar un cucharón. Ponemos un chorrito de una, un chorrito de otra, alternando siempre en el centro. la masa se va extendiendo hacia los extremos por si sola al ir añadiéndola. Parece magia pero es así. Creo que le llaman bizcocho cebra. Siempre poniendo el chorrito en el centro hasta que se termina la masa. Yo, cuando terminé, vi que justo el centro me quedó un poco "torcidito", poco circular... pero al subir y dorarse al horno... pues quedó muy mono el bizcocho por fuera. Tardó a 180º unos 45 minutos. Quizás por ser más denso tardó algo más de lo que suele el bizcocho de yogur. Me queda comentaros que puse 4 huevos -siempre pongo 3- porque al ir a romperlos me parecieron muy chiquitos. 



   Y el corte... pues ya veis qué monada. Es lo que más me gustó de todo. Este corte tan vistoso. No creí, de verdad, que me fuera a quedar tan bonito. Pensé cubrirlo de chocolate pero, al final, lo dejé como estaba. Me ha parecido un bizcocho monísimo. Podéis cambiar los aromas, poner una manzana o ralladura de naranja en un lado y en otro chocolate -prescindiendo del plátano-. Así tal cual, de plátano y chocolate, nos encantó a todos. Y lo de los colorines os digo que lo voy a hacer más veces. ¡me encanta para tartas! Pues hasta aquí esta receta. Os deseo a todos un feliz fin de semana. El blog está otra vez en marcha, yo con mucha ilusión y hemos pasado de las 650.000 visitas. Gracias a todos por leerme. A los que estáis desde siempre y a los que acabáis de llegar. A los que me conocéis y me leéis porque sois además amigos y a los que, sin conocerme, confiáis en mi criterio "cocineril".

 Gracias de todo corazón



viernes, 8 de junio de 2018

Bizcocho con dátiles y nueces


   Tenía ganas de hacer un bizcocho con dátiles. Me gustan con locura. Como todavía quedan nueces de la temporada pasada, la elección estaba clara: dátiles y nueces. El bizcocho en sí es parecido al de yogur pero lleva queso. Os voy a poner los ingredientes antes de nada:

Dos huevos grandes
Media taza de azúcar
Una taza de harina
Dos cucharillas de levadura royal
Dos cucharadas de queso en crema
Dos cucharadas de aceite
Dos cucharadas de leche
Una pizca de pimienta negra y otra de nuez moscada
Canela y ralladura de limón
Dátiles y nueces a discreción 
Azúcar para espolvorear


   Mezclamos los huevos con el azúcar, podemos montarlos si queremos pero yo no lo he hecho, y vamos añadiendo el queso, el aceite y la leche. Mezclamos bien. Incorporamos harina con la levadura, las especias y la ralladura de limón. Removemos todo con las varillas, a mano, para que quede una masa homogénea. Si queda algún grumito de queso no pasa nada. Esto es la base.

   Por otro lado pelamos unas 12 nueces o las que nos parezca y las cortamos en trocitos, salvo que ya se nos partan al pelarlas, que suele pasar. Cortamos otro tanto de dátiles y mezclamos con las nueces. Ponemos la masa en un molde chato engrasado y espolvoreamos dátiles y nueces. Yo hubiera puesto más pero me faltó paciencia para pelar tanta nuez... Y bueno, ponemos una cucharada de azúcar bien repartida sobre los frutos secos. 


   Llevamos al horno una media hora a 180º o hasta que veamos que está, porque cada horno es como es y el mío es tranquilo. Queda un bizcocho la mar de rico, muy aromático, y la parte de arriba, con los dátiles y las nueces dorados con el azúcar está muy buena. ¿Qué os voy a decir? Es algo muy sencillo, pero bárbaro para un desayuno o una merienda. Os deseo a todos un feliz fin de semana. Aquí no deja de llover pero vamos aguantando.

lunes, 14 de mayo de 2018

Bizcocho de con chocolate y naranja



   Queridos amigos, por fin puedo volver a publicar. Llevo una temporada complicada. O no estoy en casa... o el ordenador está ocupado. Os digo que parece mentira. Sigo cocinando, haciendo unas cosas y otras, pero no acabo de encontrar el momento de sentarme a escribir. Hoy me han dejado el ordenador y, según terminamos de comer, aprovecho para subiros este bizcocho de yogur, sencillo y rico que hice el viernes. ¿Qué necesitamos?

3 huevos
Un yogur
2 medidas de azúcar 
3 medidas de harina (dos de trigo y una de maíz)
Una medida de aceite
3 cucharilla de royal
La rayadura de una naranja
Una cucharadita de chocolate en polvo Valor
Pepitas de chocolate
Una pizca de sal


   Creo que no he olvidado nada... Empezamos batiendo los huevos con el azúcar y la pizca de sal. Hasta que doblen su tamaño y estén bien espumosos. Después vamos añadiendo el yogur, la medida de aceite (yo pongo media de aceite y media de leche), y batimos con las varillas al mínimo de potencia. También podemos poner ya la ralladura. 

   Unimos en un cuenco harina y levadura royal y pasamos a la masa con un colador para que no haya grumos. Mezclamo con espátula. Si veis que hay algún grumito, varillas otra vez al mínimo. No pasa nada porque el bizcocho de yogur es así de fácil. Ponemos también las pepitas de chocolate y removemos.


   Pasamos las tres cuartas partes de la masa (a ojímetro) a un molde untado de mantequilla y, a lo que nos sobra, le añadimos la cucharadita de chocolate Valor y removemos. Esta mezcla chocolateada la vamos poniendo en circulo sobre la masa que está en el molde, en la zona central. Yo lo he hecho sin pensarlo mucho y no ha quedado mal. Podéis ver en la foto de abajo que quedó una zona central chocolateada de manera no muy regular. 



   Pues hasta aquí esta receta que combina aroma de naranja y sabor de chocolate con unos huevos caseros muy sabrosos que dieron como resultado un bizcocho de desayuno la mar de bueno. Os recuerdo que se pueden combinar harina de trigo corriente con una medida de harina de maíz amarilla y nos dará un bizcocho más amarillo y más "enxebre", o poner sólo harina normal de trigo. 

   En cuanto a las medidas, os recuerdo que la medida es el vasito del yogur. Yo después de largos años, utilizo una taza y sé que media taza se corresponde con una medida de yogur. En cuanto al azúcar y la harina, porque así no se me pegan al vasito que está húmedo. En fin, que cada uno tiene sus truquitos. Siento estar publicando menos, lo repito una vez más, pero no olvido ni al blog ni a mis lectores. Si tardo un poco, no os preocupéis, siempre volveré en cuanto me sea posible. Feliz tarde a todos.

domingo, 4 de febrero de 2018

Muffins de anís y maíz


Los muffins es una de las cosas que considero más fáciles de hacer. Esta receta, yo creo que es americana porque la encontré y la traduje hace ya tiempo. Es de las que salen bien, fáciles y ricas. Os la voy a recodar.

Receta base de los muffins:

  Ingredientes:
(La medida que vamos a usar es una taza)
Una taza y media de harina
Tres cuartos de taza de azúcar
Media cucharilla de sal
Dos cucharillas de royal

Un tercio de taza de aceite

Un huevo
Completamos la taza hasta arriba de leche


Para hacer el crujiente: se mezclan dos cucharadas de azúcar y una de harina, con una nuez de mantequilla. Se hacen grumitos y se ponen encima de los muffins antes de hornear


     Se hacen en diez minutos. Se mezclan en un bol la taza y media de harina, los tres cuartos de taza de azúcar y la media cucharilla de sal y las dos de royal. En la misma taza ponemos un tercio de aceite, un huevo y leche hasta completar la taza. Se mezcla con lo anterior con una espátula. Al horno a 200º unos 25m. Las cápsulas de papel es preferible ponerlas en moldes para que suba la masa y no crezca a lo ancho. El horno debe estar bien caliente.


 
 Como habréis observado, la receta base es copiada del propio blog. Ahora vamos con las variaciones: Teníamos taza y media de harina de trigo. Bien, pues sustituimos media taza por harina de maíz de la amarilla. No la maizena blanca. La amarilla aporta color y un delicioso sabor a maíz. 

     Por otra parte, añadimos una cucharilla de anís en grano. Esas semillitas pequeñas que encontramos en cualquier supermercado. Donde las especias. Me chiflan porque al ser sólidas, van a mayores, no cambiamos la receta. Quizás recordéis que otras veces hemos puesto arándanos en los muffins, o pepitas de chocolate. 



     El crujiente queda muy rico pero esta vez, simplemente he espolvoreado los muffins crudo con azúcar. Ya veis que han subido perfectamente. Y como son tan sencillos, no hay más que contar. Admiten cualquier variación, respetando las medidas básicas. Es como veis, como el bizcocho de yogur con anís y maíz. Cambiando la receta base. Es lo divertido de la cocina, da para mucha canfurnada. Os digo que una de las recetas de muffins estuvo entre las más leídas del año pasado. Gustan mucho. De momento os dejo. Os deseo una feliz semana.




martes, 27 de junio de 2017

Mermelada de grosellas negras


     La naturaleza es sabia. Cuando comenzaron a terminarse las grosellas rojas, las negras se pusieron a madurar como locas. Nunca el matorral había dado una cosecha tan generosa. Las ramas se inclinaban hacia el suelo con el peso de las bayas. Las grosellas negras crudas no es que sean lo más rico del mundo, tienen un pasar. Lo suyo era hacer mermelada. Una vez recogida la cosecha, la repartimos y cada cual hizo la mermelada como Dios le dio a entender. 

     Tenemos que lavar bien los frutos y quitar todos los rabitos. No es una tarea enojosa en absoluto. Además, se pueden tener varios días en la nevera sin problema. No es cosa de apurarse porque aguantan muy bien. 


       Lo que yo hago es sacar la pesa y poner sobre ella la tartera a utilizar. Poner el peso a 0 y pesar la fruta. En este caso eran 360 gramos de grosellas. Después pongo el azúcar. Tenemos la posibilidad de variar la cantidad de azúcar entre la mitad y el mismo peso. Es un poco al gusto y según sea la fruta de dulce. Yo puse dos terceras partes; 240 gramos. Añadí también una tira de piel de limón. 

     Hay quien le pone una manzana por la péctina; quien le añade un limón,... Yo no puse ninguna de las dos cosas, salvo la piel que es aromática. Se puede perfectamente pasar del limón. 


     Llevamos a ebullición y dejamos hervir a fuego moderado unos treinta minutos. Removemos con cuchara de madera. 



     Va quedando una mermelada muy mona, de color parecido a la de moras, el sabor es diferente. El sabor de grosella negra que no sé a qué se puede parecer, salvo a sí misma.



     No la he pasado por el pasapurés, la he dejado tal cual. No me molestan nada las pieles ni las pepitas pero esto depende de cada uno. Creo que la única que paso es la de moras que tiene más durezas. Ya veis en el frasco que no me ha salido una cantidad exagerada. Como nos gusta bastante, no durará más de una semana. Una forma muy rica de tomarla es con tostas de queso azul. 

     No creáis que cultivar grosellas tiene dificultad, salvo tener un trocito de tierra o un buen macetón. La cosa es podar el arbusto cuando empieza el invierno. No es muy complicado si yo sé hacerlo. Lo que sí es muy satisfactorio es ver crecer las ramas, llenarse de hojitas y florecer cada primavera. Es el milagro de la vida que siempre sale adelante. Os doy las gracias a los que continuáis leyéndome desde los diversos puntos del planeta. Os mando un abrazo cariñoso. Buenas tardes.



jueves, 1 de junio de 2017

Mermelada de grosellas rojas



      Por primera vez en largos años he tenido una pequeña cosecha de grosellas rojas: 200 gramos escasitos. No sabéis lo orgullosa que me he sentido. Al llegar a casa y pesarlas, sabiendo que, realmente, son ácidas para tomar tal cual, decidí hacer mermelada. Lavé las grosellas y pesé la misma cantidad de azúcar. Bueno, un poquito menos. Eran 175 gramos de grosellas y 150 de azúcar, para ser exactos. Leyendo en Google sobre cómo hacer la mermelada, el consejo era hervirla poco rato con algo de limón. No le he puesto limón pues las grosellas son ellas solitas bastante ácidas. La mermelada ha hervido unos veinte minutos, removiendo de vez en cuando o de cuando en vez (que decía no sé quién). 


     Ha quedado muy rica. Aconsejaban pasarla por un colador pero yo la he dejado tal cual, con todas sus pieles y sus pepitas. Yo soy "muy integral" y no me molestan nada. Para desayunar, una buena opción es tomar una tostada integral, sustituyendo la deliciosa mantequilla por queso desnatado de untar, y una cucharada de esta maravillosa mermelada casera que no puede ser ni más sencilla ni más natural.


     Tened en cuenta que es sólo un tarro de mermelada hecho para guardar en la nevera e ir tomándola hasta que se termine. Yo, la verdad, soy aprensiva para hacer conservas. Os deseo a todos muy buenas tardes.



jueves, 2 de febrero de 2017

Muffins de dos gustos



     Los muffins creo yo que vienen siendo las magdalenas de antes. Si les ponemos una cubierta azucarada y engordante pasan a ser cupcakes. Yo, la verdad, no les suelo poner nada porque ya bastante es tomarlos. No los hago con frecuencia pero, casualmente, los he preparado, en dos estilos , en enero. No sé si por el frío que ha hecho o por aburrimiento. Esta fórmula es muy fácil y rica, de medir con una taza, la "quité" de una receta americana y es tan sencilla que la repito. De esas cosas que es fácil y ya está. Para cambiar algo siempre hay tiempo, lo mismo que con los bizcochos. Esta vez hice unos al limón y otros con cacao Valor. Vamos a allá...

jueves, 7 de enero de 2016

Roscón de Reyes 2016


     Aquí estoy de nuevo. Hoy os voy a poner, para que no se me olvide, como hice el roscón este año. Quedó muy rico y tierno y se terminó enseguida así que... Me parece bien recordarlo. Es parecido a todos con pequeñas variantes. Lo voy cambiando según lo que tengo en casa, siempre olvido algo, y también porque, al tener el blog, me apetece daros distintas opciones. Este no lleva leche condensada pero viene siendo muy parecido. Temí que me resultara difícil ya que cada año voy amasando menos -los malditos kilos- pero ha quedado bárbaro. 

     Ingredientes:
12grs de levadura fresca
Medio vaso de agua
Medio vaso de leche
Un huevo grande
60grs de mantequilla
Ralladura de media naranja
75-100grs de azúcar
Una cucharilla de anís en grano
Una pizca de sal
 Harina de fuerza

     Para terminar:
Un huevo batido
Almendras
cerezas confitadas
Una cucharada de azúcar
Unas gotas de anís


      Lo primero que quiero deciros es que la harina la puse más bien a ojo, añadiendo según hacía falta. El paquete estaba sin empezar así que lo acabo de pesar. Quedan 565 gramos. Qué suerte que estaba entero, ya tenemos el peso bastante aproximado y por eso tan curioso: 435 gramos son los que faltan del paquete. No penséis que esto es matemático, puede variar un poco. He puesto más harina que otros años pero fijaos que no he usado harina floja en ningún momento -salvo para las manos-, que era un poco más de mantequilla -porque era un trozo que quedaba y la puse toda- y el huevo era grande que andan por los 60 gramos. 

     Voy a contaros ahora el modo en que lo he hecho por el método directo. Esto es curioso porque es mucho más fácil. No quiero liarme mucho porque os lío a vosotros, deciros que usé una tira, un poco escasa, de piel de naranja que molí con el azúcar. Esto lo vi en una receta que compartió una cuñada, ¿vale la pena? Pues no lo sé, no he visto gran diferencia en poner el azúcar molido respecto al resultado, con la naranja, pues lo mismo. Rallada también me encanta y creo que vale la pena rallar, al menos, media*. Dicho esto, que no tiene gran importancia os cuento lo que he hecho: En un cuenco bien grande he puesto: el agua, la leche, la levadura, la mantequila,... Todo el bloque de ingredientes de la primera parte. Sin más, ni esponja ni masa madre ni nada. Todo junto. Cogemos la batidora de varillas con las palas de amasar y le damos caña unos 10 minutos. Podéis empezar poniendo 350 gramos de harina y ver cómo se va comportando la masa. El punto es que se empiece a separar de los bordes. Pero ir echando a poquitos, no vaya a ser o demo. Cuando os parece que ya tiene la consistencia "amasable" la pasáis a la encimera y con harina normal la amasáis a mano un poco. No hace falta que sea mucho rato. Os digo siempre que tiene que ser una masa muy tierna y algo pegajosa pero si veis que está muy pegajosa y difícil de manejar, añadís un poco de harina de fuerza (uno, dos, tres, puñaditos a poquitos para ver cómo va). Si no, saldrá un roscón demasiado denso y poco esponjoso. Lo bueno es que cuantos más hagamos, más fácil nos será cogerle el punto. 


     Una vez lista la masa, la envolvemos en aceite con las manos y la dejamos reposar. Yo la cubrí con un film y con un paño, para que no se enfriara.


      La dejé toda la noche y al día siguiente parecía un queso. La amasamos un poquito, da igual que pierda aire, y formamos el roscón con ayuda, una vez más, de aceite. Lo ponemos en la bandeja del horno sobre papel de hornear y adornamos como queramos. Yo tenía poca cosa: unas almendras y cerezas. No olvidéis pintarlo antes con huevo batido. También ponemos el azúcar humedecido con anís. Hay quien prefiere usar ron. Nunca lo he hecho porque en Ferrol es tradición usar anís. Esperamos a que se doble. Tengo que confesaros que yo sólo he esperado 20 minutos porque, al hacerlo por la mañana, están todos impacientes. Calentamos el horno unos 12 minutos a 225º y al meter el roscón lo bajamos a 175º -esto es mi horno- y lo dejamos unos 22 minutos. Esto es aproximado, claro. Yo a los 18 minutos, vi que estaba poco dorado y los últimos 4 minutos subí a 225º. Tened en cuenta la personalidad de vuestro horno.


     Sólo nos queda servirnos un café con leche bien caliente y disfrutar del roscón que es mejor que repose un poco antes de cortarlo. Algunas veces dudo si hacerlo por la noche y después me da pena y lo dejo para la mañana... Ese olor del horneado y el roscón templado son un placer mañanero del que no puedo prescindir. Creo que quedó fantástico. No está bien que lo diga yo pero mi marido ha estado de acuerdo. No sé cómo lo haré el año que viene pero este año me ha encantado. Aquí queda este Roscón de Reyes por si a alguien le apetece variar. 


     Tengo fotos variadas, del roscón y del aspecto de la miga, muy tierna. Creo que este año, no sé por qué, quedaron mejor las fotos del móvil. Misterios de la ciencia. 


     Le hemos hecho unas cuantas fotos pues nos gustó mucho en todos los sentidos. 


    Como decía Forrest Gump, de esto no tengo nada más que decir. El desayuno de Reyes es una tradición que siempre me emociona, dejo la mesa preparada y la sala recogida para que sus majestades encuentren todo "correto". Este año han sido, una vez más, generosos. En cuanto al blog, Diciembre ha sido un mes estupendo, he tenido más visitas que el año pasado, vamos por algo más de 350.000, que no es poco. Lo mejor del blog para mí es cuando alguien me para por la calle para decirme cuánto le gusta, que ha hecho una receta o, simplemente, que le divierte leerlo. Es posible que algún lector ferrolano me reconozca por la calle y yo no a él. Yo estoy encantada de saludaros a todos, pero soy algo despistada. También he tenido la alegría de saber que en Estados Unidos muchos amigos españoles han hecho mi roscón. Desde aquí les mando un fuerte abrazo. ¡Gracias Lupe por tus mensajes! Os doy las gracias a todos por vuestro cariño que, para mí, es lo que más vale de este blog, lo mucho que me dais. Si alguna receta no os gusta o nos sale, os pido que comprendáis que no todos tenemos el mismo modo de cocinar y que alguna vez me puedo explicar mal, aunque intento hacerlo bien. Creo que por hoy ya he escrito bastante. Os deseo un buen año 2016 a todos. Yo seguiré con mis recetas que nunca sé por dónde van a seguir. Gracias a todos y ¡buenos días!

*Por si no se entiende, he pulverizado el azúcar y una tira larga de piel de naranja. Me ha parecido poca naranja y yo pondría más. Esto aparte de pulverizarla o rallarla. Esto lo leí en una receta y decidí probar, poner el azúcar molida con la naranja, por si era más ligera para que levara mejor... No creo que se note gran diferencia. Faltan el agua de azahar y la ralladura de limón. Siempre se puede añadir al gusto. Respecto al agua de azahar, como explico en un comentario, "no la doy encontrado" pues la olvido y el último día no queda en ningún establecimiento. También me encanta poner almendras laminadas. No las encontré y puse almendras enteras, pinchadas en la masa, que se doraron y estaban muy ricas. Lo sé, este blog se podría llamar "la cocinera precipitada". 


viernes, 31 de julio de 2015

Galletas de nata



   Cuando yo era niña Carmen solía hacernos galletas de nata. La leche la traía una lechera y se ponía a hervir en una olla grande. Tenía su aquél porque no debía quemarse ni irse por fuera. Una vez que había hervido ya se podía tomar. Se dejaba enfriar y en la parte de arriba se formaba una capa de nata que se retiraba. Era una capa gruesa y grasa que se iba juntando en un cuenco en la nevera durante varios días. Se le daban distintos usos. Uno era tomarla con pan y azúcar, otro era batirla y hacer mantequilla. El que preferíamos los niños era que pasara a convertirse en galletas. Hoy en día no podemos tener aquella nata tan gordocha y sabrosa, aun así, yo he procurado hacer unas galletas lo más parecidas a aquellas y no han quedado mal. O eso me parece a mí.

   Ingredientes:
Un vaso de nata de montar
Dos dedos de aceite
Medio vaso de azúcar
Una pizca de sal
3 vasos y medio de harina




   Una vez puestos los ingredientes básicos, pues se pueden añadir sabores, os explico que la harina, medida por vasos, puede variar ligeramente. También que podéis poner hasta un vaso de azúcar, eso es para gustos. Respecto a los dedos de aceite, pues se miden en el mismo vaso de la nata (si medís los dedos de aceite en un recipiente de distinto tamaño no vale pues estamos hablando de capacidad). La referencia es un vaso tipo "nocilla" de 200 ml.

   En un cuenco vertemos un vaso de nata de montar. Es la nata más grasa. Podéis poner un brick de 200 ml directamente. En un vaso de esa misma medida (o en el mismo) medís dos dedos de aceite. Añadís el medio vaso de azúcar y la pizca de sal. Todo al cuenco. Empezáis a incorporar la harina y vais removiendo, al llegar a los tres vasos prestáis atención pues ya estáis cerca de la medida. Si se sigue pegando a las manos, el medio vaso lo ponéis,... Un poco que veáis que os queda una masa que no se os pega a las manos y que es tierna. La amasáis un poquito, lo justo para que se forme bien, y la dejáis reposar un rato. Es una masa de tipo quebrado, como veis en la foto de abajo, y no necesita, por tanto, ser muy manipulada.




   Espolvoreáis la mesa de trabajo con harina y estiráis con un rodillo también enharinado. La masa es fácil de manejar porque es grasa. Las cortamos con moldes para galletas o con una copa de vino. Yo quería hacer unas galletas redondas no muy chicas y usé una copa mediana. Ya veis que es muy fácil. Las ponemos en una bandeja de horno sobre papel. Las pincelamos con agua y las espolvoreamos con azúcar. 




   Precalentamos el horno a 200-225º y las hacemos unos 15 minutos. No deben dorarse en exceso porque tienden a ser duritas. Iguales a las de Carmen no son, es imposible, pero se parecen bastante, tanto en la textura como en el sabor. Os animo a hacerlas porque salen muy ricas. Te llevan de viaje a la infancia y a muchos recuerdos. Sólo por eso vale la pena.



   Me queda deciros que yo les puse ralladura de limón y una cucharilla de granos de anís. Esto es aparte, se puede poner o no. También se podrían aromatizar con canela o vainilla, o agregar una pizca de pimienta y otra de nuez moscada. Ya sabéis que las galletas admiten muchas variantes. El jengibre, si os gusta, podría ser otra opción... 

   Si queréis hacer muchas, os aconsejo doblar las cantidades. También se pueden hacer más pequeñas que parecen más aunque pesen lo mismo todas juntas... Hoy es San Ignacio y ya pasó casi medio verano. Felicidades a todos los que hoy están de santo y muy buenos días.